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Apuntes sobre los regidores de la Algeciras cristiana medieval (1344-1369) (I)

Instituto de Estudios Campogibraltareños

Alfonso XI organizó Algeciras mediante repartimientos, normas jurídicas y cargos municipales para consolidar su gobierno tras la conquista cristiana medieval

El gobierno castellano valoró Algeciras como plaza estratégica, confiando su tenencia a nobles destacados durante crisis políticas y militares medievales

Estatua de Alfonso XI en Algeciras. / J.A.O.

Tras la toma de Algeciras, Alfonso XI adoptó inmediatamente decisiones para tratar de poner en funcionamiento la urbe. Entre ellas, el repartimiento de los inmuebles existentes, la dotación de un conjunto normativo para las nuevas autoridades locales y sus habitantes y el nombramiento de un concejo municipal para que la gobernase.

"Dexó por alcaide é guarda mayor de las villas de Algezira nueva é vieja á Don Alvar Perez de Guzman, señor de Olvera, de quien descienden los condes de Orgaz, tio de Don Juan Alonso de Guzman, el qual Don Alvar Perez era un cavallero viejo, prudente é bien entendido en las cosas de la guerra, y dexó por alguazil mayor á Alonso Fernandez de Cordova, que avia sido donzel del Rey, é mandó partir las casas, tierras y heredades por los que avian de quedar á poblar á Algezira, y partieronse della el Rey é Don Juan Alonso de Guzman é todos los ricos onbres que avemos contado […]".

La plaza y su demarcación quedaron integradas en el reino de Sevilla, recibiendo “el fuero hispalense como normativa primaria de organización jurídica y las mercedes y privilegios que disfrutaban los vecinos de las villas y ciudades regidas por el fuero de Toledo en su versión sevillana”. Un ordenamiento que incorporaba las reformas impulsadas por Alfonso XI, para controlar la autonomía municipal, con un cabildo del concejo constituido “por doce regidores vitalicios, repartidos equitativamente entre seis hidalgos y seis caballeros, miembros todos de la oligarquía urbana local, según los modelos ya experimentados en Córdoba, Jerez de la Frontera, etc.”, más “los oficiales municipales mayores, los dos alcaldes mayores, el alguacil mayor, los jurados de las collaciones algecireñas y los cuatro fieles ejecutores”. A los que habría que añadir el tenente de la fortaleza, el alcalde de galeras, o representante del almirante de Castillla, y otros cargos administrativos, como mayordomos, escribanos, alamines o almotacenes.

Así pues, la situación de aparente dejadez y relegación en la que Algeciras quedaría sumida, no tanto después de la conquista alfonsina en 1344 como a partir de 1350, tras la llegada al trono de Pedro I, contrasta con la importancia que se le había concedido y se le seguía concediendo, a juzgar por las referencias cronísticas y documentales de la época, escasas, pero esclarecedoras, en alguna medida, de aspectos sobre el devenir de la ciudad en este período que nos interesa.

Sobre el valor atribuido al gobierno de Algeciras

“La tenencia de Algecira, que ya tenia nuestro Don Garci Fernandez, era vno de los encargos de mayor honor, y reputacion de aquel siglo en que justamente se estimavan los empleos por el riesgo que producian”, afirma De Salazar y Castro en su Historia Genealógica de la Casa de Lara. Está haciendo referencia el cronista mayor del rey Carlos II de España al hermano del por entonces arzobispo de Santiago de Compostela don Gómez Manrique: Don Garci Fernández Manrique, segundo de este nombre, hijo de Pedro Manrique y Teresa de Sotomayor, que, en efecto, en 1360, según tenemos constancia, formaba parte de la administración local algecireña.

"Rico-Hombre, V, Señor de Amusco, Avia, Estar, Sotopalacios, Ovierna, Pina, Oter de Moronta, las dos Amayuelas, Fuen-Muño, Vivel; S. Martin, Celadilla, y Robledo, Alcayde, y Alcalde Mayor de Algecira, Adelantado Mayor, y Merino Mayor de Castilla, y Alferez Mayor del Infante D. Alonso".

Y tenemos dicha constancia gracias a un albalá del rey Pedro I, dado en Sevilla el 19 de agosto de ese año, por el que se le concede autorización para poner un escribano en su lugar de Amusco, así como que ostentó el cargo algún tiempo, más de un lustro, desde comienzos de 1355, tras ser destituido como Adelantado Mayor del Reino de Castilla, si hacemos caso tanto a P. López de Ayala como a lo que dice el llamado “príncipe de los genealogistas españoles”: "Retuvo Don Garci Fernandez Manrique algunos años la tenencia, y govierno de Algecira, aunque en las confirmaciones no le nombran con ella, respecto de no ser de aquellos Oficios de la Corona, que por la antigua costumbre intervenian, ò aprobavan en las mercedes del Principe: por lo qual hallamos en los Previlegios de los años 1355 y siguientes, que Don Garci Fernandez confirma solo en calidad de Rico-Hombre de sangre".

Mapa del término de Algeciras entre 1344 y 1369, según Antonio Torremocha (2015). / E. S.

