PERSONAJES HISTÓRICOS Doña Beatriz Ramírez de Mendoza, fundadora del convento de la Almoraima

  • Los primeros frailes descalzos llegaron en el mes de septiembre de 1603 y tomaron posesión de la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes

  • El edificio actual, con su iglesia, retablo mayor, claustro y dependencias conventuales, fue construido de mediados del siglo XVII

Retrato de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar (Convento de los Padres Mercedario de El Viso del Alcor, Sevilla). Retrato de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar (Convento de  los Padres Mercedario de El Viso del Alcor, Sevilla).

Retrato de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar (Convento de los Padres Mercedario de El Viso del Alcor, Sevilla). / E.S.

Había nacido en Madrid en el año 1556 en el seno de una noble familia de la ciudad. Era tataranieta de doña Beatriz Galindo, camarera mayor de la reina Isabel la Católica. Se crio en la Corte recibiendo una esmerada educación católica, que fue la base de su posterior dedicación a las fundaciones pías y a favorecer las órdenes religiosas reformadas -tanto masculinas como femeninas-. Contrajo matrimonio, el 8 de abril del año 1584, con don Fernando de Saavedra, II conde de Castellar. A la muerte de éste, en 1594, vistió el hábito y se sometió a la regla teresiana del Carmelo, fundando el convento de carmelitas descalzas de Alcalá de Henares. Uno de sus confesores era el mercedario fray Alfonso de Monroy, el cual tendría una decisiva participación en la decisión de doña Beatriz de patrocinar y fundar el primer convento de la Orden de la Merced Descalza en la Almoraima.

En 1596 mandó edificar una ermita a una legua de Castellar, junto al camino que conducía, desde Gibraltar, a la villa-fortaleza, que dedicó a Nuestra Señora de los Reyes, advocación sevillana de la que era muy devota la Condesa. En el mismo año de la fundación de la ermita, instituyó, también, una capellanía en ese lugar -que ya había acordado doña Beatriz con su difunto marido-, para que el capellán pudiera atender las necesidades espirituales de los agricultores y menestrales que residían en los alrededores. En su crónica de la Orden de la Merced Descalza, escrita en 1669, el padre San Cecilio relata las circunstancias que condujeron a la fundación de la citada ermita. Refiere el cronista mercedario: "Se hallaba en su villa de Castellar la condesa doña Beatriz Ramírez de Mendoza y paseando un día por aquellos campos y dehesas, acompañada del Conde don Fernando de Saavedra, su marido, que andaba a caza con sus criados; advirtió que, habiendo caseríos y hatos en que se recogían los vaqueros y ganaderos, era de fuerza se quedasen éstos sin Misa los Domingos y Fiestas, por estar el lugar más de una legua distante, y ser el camino muy fragoso y difícil. Propuso remediar este inconveniente y trató con el Conde fundar allí una ermita y en ella una Capellanía suficientemente dotada para que un clérigo viniese a decir Misa en dichos días. Convinieron ambos en esto y encargaron su ejecución al Gobernador de la villa de Castellar. Éste comenzó la obra, que tardó más de dos años en concluirla...".

Óleo situado en el muro de la Epístola de la iglesia del convento de la Almoraima que muestra a la fundadora tejiendo uno de los hábitos de los frailes fundadores. Sentado en una silla, con el escudo de la Orden de Santiago, se halla su hijo, don Gaspar Juan de Saavedra, III conde de Castellar. Óleo situado en el muro de la Epístola de la iglesia del convento de la Almoraima que muestra a la fundadora tejiendo uno de los hábitos de los frailes fundadores. Sentado en una silla, con el escudo de la Orden de Santiago, se halla su hijo, don Gaspar Juan de Saavedra, III conde de Castellar.

Óleo situado en el muro de la Epístola de la iglesia del convento de la Almoraima que muestra a la fundadora tejiendo uno de los hábitos de los frailes fundadores. Sentado en una silla, con el escudo de la Orden de Santiago, se halla su hijo, don Gaspar Juan de Saavedra, III conde de Castellar.

A principios del año 1603, fray Juan del Santísimo y otros cuatro religiosos decidieron reformar la Orden de la Merced y se presentaron ante la condesa de Castellar para solicitarle que se constituyera en patrona y fundadora de unos conventos, el primero de ellos en el término de Castellar, en el conocido como "desierto de la Almoraima". Ella les dijo que se fundaría en la ermita que, siete años antes, había fundado bajo la advocación de Nª Sª de los Reyes.

