La imagen comentada: una representación única e inédita del Calvario en Algeciras (IV)
Observatorio de La Trocha
Análisis de un plano inédito de 1799 que explica el papel histórico de Algeciras como punto clave de concentración y embarque de presidiarios destinados a Ceuta dentro de las prácticas penales, militares y estratégicas de la España y la Europa de la Edad Moderna
En esta nueva serie de Observatorio de la Trocha comentaremos más imágenes interesantes sobre la historia de la ciudad. En las tres entregas anteriores de este artículo estudiábamos, como en esta, un plano parcial de Algeciras con 227 años de antigüedad, pues está fechado el 30 de octubre de 1799. Se conserva en los archivos del Servicio Histórico Militar de Madrid, representa el norte de la población, con la parte baja del sector conocido como El Calvario. Este se situaba al norte de la ciudad, siguiendo las entonces ya soterradas murallas, extendiéndose desde la salida de la calle Convento o Alfonso XI, hasta los altos de la plaza de Andalucía, o sea, la actual avenida de Blas Infante.
Basándonos en la información aportada por este inédito documento gráfico, hemos visto ya caminos, calles, manzanas, cuarteles de caballería e infantería y en la anterior entrega analizamos la parte trasera del histórico fuerte de Santiago, con su castizo cerramiento a base de pitas… En esta última entrega, hablaremos del proyectado cuartel de presidiarios con destino a Ceuta. Lo que más nos ha llamado la atención, es la referencia al Calvario de Algeciras, que será objeto de nuestra próxima entrega…
El citado cuartel de presidiarios, nos habla de una realidad común a toda Europa, la población reclusa que era destinada a determinados lugares de confinamiento, tratando de cubrir dos objetivos, el alejamiento de gentes indeseables de los grandes centros neurálgicos urbanos y el poblamiento de lugares con especiales dificultades de supervivencia o que por su lejanía no eran atractivos para el poblamiento, como en el caso de Inglaterra mandando sus delincuentes a repoblar Australia. Eran usos entonces comunes a toda Europa y nuestro país no era ajeno a ellos.
Un antecedente relacionado con esta situación era el Privilegio de homicianos u homicidas, mediante el cual, en tiempos de la baja Edad Media, un criminal, siempre que no hubiera atentado contra los intereses del rey, podía huir y refugiarse en determinadas poblaciones, donde estaba a salvo de la justicia. El delincuente, para obtener impunidad, según lo legislado, se obligaba a residir (y a combatir) durante un cierto tiempo en algunas plazas de frontera, consideradas extremadamente peligrosas.
A medida que avanzaba la reconquista en el sur, esta zona crítica se fue desplazando y las poblaciones con estas características se extendieron por toda la frontera del reino de Granada. En nuestro extremo sur, ya el rey Fernando IV estableció el privilegio de homicianos en Gibraltar en 1310, Alfonso XI se lo adjudicó a Tarifa y en cuanto a Olvera, se difundió el refrán “mata al hombre y vete a Olvera”. Especialmente extremo fue el caso de Jimena de la Frontera, aislada en territorio musulmán, a tal punto que, conquistada por los cristianos en 1431, recuperada por los musulmanes en 1451 y reconquistada finalmente por Castilla en 1456, lo cual expresa la inseguridad y angustiosa sensación de peligro sufrida por aquellos que se atrevían a residir en aquellos lugares tan extremos.
La zona de frontera solo se estabilizó en tiempos de los Reyes Católicos, al finalizarse La Reconquista, pero el ímpetu castellano saltó el Estrecho y se quiso continuar la lucha en el norte de África, lo cual se vio frenado tanto por la presencia portuguesa como por la exploración y conquista de América. Pero Ceuta, conquistada por Portugal en 1415, tras la unión de Portugal y España con Felipe II en 1580, finalmente en 1640 decidió voluntariamente quedarse en España. Desgraciadamente, estaba separada por el mar y en territorio enemigo, por lo que la vida allí era muy difícil y poco atractiva.
En aquellos tiempos, la palabra presidio no tenía exactamente al principio una connotación penal, sino que se utilizaba para calificar a una plaza fuerte, en territorio alejado o separado, que por sus difíciles condiciones estaba ocupada básicamente por una guarnición militar. Ese era el caso de la Ceuta, española, que, con un hinterland imposible de mantener en caso de conflicto, dependía en todo de la península, por lo que el habitar allí era difícil y muy peligroso.
En el siglo XVII, el citado privilegio de homicianos fue ya historia, pero aparece en escena el tema de la población penal que se trasladaba forzadamente a los “presidios” militares y Ceuta, se convirtió en el caso más conocido, pues allí, las imprescindibles obras defensivas tenían una gran necesidad de mano de obra, muy difícil de obtener por otros medios. No olvidemos que la plaza estaba en territorio casi constantemente hostil, registrándose en ella el que fue probablemente el asedio más largo de la historia, que nosotros recordemos, pues se desarrolló de 1694 a 1727, es decir, durante ¡33 años!, en el transcurso de los cuales la ciudad dependía en todo del auxilio de la península. Por lo tanto, se utilizó a los desterrados en la construcción y mantenimiento del gigantesco sistema defensivo gracias al cual Ceuta permaneció invicta durante toda la Edad Moderna.