Pero, en cuanto a la elevada estima en la que se tenía la ciudad, De Salazar y Castro no se limita a lo dicho, sino que añade: "Y assi, aviendo sido Algecira vn padrastro tan pernicioso de la Christiandad Española, y aviendo costado tanta sangre, tiempo, y fatiga su recuperacion, fue siempre tenido su govierno por el mas principal de la Corona: por lo qual dice Don Pedro Lopez de Ayala, que quando Gutierre Fernandez de Toledo Guarda Mayor del cuerpo del Rey, le hizo el gran servicio de reducir à Algecira el año 1350 estando ocupada por el Conde Don Enrique, Don Pedro Ponce Señor de Marchena, y Don Fernando Enriquez, Su Magestad quiso premiar aquel buen sucesso con la misma tenencia. Y embio sus Cartas al dicho Gutier Fernandez, como le tenia en servicio señalado lo que hecho avia, y que él le queria facer merced de la tenencia de la dicha Cibdad de Algecira, QUE ERA ENTONCE MUY GRAN COSA".

Aunque esta preocupación evidente de la corona no impidió, ni mucho menos, como ya sabemos, que la plaza y sus habitantes pasaran por dificultades, al igual que otros muchos lugares de los reinos castellanos, bajo los azotes –guerra, peste y crisis económica– de estos años, a pesar de tener “asignadas cantidades en metálico y cereales para repartir entre las guarniciones y vecinos, pagadas con las parias y con las tercias reales”. Circunstancia que no es obviada en las crónicas.

"En Valladolid estaba el Rey á 12 de Agosto, desde donde envió a mandar á Garci Gutierrez Tello, Alguacil mayor de Sevilla, y á Fernan Martinez de Guevara, Alcalde mayor, que tomasen prestados del Arzobispo y Cabildo setecientos cahices de granos para el socorro de Algecira y Tarifa".

Alvar García de Illas

Junto a los nombres ya mencionados de “Gutierre Fernandez de Toledo”, tenente de la ciudad entre 1350 y 1355, “Garci Fernandez Manrique”, tenente entre 1355 y 1360, “Alonso Fernandez de Cordova”, como alguacil mayor, y “Alvar Perez de Guzman”, alcaide y guarda mayor, justo tras la conquista, encontramos como partícipe del gobierno de Algeciras a Alvar García de Illas, alcalde mayor también de la ciudad, según se desprende de una carta plomada del rey Alfonso XI, redactada en 1344, por la que se aumentaba el término de la Torre de Bao, de cuyo señorío era titular este personaje, poco conocido por la historiografía, a pesar de los notables servicios, en particular en el ámbito de la diplomacia, prestados al reino de Castilla.

Este García de Illas, de los primeros en ser distinguidos con tal honor y recibir tal encomienda, era, o había sido, vasallo del infante don Pedro, heredero del trono castellano-leonés, o quizá de don Pedro, el primero de los hijos concebidos por el rey con Leonor de Guzmán, y, sin tener un linaje preeminente, aun estando vinculado con la oligarquía gobernante sevillana, se había destacado por ejercer de mediador en la negociación de unas capitulaciones para un matrimonio de alto rango, a satisfacción de la monarquía, y por formar parte de alguna que otra misión diplomática de relieve, durante el reinado de Alfonso XI, antes de convertirse en alcalde mayor de Algeciras.

El recinto arqueológico de las murallas medievales de Algeciras. / E. S.

Así, sabemos que puso su granito de arena para hacer posible la unión conyugal “del segundo señor de Marchena, Pedro Ponce de León, con Beatriz de Lauria y Jérica, nieta por línea paterna del infante Jaime de Jérica, al que Jaime I el Conquistador considerara hijo legítimo en su testamento, y por línea materna, de Roger de Lauria”, en 1335, haciendo méritos para ganarse un puesto relevante en las estructuras de la administración real castellana y ascender en la escala social. Y sabemos también que participó en la embajada enviada por el rey ante la Santa Sede en Aviñón, que lideró Alfonso Fernández Coronel, con el objetivo de solicitar el apoyo del Papa Clemente VI a la campaña para cercar y tomar la plaza algecireña, en el marco de la lucha de la Cristiandad contra el Islam, en 1342.

Serrano y Pineda menciona a un tal Alvar García de Ibles, juez del rey, de origen asturiano, probablemente, que, según la información pontificia por él estudiada, formó parte de dicha legación enviada a la sede papal, como “miles et socius imbassatoris... Regis Castelle, iudexque eius”, y en calidad de consejero principal de Fernández Coronel. Mucho más tarde, en 1980, el catedrático de Paleografía y Diplomática Josep Trenchs i Ódena, basándose en la misma documentación vaticana y corrigiendo a Serrano y Pineda, sustituirá en su transcripción “Alvar García de Ibles” por “Álvaro García Ylles”. Nombre este que sí puede identificarse, y así lo hace la historiografía actual, con el “Alvar García de Illas” de la documentación castellana, gracias a la aportación efectuada en tal sentido por el profesor Torremocha.

La presencia de hombres con esta significación, personajes de la máxima confianza de Alfonso XI, o de su círculo amigo más cercano, no vienen sino a reforzar la idea respecto al peso estratégico que evidentemente tenía y, por supuesto, desde las principales autoridades castellanas se le otorgaba a aquella al-Yazirat al-Hadra recientemente arrebatada a los agarenos. Sin duda, Alvar García de Illas, por sus virtudes y capacidades demostradas a lo largo de su carrera, debía encajar perfectamente dentro de este perfil.

Artículo publicado en el número 63 de 'Almoraima, revista de estudios campogibraltareños' (Octubre 2025)

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