La imagen comentada: una representación única e inédita del Calvario en Algeciras (y V)
Observatorio de La Trocha
El Calvario configura un espacio devocional y urbano clave que articula el crecimiento histórico, social y simbólico de Algeciras entre los siglos XVIII y XIX
La imagen comentada: una representación única e inédita del Calvario en Algeciras (IV)
Finalizamos aquí este artículo de la serie La imagen comentada, en la cual iremos estudiando imágenes de interés relacionadas con nuestra historia como ciudad. En las cuatro entregas anteriores, como en la presente, analizamos un plano conservado en los archivos del Servicio Histórico Militar de Madrid, fechado el 30 de octubre de 1799. Representa parte del norte de Algeciras, concretamente la parte baja del sector llamado del Calvario, hoy conocido como avenida de Blas Infante y que se extiende desde la altura de la plaza de Andalucía hasta las ruinas medievales. Gracias a la información proporcionada por este plano inédito, en las anteriores entregas pudimos hablar de calles, manzanas, caminos, cuarteles... y ahora, para finalizar, nos ocupamos del elemento más interesante, El Calvario en sí, que daba nombre a este sector ciudadano, primera expansión de la ciudad hacia el norte, más allá del recinto medieval.
Por cierto, como ya hemos dicho, el Calvario se extendía de oeste a este, paralelamente a las ruinas de las murallas y hoy aproximadamente en el eje de la avenida de Blas Infante. Si Algeciras, destruida por el sultán de Granada exactamente en 1375, durmió más de tres siglos en espera de su momento para emerger de nuevo como población, ésta se desarrolló en un tiempo asombrosamente corto, de 1721 a 1724, sobre todo si tenemos en cuenta como fue el proceso: Ceuta estaba necesitada de una base de aprovisionamiento en la península y buscando para ello el lugar más adecuado, el ingeniero Verboom se convirtió, como es sabido, en el mayor defensor de reconstruir Algeciras.
Pero no fue precisa la aportación económica del estado, pues la iniciativa popular se adelantó a ella, viniendo con toda rapidez repobladores procedentes de toda España. Ello se debió a que Verboom, como buen técnico, necesitaba una representación topográfica lo más exacta posible de la ciudad que pensaba reconstruir, y sobre todo de su fondeadero, planos no solo útiles para sus proyectos de urbanización, sino como muestra gráfica sobre las posibilidades de Algeciras cuando las expusiera ante la corte y principales autoridades del reino. Los miembros de su competente equipo técnico se encargaron de la tarea en todas sus fases y una de ellas, absolutamente imprescindible necesitaba la carta náutica con la batimetría o distintas profundidades del fondeadero, donde posteriormente se levantaría el puerto.
Para lograrlo, era necesario un sondeo, que con los rudimentarios métodos de la época era una difícil y larga tarea, condicionada por mareas, corrientes, oleaje, etc., por lo que el sondeo de Algeciras duró muchos meses, en el transcurso de los cuales la noticia llegó a todas partes y como todo el mundo sabía que una operación tan difícil y costosa no se hacía por capricho, era la mayor garantía de que se iba a construir un puerto, que necesitaría muchos servicios, mano de obra para ejercerlos y casas para acogerlos. Por lo tanto, iba a correr el dinero, por ello no vino aquí solamente personal poco cualificado, sino una serie de inversores y entre todos aquellos emprendedores y aventureros realizaron el milagro de dar forma a la nueva ciudad solo con su esfuerzo personal.
Los recién llegados utilizaron como cimientos las antiguas ruinas, siguiendo algunas antiguas calles medievales, unas convertidas en caminos y otras aún visibles, mientras que reaprovechaban las ingentes masas de escombros como material de construcción. Ya desde un principio y dentro del espacio de ruinas, y paralelamente a la edificación a orillas de las vías preexistentes, se perfilan dos núcleos principales, el más importante al sur, en la llanura aluvial o sea desde la Marina y la plaza Baja hacia el oeste, lo cual es lógico dado que la razón de ser de la nueva población eran las actividades marítimas.
