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Manuel Gil
Disculpe, ¿ha visto a mi hermandad?
EL SEXENIO DEMOCRÁTICO EN ALGECIRAS (1868-1874)
En aquellos días de extrañas distinciones y cuestionados administradores de loterías, sale a la venta -para estudiantes y estudiosos en general-, el Compendio de Historia de España adaptado á la índole y extensión de esta asignatura en la segunda enseñanza por Alfonso Moreno y Espinosa. Catedrático por oposición del Instituto de Cádiz. Imprenta de la revista Médica, de D. Federico Joly, calle de la Bomba, número 1.- (1871). La obra intentó estar lo más actualizada posible recogiendo: “Y después de varias tentativas fracasadas estalló en el mes de Setiembre de 1868 una formidable revolución, iniciada por la marina; y vencidas las tropas del gobierno en la batalla de Alcolea, perdió su trono Doña Isabel II [...] el respeto que merecen los grandes infortunios y las consideraciones debidas á toda señora nos impiden juzgar, según nuestro criterio, el último reinado [...] vacante el trono y reunidas las cortes constituyentes, han formado una constitución democrática, que proclama los derechos individuales y han ceñido la corona de España á Don Amadeo I”.
La obra, curiosamente, omite cualquier alusión a la figura del general Prim, sobre cuya “muerte” aún oficialmente seguía abierta la investigación para esclarecer el atentado sufrido por el infortunado presidente en la calle del Turco y su posterior fallecimiento -días después-, en su domicilio. “Esperando del nuevo orden -como así se refiere a los acontecimientos generados desde el 68-, una forma de gobierno que á nuestro juicio, es la más propia de la dignidad del hombre, la más conforme con la razón y la ciencia, y la única en que se realiza y cumple el ideal de la civilización moderna”.
En sus páginas centrales reconoce cierto protagonismo de nuestra ciudad en la historia universal de España, recogiendo en primer lugar: “Lección XXIV. Pág. 119: Reinado de Alfonso VIII. Sus primeras expediciones contra los árabes [...] El buen éxito de esta empresa le animó luego á dirigir una expedición á Andalucía, llegando hasta cerca de Algeciras, y enviado un cartel de desafío al emperador ó jefe de los Almohades”. Posteriormente, expresa en la página 159, correspondiente al capítulo Castilla. Reinado de Sancho IV, el Bravo. Expedición de Fernando IV lección XXXI “creyó este de su deber hacer algo en la obra de la Reconquista, y declaró la guerra á los moros granadinos, que en los pasados disturbios habían tomado algunas plazas de Castilla. Fernando IV se apoderó de Gibraltar, en cuyo sitio murió Guzmán el Bueno (sic), y puso luego cerco á la de Algeciras; pero no la rindió porque el rey de Granada pidió entonces la paz, que le fué concedida bajo condiciones favorables á las armas cristianas”.
Para finalizar las reseñas que de nuestra ciudad hizo en su obra el citado catedrático, hemos de marchar hasta la página 162, correspondiente al capítulo Castilla, Portugal y Navarra. Lección XXXII; donde también incluye: “El rey de Castilla, deseando sacar las mayores ventajas de este triunfo, puso sitio á la plaza de Algeciras, que fué largo y difícil, porque los árabes hacían ya uso de la pólvora y aún de la artillería; pero con auxilio de la escuadra cayó de nuevo en poder de los cristianos. Todavía quiso Alfonso XI añadir más laureles á su corona y pensó en la conquista de Gibraltar; pero habiéndose desarrollado una epidemia en el ejército sitiador, hizo víctima al monarca castellano, por lo cual se levantó el cerco”. En posteriores ediciones, además de corregir los desaciertos, tan admirado catedrático como notario de su época, sin duda ampliaría la información sobre tan importante periodo histórico del que fue testigo.
Dejando atrás la importancia de nuestra ciudad durante la convulsa época del reinado de Alfonso XI y la expulsión de los árabes de Algeciras, regresemos -más de quinientos años después- a la no menos convulsa época del también reinado de Amadeo I y el intento de los árabes del Rif de expulsar a los españoles de Melilla; conectando ambos hechos con la posición estratégica de nuestra ciudad, cuando por parte de los altos mandos se contempla “El Gobierno español debe continuar sus envíos de tropa y obrar con una gran prudencia si no quiere ser sorprendido. Siendo los puertos destacados para el embarque de soldados: Cádiz, Algeciras, Málaga y Almería”. La lógica geográfica se impone.
Y mientras se producen estas paradojas históricas de expulsiones y expulsados, hasta la sede de los pro-amadeístas algecireños llega la siguiente noticia: “El señor D. Adolfo Patxot, diputado por el distrito de Algeciras y firme partidario del señor Sagasta y del actual Gabinete, será el nuevo representante de España ante las Cortes de Bruselas y La Haya”. Es de humano suponer, aunque la humanidad en el frío mundo de la política siempre sea cuestionada, que desde este apartado rincón alguien pensase en las posibles repercusiones positivas que para el distrito algecireño pudiera significar el que su representante ocupase tan importante cargo. Recordemos que el encumbrado diputado Patxot ganó en las últimas elecciones a diputados nacionales en todas las poblaciones del distrito algecireño menos, curiosamente, en Algeciras donde el republicano Benot le sacó una clara diferencia de 628 votos de un total de 2.178 votos escrutados.
Al mismo tiempo que el diputado por el distrito algecireño marcha en aquel noviembre de 1871 a ocupar tan importante puesto y representación -gracias a los votos de los campogibraltareños- en la posible creación de un posible tribunal de arbitraje o mediación internacional, en la republicana Algeciras, que le dio la espalda en las urnas, se producen otros acontecimientos tan solo relevantes para sus privados protagonistas como “La demanda ejecutiva ú ordinaria que interpuso el procurador: D. José Díaz y Ramírez, en representación de D. Ricardo Rodríguez España, contra D. Miguel Patiño Macias, para el cobro de cierta cantidad de reales que éste le adeuda, con cuyo objeto célebre acto de conciliación y transigir, si lo viere conveniente y acuda á los Tribunales y Juzgados que sean competentes”.
Recordemos, como así fue recogido en anteriores entregas, que Patiño Macias era médico y tenía su domicilio en nuestra ciudad, concretamente en la calle Larga o Cristóbal Colón, esquina Torrecilla, donde residía junto a su mujer. Según auto judicial había sido nombrado: “Curador de Bienes de la menor Doña María de la Luz Feijoo y Calderón de la Barca, cuyo cargo le está discernido por este Juzgado de 1ª Instancia de este Partido [...] y de Francisca Cordero Herrera”. En definitiva, un administrador de bienes ajenos y pendientes deudas con los propios.
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