Algeciras

El último 'chichichí' de Rajoy

Gabriel Amat conversa con Patricia del Pozo. Gabriel Amat conversa con Patricia del Pozo.

Gabriel Amat conversa con Patricia del Pozo. / m. g.

Los compromisarios de la derecha política española se mezclan en el vestíbulo del colosal hotel Marriot con las azafatas de las líneas áreas de la compañía Emirates. Turbantes rojos combinados con tonos azules. Manifestantes de la plataforma Hazte Oír protagonizan una performance a las puertas del hotel cuando todavía no hay mucha animación. Lo ya sabido: sus miembros están con Pablo Casado y demonizan la figura de Soraya. Emplean pancartas, caretas y demás parafernalia.

Los andaluces desembarcan. Los mejores momentos ocurren cuando Gabriel Amat, situado estratégicamente junto al acceso principal del hotel, va recibiendo a quienes se acercan a su sofá. Se levanta y explica la que todo el mundo considera que ha sido su sorpresiva posición: primero apoyar a Cospedal y después a Casado. El almeriense tiene ganas de explicar sus razones en privado, pero por el momento parece que nadie alcanza a comprenderlas. La vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, Patricia del Pozo, es de las que charla con Amat en profundidad. A la vista de todos. El presidente del PP almeriense, presidente de la Diputación Provincial y alcalde de Roquetas, tiene a todo el peperío andaluz perplejo después de años de fidelidad a Javier Arenas. El sevillano Arenas llegó a ser cabeza de lista en más de una ocasión por la provincia más oriental de Andalucía. ¿Qué será de Arenas, por cierto, tras este congreso? "Ha ligado su carrera a Rajoy, huelo que se va", dice un destacado militante andaluz en privado.

Soraya llegó al plenario con Arenas, Sanz, Báñez y Moreno; Casado con Oña y Jiménez Becerril

La noche anterior fue larga. Se nota en la cadencia de los compromisarios a la hora de llegar al hotel para recoger las credenciales. Lo más comentado es la estrategia de comunicación de los candidatos en el último día de campaña: las imágenes difundidas sobre los almuerzos. Soraya y su gente, en una mesa sin mantel, con cajas de pizzas y refrescos, como hinchas de salón antes de un partido. Todos los comentarios coinciden en que Arenas jamás ha probado la pizza, pero en la foto se le veía muy implicado. Casado y varios ex ministros ofrecieron una imagen más formal al elegir el simbólico restaurante Arahy, donde Rajoy vivió su última tarde como presidente.

Sáenz de Santamaría fue la primera gran protagonista en acceder al plenario del congreso. Compromisarias de Cudillero (Asturias) venden lotería de Navidad terminada en 83. Juan Ignacio Zoido, ex ministro del Interior, compra un décimo. Al igual que el ex alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador. Ambos vienen de tomarse juntos una copita de Ribera del Duero. Celia Villalobos cruza el hotel como un ciclón. El aparato provincial del PP sevillano almuerza en un salón marcado por la estética de grandes murales de jugadores de hockey y baloncesto americanos. Llegan, por fin, los compromisarios de Madrid. Los de Murcia. Y los de Castilla-La Mancha…

Soraya tarda en descender las escalinatas del plenario. Se hace selfies con todos. Va arropada por andaluces como Antonio Sanz, vicario de Arenas, la onubense Báñez y el presidente regional Moreno Bonilla. "Aquí hay mucho poder", afirma una voz femenina. "No te equivoques, todo este tinglado es porque se ha perdido el poder", replica una voz masculina. Arenas se quita y se pone las gafas de pasta. Casado llega minutos después entre vítores, arropado por Adolfo Suárez Illana, las andaluzas Esperanza Oña y Teresa Jiménez Becerril, la catalana Andrea Levy. Más selfies. Más sonrisas. La música suena a niveles estridentes cuando aparece Mariano Rajoy acompañado por Cospedal y Maíllo. "Chichichí, hola, hola, ¿qué tal?". El ex presidente del Gobierno tiene un saludo especial hacia el ex delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, el hombre que representa la aplicación del artículo 155. "Luego saludamos al catalán, pobrecito", se oye entre el público. El canal interno de televisión ofrece en directo el saludo de Soraya y Rajoy, calculadamente frío en el gesto, pero cálido en la mirada. Hay complicidad. Del saludo del todavía presidente del partido con Pablo Casado no se ofrecen imágenes.

Casado y Soraya se sientan separados solamente por la presidenta del Congreso de los Diputados, la gallega Ana Pastor. El canal interno se recrea una y otra vez en el rostro emocionado de María Dolores de Cospedal mientras suena la Marcha Real, anunciada como "himno nacional" por el presidente del comité organizador del congreso, Luis de Grandes. Rajoy está acompañado por su mujer, una de las grandes desconocidas para los españoles, siempre con un perfil más que discreto y, ayer, con el rostro muy serio. Rajoy se lleva la primera gran ovación cuando Grandes proclama con entusiasmo: "¡Nos duele en el alma que te vayas!". El auditorio truena. Todos en pie, menos Rajoy y su esposa. "¡Yo no quitaré tu retrato de mi mesa de trabajo!". Más aplausos, más emociones, más liturgia de emociones y sentimientos para el consumo interno. Un congreso, en definitiva, es también un ajuste de emociones, además de ser un ajuste de cuentas. Ana Pastor proclama proclama a Rajoy como el mejor presidente. Rajoy llora y mira a su mujer, a quien se le cae una lágrima por la mejilla derecha.

"Esta noche pronto a dormir, ¿eh? Que mañana el día es intenso", susurra un veterano compromisario al oído de un miembro de Nuevas Generaciones. Cospedal, entera de blanco, termina su largo discurso. Hay militantes que se quedan sentados y no aplauden, como es el caso de muchos del aparato provincial sevillano. No la jaman. No pisó la capital de Andalucía en la campaña de las primarias. Se oye una maldad con acento andaluz: "Esta señora tenía su discurso hecho por si pasaba el corte de las primarias. Y le ha dado salida como hace mi madre con las albóndigas que sobran". Un conocido socialista andaluz envía un mensaje en el que ruega que gane Casado: "Es mucho más batible que Soraya. Y en las fotos se parece a Rivera". Rajoy se emociona por enésima vez, pero sin perder el tipo. "¿Presidente, un selfie?". "Chichichí".

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