MONUMENTOS Y EDIFICIOS HISTÓRICOS DE ALGECIRAS

Los mercados de abastos

  • Capítulo 49. Desde el primer mercado, en la calle Panadería, hasta la construcción del Ingeniero Torroja fueron varios los emplazamientos de los puntos de venta de productos frescos en la ciudad.

Postal coloreada publicada en el año 1906 en la que aparece la fachada exterior de la crujía meridional del mercado construido en la Plaza Baja entre 1821 y 1827. Postal coloreada publicada en el año 1906 en la que aparece la fachada exterior de la crujía meridional del mercado construido en la Plaza Baja entre 1821 y 1827.

Postal coloreada publicada en el año 1906 en la que aparece la fachada exterior de la crujía meridional del mercado construido en la Plaza Baja entre 1821 y 1827.

El primer mercado público de Algeciras estuvo situado en la popularmente conocida como calle Panadería, en su parte más ancha existente entre las calles Emilio Santacana y Rafael de Muro. Se trataba de un espacio que fue ocupado por puestos desmontables en los que se vendían frutas y verduras, de ahí que la gente comenzara a denominar aquel lugar como “Plaza de la Verdura”.

Como aquella zona de la calle Panadería no reunía las condiciones adecuadas para establecer un mercado, por su angostura, la aglomeración de gente que acudía y la proximidad de las casas particulares que sufrían las incomodidades de la presencia de los compradores, en el año 1819 el Consistorio decidió trasladar los puestos de venta de verduras y de frutas a la Plaza Baja que reunía, por su amplitud, mejores condiciones para contener el mercado de la ciudad.

En la sesión del Ayuntamiento celebrada el 16 de febrero de 1819, se recoge lo que sigue: “La mala situación que tenía el mercado de las verduras, frutas, carnes frescas y otros artículos que son de compra diaria para los vecinos, pues aquello no es otra cosa más que un pedazo de calle mal empedrada, lo que impedía su limpieza …, y que había en la ciudad lugar muy a propósito para semejante establecimiento en que podrían hermanarse la limpieza pública con el decoro y comodidad del vecindario, cual es la plaza baja, capaz de todo ello por su cabida”.

Para dar mayores facilidades a los vendedores y compradores que frecuentaban el mercado, el Ayuntamiento autorizó la construcción de casillas en la Plaza Baja con el fin de que se estableciera una venta de carácter permanente y con los puestos bien alineados.

Tramo de la calle Panadería, conocido como “Plaza de la Verdura”, donde estuvo ubicado el primer mercado de la ciudad hasta el año 1819. Fotografía tomada hacia 1915. Tramo de la calle Panadería, conocido como “Plaza de la Verdura”, donde estuvo ubicado el primer mercado de la ciudad hasta el año 1819. Fotografía tomada hacia 1915.

Tramo de la calle Panadería, conocido como “Plaza de la Verdura”, donde estuvo ubicado el primer mercado de la ciudad hasta el año 1819. Fotografía tomada hacia 1915.

En ese sentido se publicó, el 25 de julio de 1821, el siguiente Edicto: “Hacemos saber que habiéndose determinado por el Ayuntamiento la conclusión de las casillas o cajones de la Plaza de N. S. de la Palma donde se halla el mercado público en conformidad al plano o diseño que se ha levantado, ha acordado en sesión de ayer se haga notorio, para que los vecinos que deseen construir para sí alguno de dichos cajones, presenten su petición por escrito, con expresión del objeto a que intenta destinarlo, a fin de que el Ayuntamiento pueda determinar debidamente el modo de conceder dichos cajones…”.

Las casillas o puestos fijos se fueron edificando de acuerdo con el diseño aprobado por el Consistorio, conformándose con el paso de los meses una edificación de una sola planta de forma cuadrada constituida por cuatro crujías paralelas a la alineación de las casas que formaban la plaza. El espacio central que habilitaban las cuatro crujías estaba ocupado por numerosos puestos o casillas de madera perfectamente alineados y separados por calles de unas doce varas de anchura aptas para el trasiego de gente y de caballerías. También se pavimentó el piso terrizo, se trasladó al interior de la edificación la fuente que existía en su exterior desde finales del siglo XVIII y se construyó una atarjea para el desalojo de aguas residuales. Los accesos al mercado consistían en un pasadizo cubierto con techo raso y doble arco de medio punto en la entrada y la salida. El mercado estuvo terminado en 1827.

Cada propietario de puesto de venta debía abonar mensualmente, en concepto de arbitrio, cinco reales, según Pérez-Petinto. Todas las casetas eran de propiedad particular a excepción de la del Almotacén o del Repeso que pertenecía al Ayuntamiento. La nueva plaza se denominó de Nuestra Señora de la Palma.

Interior del mercado de la plaza Nuestra Señora de la Palma en una fotografía de 1906. Véanse los deteriorados puestos de venta y la fuente que se habilitó intramuros para uso de los vendedores y de sus clientes. Interior del mercado de la plaza Nuestra Señora de la Palma en una fotografía de 1906. Véanse los deteriorados puestos de venta y la fuente que se habilitó intramuros para uso de los vendedores y de sus clientes.

