Campo de Gibraltar

Marruecos, mili y emigración

  • La escasa identificación con el Estado, un factor más para la marcha

La costa de Marruecos, vista desde Tarifa. La costa de Marruecos, vista desde Tarifa.

La costa de Marruecos, vista desde Tarifa. / Fito Carreto

No es difícil pensar, y menos con la experiencia de casi 20 años de fenómeno migratorio de jóvenes marroquíes en el Estrecho, que son muchas las variables que afectan al devenir de la migración y muy importantes aquellas que afectan a la juventud en un país donde más del 50% de la población está por debajo de los 25 años de edad.

El volumen de personas en este período de la vida en Marruecos es tan relevante como para tener una clara y manifiesta política de juventud dirigida por un ministerio específico de Juventud y Deporte, muy enfocado a la gestión del tiempo libre de esta inmensa población joven.

En los barrios tradicionales de emigración, como las grandes periferias de Casablanca y de Tánger por ejemplo, o en aquellas zonas rurales históricas migrantes como Beni Mellal o Kalaa Sraghna, y en los últimos años Tingirt, las políticas de juventud o aquellas que afectan a la juventud, afectan también de alguna manera a la única palanca de ascenso social que tienen las clases menos desfavorecidas; la emigración.

Ahora, a todos estos jóvenes varones de entre 19 a 25 años les surge un acicate más para marcharse, la escasa identificación con un estado que no está presente en sus barrios y pueblos, sino que les llama a filas un año completo, bajo penas de 6 años de cárcel a aquellos que no quieran ir.

Esta medida afecta a más de un millón y medio de jóvenes varones marroquíes, a los que ya les ha llegado la carta para que cuando pase el verano, en el mes de septiembre, se presenten en las dependencias militares. Si uno escucha las conversaciones de los jóvenes más excluidos en dichos barrios, es fácil darse cuenta que ante la ya escasas posibilidad de alistarse ahora al terrorismo yihadista o quedarse en el barrio en el tráfico de drogas, la emigración es la única posibilidad plausible de salir del ciclo vicioso de la pobreza para este verano.

Una frase de nuestras conversaciones hace bien de resumen de la situación: lajer itfi addaw, “Que el último apague la luz”, un grito de desesperanza ante la escasa intención de luchar por un país que según ellos no les da trabajo, donde perciben que no tienen derechos y no apuesta por una educación o formación que les haga prosperar.

El año pasado fue el año más importante de la emigración de personas por el corredor occidental, pero este, con este impás de las elecciones, parece claro que la implicación del gobierno marroquí será imprescindible para salvar las próximas vidas de los que se aventuren en el Estrecho y en el mar de Alborán. Todo apunta a que este es el verano que precede al nuevo acuerdo EU-Marruecos, la repetición del EU-Turquía de 2016.

Marruecos se enfrenta a la tesitura de que suba la extrema derecha en Europa, la potencial suma de la externalización de las fronteras que comparte con la UE, la gestión del descontento de la juventud, y sus propias políticas de juventud.

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