Luis Soler, comprometido militante del humanismo social y del amor por el Flamenco

Obituario

Luis Soler.
Luis Soler. / ES.
Juan José Silva López

07 de febrero 2026 - 04:01

Nos ha dejado Luis Soler Guevara, un hombre de bien, excelente persona, íntegro, humilde y comprometido en todos los ámbitos y frentes en los que se movió a lo largo de su vida. Un amigo siempre leal y desprendido con cuantos le queríamos. Les aseguro que, en el caso de Luis, las palabras anteriores no son meros calificativos bienintencionados a los que recurrimos como “lugares comunes” cuando alguien cercano fallece. No es así, sino que esta es una estricta y rotunda verdad.

Conocí a Luis cuando ya era delegado de Urbanismo y portavoz del Partido Comunista de España, bien secundado por su amigo Francisco Acevedo Toledo dentro del equipo de gobierno municipal tripartito de Algeciras que presidió como alcalde Francisco Esteban Bautista, un equipo salido de las primeras Elecciones Municipales, celebradas el 3 de Abril de 1979.

Algeciras era entonces una ciudad en la que ya residían por entonces más de 83.000 habitantes, y en la que -ante la permisividad municipal, y al amparo de una aplicación primordialmente especulativa del Plan de Ordenación Alvear de 1969-, el desarrollo urbanístico se había producido de forma anárquica, incontrolada y muy selectiva y desigual, dando pie a la progresiva devastación y densificación del centro urbano y sobre todo de su frente marítimo, con edificios de gran altura y volumetría, dotados de escasos equipamientos y espacios libres públicos, lo que favoreció los intereses de un sector inmobiliario que multiplicó en esa etapa, sin muchos escrúpulos, su gran nivel de beneficios económicos.

Luis Soler (izq.) en casa de María Soleá junto a José Vargas.
Luis Soler (izq.) en casa de María Soleá junto a José Vargas.

En ese escenario Luis -con la asistencia esencial del cualificado arquitecto Pedro Pérez Blanco y de su buen equipo técnico-, tuvo que acometer la ardua tarea que suponía frenar ese proceso especulativo y resolver todas las citadas carencias urbanísticas de la ciudad mediante la revisión del Plan Alvear, en cuyo proceso de participación pública lo conocí como miembro del grupo ecologista “Asociación para la Defensa de la Naturaleza del Campo de Gibraltar”.

Trató así de reconducir cuanto antes la primacía de los intereses de numerosos propietarios de suelo y sagaces promotores inmobiliarios, y equilibrar la situación, haciendo prevalecer, como representante municipal, los legítimos derechos urbanísticos colectivos de todos sus habitantes. Esta trascendental tarea supuso para él tener que suspender su actividad profesional de delineante por el evidente conflicto de intereses, que limitaba también su libertad de actuación.

Fue de los pocos concejales de Urbanismo que después de dejarlo estaba más pobre que cuando empezó

Este gesto de honradez e integridad profesional y política es el primero que queremos destacar ahora de él. Fue el primer y trascendente compromiso social que los algecireños hemos de agradecer hoy a Luis Soler. Algún tiempo después, ya desprovisto de sus responsabilidades de gobernante municipal, algunos miembros señalados de este sector inmobiliario algecireño, en pago a su valentía y coherencia personal y política le negaron a Luis el pan y la sal como profesional de la delineación, lo que le acarreó una difícil situación económica personal.

"Fue de los pocos concejales de Urbanismo que después de dejar la delegación estaba más pobre que cuando empezó", señalaría muy expresivamente un compañero de Corporación muchos años después, reconociendo su integridad personal como político y gestor público en el primer Ayuntamiento democrático de esta ciudad.

Nuestro buen amigo tuvo entonces que solventar esa complicada situación acudiendo para ello al ejercicio de lo que constituyó su otro gran compromiso y también muy apasionada dedicación personal: la del estudio, investigación y difusión del arte musical andaluz por excelencia, el Flamenco, ese al que se aficionó desde muy joven y que una vez definió como … "la música más sublime creada por el hombre”, y que para él -como gran aficionado y amante de la misma que siempre fue- supuso "una forma de sentir, de vivir, de ser y de tomar una actitud ante la vida“, que, esta vez sí, tanta felicidad, satisfacciones personales, premios y reconocimientos le reportó.

Luis Soler (der.) junto a los miembros de la Sociedad del Cante Grande en Algeciras.
Luis Soler (der.) junto a los miembros de la Sociedad del Cante Grande en Algeciras.

Recuerdo ahora como me reconvino respetuosamente en el curso de una conferencia que el Casino de Algeciras me invitó a impartir en el otoño de 1983 en la que analizaba los distintos entornos y “escenarios” donde se había venido produciendo el arte flamenco a lo largo de su evolución histórica. Su forma vehemente y muy fundada de rebatir esa noche alguno de mis asertos me sirvió para empezar a conocerlo en esta otra preciada faceta, la del amor por el Flamenco que siempre nos unió.

Practicó su magisterio de una forma desprendida, compartiendo no solo sus profundos conocimientos y vivencias en el ámbito flamenco, sino también sus amplios archivos fonográficos y grabaciones, con cuantos nos acercábamos a él solicitando su ayuda o sus sabios consejos. No había, ni seguramente habrá, muchos como él, en este aspecto y con esa actitud, en el mundo del Flamenco.

El Flamenco en general, y especialmente el Flamenco y los flamencos del Campo de Gibraltar nos hemos quedado huérfanos de uno de los mejores conocedores y amantes de este nuestro arte musical por antonomasia, cuyas emociones él trasmitía y contagiaba a los demás como nadie.

Permíteme por eso Luis que, en nombre de cuantos te quisimos en vida, te envíe ahora, estés donde estés, un fuerte abrazo de paz y de agradecimiento, que quiero extender a tu mujer Isabelita, a tu sobrino Ramón y a tus dos hijas, por tu perenne ejemplo personal y humano en todas las facetas.

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