Pero durante los siglos de la ciudad destruida, ésta no era un desierto absoluto, pues siempre, tanto las ruinas como la periferia fueron objeto de explotación agraria, en especial las fértiles vegas del río de la Miel. Y estos campesinos residían en algunos cortijos fortificados y repartidos por las ruinas, siendo el más importante el Cortijo de Varela, también conocido como Cortijo de Los Gálvez, cuyas edificaciones se extendían de norte a sur en la manzana comprendida entre las calles Radio Algeciras y Muro, estando el límite sur en el callejón Bilbao y el norte en la calle Murillo. A lo largo de este espacio se extendían diversos edificios, uno de ellos la capilla de Europa.
La citada cortijada fue el foco del otro núcleo de atracción y poblamiento, en la parte alta de la ciudad, sobre todo en el arranque de la actual calle del Convento o Alfonso XI y alrededor de la plaza Alta. En este punto debemos hacer constar que las dos plazas, Alta y Baja, eran anteriores a la ordenación urbanística de Verboom y éste se limitó a incluirlas en el trazado que diseñó para intentar poner orden en el caótico y espontáneo urbanismo de aquella incipiente Algeciras. Como en esos enigmáticos espacios vacíos de la vieja ciudad medieval no había ruinas, allí los repobladores no encontraron cimientos aprovechables y por lo tanto respetaron esas explanadas, cuya explicación está en proceso de estudio.
En aquellas décadas iniciales, el poblamiento solo se apoyaba en las murallas medievales en la parte que daba al mar y en el resto, o sea en la banda del río, el Secano o el Calvario, Verboom estableció muy severamente que el caserío debía guardar un espacio “intocable” no solo sobre las murallas o su zona exterior, sino en relación con su parte interna, a causa que nuestro ingeniero quería fortificar Algeciras “a la moderna” y para ello necesitaba las viejas murallas no solo para eventual cimentación, sino como cómodo acopio de materiales. Paralelamente, el no edificar sobre las ruinas de murallas evitaba el siempre desagradable y oneroso procedimiento de la expropiación.
Estas disposiciones, ya no tenían vigor en el siglo XIX, cuando el barrio de San Isidro llegó al Secano y como ejemplo, en la calle Teniente Farmacéutico Miranda, se han localizado restos de muralla bajo algunos inmuebles, o sea el patio del Loro y el actual centro Paco de Lucía. Pero al norte de la población la urbanización fue más rápida y cuando las manzanas llegaron al Calvario, no solo seguían alguna vía trazada por Verboom, como la calle Ancha, sino que respetaron escrupulosamente el espacio interno que debería quedar libre ante las murallas, cuyos restos se encuentran, no cimentando las casas, sino hacia el centro de la actual avenida de Blas Infante o antiguo Calvario. Pero el espacio al exterior de los muros sí quedó libre en todo el perímetro, salvo, como hemos dicho, ante el mar, formando así las típicas “rondas”, características de tantas ciudades, como la calle Porvera de Jerez, la de Carretería en Málaga o las extensas rondas de Sevilla.
Hay que decir que ya para fines del XVIII, las murallas habían desaparecido por completo en la zona del Calvario. La ronda norte o del Calvario en Algeciras fue muy importante en la ampliación urbana, pues en una primera fase fue “la zona lúdica” iniciada desde el oeste por las sucesivas plazas de toros (la Constancia y la Perseverancia), la Alameda nueva y el Parque María Cristina, sin olvidar el emplazamiento de la Feria Real. A esta sucedió una segunda fase debida a la presión del crecimiento urbano, que eliminó la zona lúdica a excepción del parque María Cristina e inició el fallido ensanche ciudadano, de cuyo fracaso trataremos en otro momento.
Y ahora debemos tratar del nombre de este espacio urbano, que se debe a la existencia, a fines del siglo XVIII de un importante elemento devocional, el Calvario o sucesión de estaciones, un recorrido piadoso inspirado en la pasión de Cristo, y concretamente en la vía dolorosa o camino recorrido por el Salvador desde el pretorio, donde fue juzgado por Pilatos, pasando por las calles saliendo fuera de las murallas hasta la colina de la crucifixión llamada Gólgota o lugar de la Calavera.