Interior del mercado de la plaza Nuestra Señora de la Palma en una fotografía de 1906. Véanse los deteriorados puestos de venta y la fuente que se habilitó intramuros para uso de los vendedores y de sus clientes.

En 1845 Pascual Madoz describe así el mercado y la plaza: “La segunda plaza, llamada Baja es un cuadro... y, concéntrico a él, está colocado el mercado público, formado de puestos para la venta, que son habitaciones bajas, enteramente iguales, de forma sencilla y con soportales que dan al interior, donde se contiene otra plaza más pequeña..., cuya entrada la forman cuatro arcos situados en los ángulos de la misma.”

Entre los años 1852 y 1862 se dotó de baldosas, sacadas de las canteras de la dehesa de La Punta, toda la plaza con el fin de mejorar el pavimento. En 1893 se cambió las baldosas por adoquines. En los días de la Conferencia Internacional sobre Marruecos el mercado estaba ya muy deteriorado. El 1 de abril de 1905 el Ayuntamiento concedió a Julián Casero Sanjuán la construcción de cuarenta nuevas casillas y almacenes de madera en la Plaza de Abastos para que las explotara por un plazo de trece años. Estuvieron terminadas y ajustadas al plano, según el perito carpintero, Bartolomé Jaén, en septiembre de ese año.

El Mercado Ingeniero Torroja

En 1928 el Consistorio pensó en sustituir el edificio del mercado de la Plaza Baja y las antihigiénicas casetas de madera por un nuevo edificio más acorde con las normas que sobre esa clase de instituciones públicas se estaban imponiendo en todo el Estado.

En el plan de obras del año 1929 se incluyó la propuesta de edificar un nuevo mercado que se empezó a construir en la llamada huerta del Ancla (donde hoy se halla el Instituto Ventura Morón). Sin embargo, cuando se instauró la República, en abril de 1931, las obras, que casi estaban concluidas, se paralizaron. Abandonado el proyecto de la huerta del Ancla, el Ayuntamiento encargó un nuevo proyecto para la erección de un edificio que sustituyera a la construcción que albergaba los puestos del mercado desde 1827. La idea se encargó al famoso ingeniero Eduardo Torroja y la ejecución de la obra corrió a cargo del prestigioso arquitecto Manuel Sánchez Arcas con el concurso del constructor Ricardo Barredo.

El Mercado Ingeniero Torroja recién terminado en 1935. Véase el escudo de la ciudad que en sus primeros años estuvo situado sobre el dintel de las cuatro entradas. El Mercado Ingeniero Torroja recién terminado en 1935. Véase el escudo de la ciudad que en sus primeros años estuvo situado sobre el dintel de las cuatro entradas.

El Mercado Ingeniero Torroja recién terminado en 1935. Véase el escudo de la ciudad que en sus primeros años estuvo situado sobre el dintel de las cuatro entradas.

La apuesta revolucionaria de Torroja era la supresión de cualquier tipo de soportes interiores, permitiendo un espacio octogonal diáfano de 48 metros de diámetro cubierto con una bóveda de casquete esférico abierta en su centro mediante un atrevido lucernario o claraboya cenital de 10 metros de diámetro, rodeada de ocho marquesinas cilíndricas o voladizos que habilitan los vanos para la iluminación lateral del edificio.

La bóveda se adapta a la planta poligonal descansando sobre ocho soportes. Era la primera vez que se construía una bóveda de ese tamaño sostenida por ocho pilares perimetrales y sin apoyo central. Los puestos irían distribuidos en círculos concéntricos en el interior. En un principio no se ubicaron puestos de venta en el exterior, aunque posteriormente se autorizó la instalación de puestos desmontables en las calles perimetrales que aún se mantienen.

Las obras se iniciaron en el año 1933 y se terminaron en 1935. El conocido como Mercado Ingeniero Torroja es un sobresaliente ejemplo de colaboración entre la arquitectura funcional y la moderna ingeniería basada en el hormigón armado.

Hoy día es considerada una obra fundamental para la comprensión de la arquitectura española del primer tercio del siglo XX. Torroja había acabado la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en el año 1923 y pronto comenzó a interesarse por valores de simplicidad y funcionalidad que tan bien podía expresar con un nuevo material como era el hormigón armado y pretensado.

Manuel Sánchez Arcas había estudiado arquitectura en Madrid, licenciándose en 1921 para viajar a Londres donde amplió sus conocimientos y se puso en contacto con las más actuales tendencias en arquitectura. Antes de colaborar con Eduardo Torroja en la construcción del mercado de Algeciras había redactado con él otros importantes proyectos. Juntos fundaron el Instituto Técnico de la Construcción y Edificación y la revista “Hormigón y Acero”. Para Eduardo Torroja, la forma geométrica limpia y desnuda se bastaba a sí misma para expresar el concepto estético.

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