'Paisaje (El Gastor)', motivo de la inspiración de José Luis García Jaén

Pieza del mes del Museo Municipal de Algeciras | Febrero 2026

Es un óleo sobre lienzo, de dimensiones 100x81 cm, realizado en 1974 y adquirido en 1982 por Milagros López Delicado

Paisaje (El Gastor), de José Luis García Jaén.
Paisaje (El Gastor), de José Luis García Jaén.
Milagros López Delicado
- Galería Milagros Delicado

Algeciras, 01 de febrero 2026 - 04:01

La exposición temporal Tría 75. La obra de tres amigos pintores. 50 aniversario (19 de diciembre de 2025 – 30 de abril de 2026) conmemora el nacimiento de un grupo que, desde 1975, unió a José Luis García Jaén, Helmut Siesser y Antonio López Canales. Más allá de la coincidencia generacional, Tría 75 fue un marco de trabajo sostenido por la amistad y por una voluntad clara de dinamizar el ambiente artístico local, con actividades que recorrieron el Campo de Gibraltar, la Serranía de Cádiz y Ronda y exposiciones que lo llevaron por toda la geografía de España. En ese contexto, sus obras dialogan con el territorio, pero también con una evolución plástica que va de la observación directa a lenguajes más libres, donde la pintura se afirma como materia y como gesto.

El año 1974 fue clave en la trayectoria profesional de José Luis García Jaén, al ser seleccionado para la Primera Bienal Nacional de Pintura y Escultura de Málaga, y obtener el primer premio del Ayuntamiento de Sevilla en el Salón de Primavera.

La experiencia de El Gastor se mostró en la exposición realizada en el Casino de Algeciras el 24 de mayo de 1975 Impresiones de un viaje por los pueblos de la serranía gaditana y rondeña. La obra de García Jaén destacó por su sentido de equilibrio y armonía en la composición.

En ese marco se presenta Paisaje (El Gastor), un óleo sobre lienzo, de dimensiones 100x81 cm, realizado en 1974 y adquirido en 1982 por Milagros López Delicado, obra que forma parte de su colección particular y que muestra con claridad la manera en que García Jaén entiende el paisaje, una experiencia condensada en color, ritmo y densidad pictórica. Aunque se trata de óleo sobre lienzo, la superficie está construida con una textura muy visible, a base de capas, empastes y relieves que dan al cuadro una presencia física casi táctil. La composición se ordena en franjas y planos cromáticos superpuestos: lomas, vaguadas y horizontes quedan sugeridos mediante formas simplificadas, como si el lugar se recordara por su estructura y su atmósfera antes que por el detalle.

La pincelada es suelta, directa y cargada de pigmento, aplicada con decisión para construir la imagen desde la energía del trazo. El color —rosas, verdes, blancos y tonos oscuros— actúa como elemento principal y refuerza una sensibilidad cercana al postimpresionismo, donde la emoción y la vibración cromática tienen tanto peso como la representación. Por momentos, la obra roza lo abstracto: el paisaje sigue presente, pero se transforma en una lectura personal, más interesada en la materialidad y la expresión que en la realidad del paisaje.

Esta pieza se exhibe como préstamo de su propietaria, Milagros López Delicado, y se integra en el discurso de la exposición como testimonio de una etapa especialmente fértil del autor.

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