NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Sánchez y Trump en la guerra de Gila
Esta semana se han hecho público los recorridos y horarios oficiales para la Semana Santa de 2026 en Algeciras y cada primavera, al repasarlos, siempre tengo el mismo pensamiento: ¿de verdad que somos los cofrades los que preparamos estos itinerarios? Bien parece que los diseñara el Tour de Francia. Convendría recordar aquella frase atribuida a Pío Cabanillas: ¡Al suelo, qué vienen los nuestros!
Un año más hacemos el extraordinario ejercicio de potenciar lo innecesario y lo incómodo, sustituir lo sencillo por lo complejo, cambiar lo natural por lo serpenteante. En otras palabras, no hay peor enemigo para el cofrade que el propio cofrade y sus inventos. Este año, para seguir a más de una cofradía nos hará falta GPS, Google Maps y hasta un reloj inteligente de los que cuentan los pasos.
Ojo, que esto no se trata de ir calladitos, sin levantar cabeza y por el camino más corto; hay un mundo riquísimo de grises entre lo austero y lo ostentoso. Una hermandad debe salir a la calle a hacer Estación de Penitencia, obvio, pero también a realizar un itinerario en el que hermanos y público disfruten de un buen cortejo, sin parones y luciéndose; una cosa no está reñida con la otra. Pero para ello debe haber conocimiento, reflexión y largoplacismo, no todas las hermandades tienen el mismo carácter y personalidad, no vale lo del café para todos.
Para que una procesión brille no hace falta por decreto tener que pasar por San Isidro, bajar Montereros, cruzar el parque, entrar tarde en Carrera Oficial o recogerse a las dos de la madrugada un día laborable. Para que un cortejo sea espléndido no necesita recorrer todo el callejero, ni pasar por más cuestas que nadie, este año alguna corporación va a necesitar en la Cruz de Guía al mismísimo Pogacar. Ni privar a los más pequeños de disfrutar de sus hermandades por horarios indecentes. ¡Menuda obsesión con salir tarde! Con lo bonita que son las cofradías a la luz del sol de primavera, ya llegará la noche de recogida.
Decía Da Vinci eso de que “la simplicidad es la máxima sofisticación”. Las cosas más bellas suelen ser las más sencillas y las más naturales, pero ya saben: ¡Cuerpo a tierra, qué vienen los cofrades!
También te puede interesar
NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Sánchez y Trump en la guerra de Gila
Diafragma 2.8
Paco Guerrero
De lindes
Libro de reglas
Manuel Gil
Disculpe, ¿ha visto a mi hermandad?
La esquina
José Aguilar
¡Votad al Príncipe de la Paz!