Los calvarios fueron muy populares en siglos pasados, pero la mayoría han ido desapareciendo víctimas del crecimiento urbanístico o de los vaivenes políticos. Estos conjuntos pueden tener su recorrido completo en el interior de una iglesia, como es el caso de la mayoría de los conservados o bien iniciarse o no en un templo, atravesando las calles de una población, para salir al campo abierto donde estaba el calvario en sí. El camino de los calvarios se dividía en catorce estaciones, que respondían a momentos concretos de esa parte de la pasión: 1- Jesús es condenado a muerte. 2- Jesús carga con la cruz. 3- Jesús cae por primera vez. 4- Jesús encuentra a su Santísima Madre. 5- Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz. 6- La Verónica limpia el rostro de Jesús. 7- Jesús cae por segunda vez. 8- Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén. 9- Jesús cae por tercera vez. 10- Jesús es despojado de sus vestiduras.11- Jesús es clavado en la cruz. 12-Jesús muere en la cruz. 13. Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre. 14. Jesús es sepultado.
En los templos, las estaciones pueden disfrutar de representaciones artísticas, ya sean escultóricas, pictóricas o en azulejo, con las referidas estaciones y lo normal es que partan del altar mayor y a él regresen dando la vuelta al templo por las naves laterales y los pies del templo. Cuando el vía crucis es al exterior, las estaciones pueden estar bastante separadas entre sí y suelen ser simples cruces en esquinas estratégicas, mientras que, en el recorrido por el campo libre, las cruces pueden estar sobre postes o algún tipo de columna.
En cada estación se oraba e incluso la detención podía ser motivo de una pequeña plática. En un vía crucis callejero y nocturno, con recorrido no tradicional que se celebró una noche en Algeciras, con motivo de las misiones celebradas a mediados de los años 60, recordamos perfectamente que una de las estaciones se hizo en la confluencia de la calle Jerez o Ventura Morón, con la de Cristóbal Colón, exactamente en la esquina donde años después estaba la confitería de Mónaco. El punto final del recorrido estaba en el Calvario propiamente dicho, que en algunas poblaciones como San Roque estaba marcado por tres edículos coronados por cruces, mientras que en Los Barrios todavía en 1981 se conservaban en el recorrido callejero algunas de las cruces que marcaban las estaciones o la memoria de las mismas. En 1805, el viajero-espía, Robert Semple, pasó por Algeciras y su testimonio es interesante, pero tiene algunos detalles ingenuos: “Los asesinatos son frecuentes y en la mayoría de sus calles algunas casas están señaladas con una cruz como señal de haberse cometido alguno cerca…”. Según ya ha manifestado algún que otro historiador, el pobre guiri, ignorante de las costumbres religiosas españolas, tomó como recuerdos de asesinatos… ¡las cruces que marcaban las estaciones del vía crucis!
Nuestro vía crucis de Algeciras debió surgir a mediados del siglo XVIII y desaparecer durante el sexenio revolucionario del siglo XX, cuando las autoridades locales prohibieron los símbolos religiosos en las calles. La única representación de este elemento devocional algecireño se encuentra en el plano que estamos estudiando, datado en 1799, pues en él se distinguen con toda claridad cinco pequeños círculos coronados por cruces, que representan columnas, postes o algún otro tipo de elementos sustentantes de las cruces que identificaban cada estación, generalmente acompañadas de los números latinos que las diferenciaban. Signadas claramente como Calvario con la letra G del plano, las estaciones parten de la salida de la ya entonces denominada calle Convento (y no Imperial, como unas décadas antes) y se dirigen hacia el oeste, a lo largo de lo que hoy sería verja y entradas delanteras del actual Parque María Cristina, para posiblemente, siguiendo por las estaciones que ya escapan al espacio del plano, subir hasta la altura de la actual plaza de Andalucía.
Un detalle curioso es que la actual calle Alférez Villalta Medina se llamaba antes Calle de la Cruz Blanca y ello pudo deberse a que en su entrada se conservaría una de las cruces que marcaban las estaciones del Calvario.
También te puede interesar
Lo último