Como tenían el visto bueno del Rector General de la Orden de la Merced, fray Alfonso Monroy, doña Beatriz aceptó, "abrassada en el celo de dios", según refiere fray Gabriel Tellez en su Historia de la Orden de la Merced. Las Constituciones de la nueva Orden de Mercedarios Descalzos fueron aprobadas en el Capítulo General, celebrado en Guadalajara el 12 de abril de 1603. En el preámbulo de la Escritura de Fundación del convento de la Almoraima, la Condesa fundadora exponía lo siguiente: "Que se fundaría en la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes, que yo misma edifiqué a una legua de la villa de Castellar, enfrente de la torre de la Almoraima". Continúa recogiendo la citada Escritura que "(la señora condesa) manda edificar las demás casas que para dicho monasterio fueren necesarias, que se han de labrar y edificar junto y pegado a la dicha iglesia". En otro apartado se refiere que el número de frailes que han de habitar en el convento de la Almoraima debe ser "de doce, cuanto más; los seis de Misa (es decir, profesos) y otros seis hermanos coristas y legos…".

Óleo situado en el muro del Evangelio de la iglesia del convento de la Almoraima que representa el momento en el que el alcaide-gobernador de Castellar entrega a los frailes fundadores la cédula de propiedad del convento. Óleo situado en el muro del Evangelio de la iglesia del convento de la Almoraima que representa el momento en el que el alcaide-gobernador de Castellar entrega a los frailes fundadores la cédula de propiedad del convento.

Óleo situado en el muro del Evangelio de la iglesia del convento de la Almoraima que representa el momento en el que el alcaide-gobernador de Castellar entrega a los frailes fundadores la cédula de propiedad del convento.

El convento de la Almoraima en un principio conservó la advocación de Nuestra Señora de los Reyes -como deseaba su fundadora-, pero, más tarde sería conocido con el nombre de convento de San Miguel de la Almoraima. Se fundó el 19 de abril del año 1603, dotándolo la Condesa con una renta anual que ascendía a 941 reales sobre el almorifazgo de Indias, añadiéndole la capellanía de 22.856 maravedíes que fundara con su marido. Además, les dio "mil ducados, pagados en dinero de contado en la dicha villa de Castellar; los cuales se han de gastar y consumir en la dicha obra y no en otra cosa". El alcaide-gobernador de la villa de Castellar quedó encargado, por doña Beatriz, para que vigilara y se asegurara que se invertían correctamente los ducados concedidos para la ejecución de las obras del convento. En otro lugar del documento se dice que la condesa concedía, además, a los frailes, para siempre jamás, "la huerta que está pegada a la dicha iglesia, con sus frutales y aguas dulces…".

Los primeros frailes descalzos que llegaron a la Almoraima en el mes de septiembre y tomaron posesión de la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes fueron fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, fray Luis de Jesús María, fray Juan de San José, fray Miguel de las Llagas, fray Sebastián de San José y fray Francisco de la Madre de Dios, que recibieron los nuevos hábitos, que habían sido confeccionados por la propia doña Beatriz Ramírez de Mendoza en su palacio de Madrid ⸺cómo se aprecia en uno de los cuadros que se adjunta⸺, el día 8 de mayo de 1603, festividad de San Miguel Arcángel, probablemente ese hecho propició el nombre que, luego, recibió el convento.

El edificio actual, con su iglesia, retablo mayor, claustro y dependencias conventuales, fue construido de mediados del siglo XVII (antes de 1650) por orden y a expensas de don Fernando Miguel Arias de Saavedra, IV conde de Castellar, nieto de la fundadora. Los frailes mercedarios ocuparon el convento y las tierras y otras propiedades, que habían ido atesorando desde su fundación, hasta el año 1839, cuando fue desamortizado por el Gobierno de la Nación. La Casa Ducal de Medinaceli, que ostentaba el título de Condes de Castellar, logró que se le reconociera su propiedad y se le devolviera el edificio en el año 1865, cuando se reconstruyó para convertirlo en una residencia palaciega. La torre-fuerte, de estilo neogótico, se edificó en esa fecha.

En cuanto a la imagen del Santo Cristo de la Almoraima, de pasta encolada, se sabe, por el testimonio de fray Pedro de San Cecilio, que fue encargada por doña Beatriz Ramírez de Mendoza, en el mes de abril de 1603, a unos talleres madrileños. En el mes de septiembre del citado año la entregó a los frailes fundadores antes de que emprendieran la marcha desde Madrid hasta la Almoraima.

Doña Beatriz Ramírez de Mendoza falleció en Madrid, a los setenta años, el 4 de noviembre de 1626. Fue sepultada en el coro de la iglesia del monasterio de las religiosas Jerónimas del Corpus Christi, popularmente conocido como de las Carboneras, también fundado por ella.

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