En aquellas épocas en las que no había ferrocarril, ni otros medios de transporte adecuados, salvo las embarcaciones, los presos de toda España se trasladaban trabajosamente a pie por los caminos y para impedir su fuga, se les ataba o encadenaba en hileras formando las tristemente célebres “cuerdas de presos”, penoso espectáculo común en toda Europa hasta épocas demasiado recientes. Estas famosas “cuerdas” han tenido incluso su contacto con la literatura, recordemos el episodio de Don Quijote cuando pretendió liberar a unos presos que eran conducidos a la costa para cumplir pena como galeotes, es decir, remeros forzados en las galeras de la marina real: “… Don Quijote alzó los ojos y vio que por el camino que llevaba venían hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos; venían asimismo con ellos dos hombres de a caballo y dos de a pie: los de a caballo, con escopetas de rueda y los de a pie, con dardos y espadas”.
Excusamos la continuación y desenlace de este conocido episodio, considerando que la descripción del grupo ilustra a la perfección aquella sórdida realidad visible durante aquellos siglos por los caminos de Europa.
Todavía en Algeciras y a principios del siglo XX, los grupos numerosos de presos accedían o partían de la cárcel instalada en el exconvento de la Merced y eufemísticamente llamada “Depósito municipal de presos”, para ir o venir del puerto y el ferrocarril, por medio de una cuerda de presos que atravesaba la ciudad pensamos que a horas discretas y con medios mucho menos severos que en tiempos de Cervantes.
No hemos de extrañarnos de este arcaico método, pues sabemos que a veces, los ciudadanos fallecidos eran trasladados desde el hospital a sus casas para ser velados, en una camilla sobre dos ruedas, a modo de carro, con una discreta cobertura a modo de tejado al parecer a dos aguas y empujado el artilugio por un funcionario. En aquella época, curiosamente no se madrugaba tanto como ahora y la operación se realizaba de amanecida, pero se mantuvo hasta fines de los años 50 del siglo XX. Hay que tener en cuenta el atraso y subdesarrollo de aquellos años, cuando apenas había automóviles u otros vehículos a motor.
Volviendo a los presidiarios, en el referido plano que nos viene ocupando, se hace referencia al proyecto de un cuartel de presidiarios en Algeciras… ¿Y por qué aquí? Pues porque Algeciras era, y sigue siendo, el mejor punto de embarque para Ceuta, no olvidemos que esta plaza, tras la pérdida de Gibraltar en 1704, fue abastecida con mucha dificultad desde Málaga y Cádiz (Tarifa solo disponía de una playa de varada). Algeciras estaba destruida desde 1375, y cuando Verboom, el más importante gestor de la resurrección de Algeciras, puso tanto interés en el resurgimiento, una de las causas, si no la más importante, era garantizar la conexión con Ceuta más cómoda y rápida. Puede decirse, que Algeciras contribuyó a la salvación y mantenimiento de Ceuta y ésta a la resurrección de Algeciras, por lo que son ciudades hermanas formando una indiscutible simbiosis.
Por lo tanto, era lógico que las cuerdas de presos se concentraran en Algeciras para pasar a Ceuta, pero no tenemos por ahora datos de este servicio en las décadas que median entre la reconstrucción de la población de 1721 hasta aproximadamente 1724, con la reutilización del puerto, y las fechas finales del siglo XVIII. Sea lo que sea, el problema del citado alojamiento se trató seriamente al menos en 1799. De esa fecha, hemos localizado un plano en el museo naval, signado 01110, XIX, 17, fechado el 27 de septiembre de 1799 y firmado por Juan Pérez, con el visto bueno de Juan Francisco Méndez, a quienes se debe también el otro plano del Servicio Geográfico Militar, que venimos comentando en estas entregas.
Este poco conocido documento gráfico representa la isla frente a Algeciras bajo el título “Isla Verde o de Las Palomas” y podemos garantizar que es de las primeras veces que dicho accidente geográfico se conoce como Isla Verde, pues en realidad en época musulmana se denominaba isla de Hum Haquim, en época cristiana simplemente Isla de Algeciras y en época moderna, Isla de las Palomas.
En realidad, la denominación Isla Verde fue una imposición erudita debida al Brigadier Tofiño, que ante la existencia de “Punta Paloma” e “Isla de las Palomas en Tarifa”, de la pequeña “Isla de las Palomas” en Punta Carnero, de la Isla de las Palomas en Algeciras e incluso de otros topónimos parecidos en la Costa del Sol, se dio cuenta de las confusiones y peligros que esto significaba para la navegación y puso orden en el “palomar” del Estrecho, cambiando el nombre de la isla de las Palomas en Algeciras por “Isla Verde” seguramente por consejo de algún historiador, basándose en el origen del nombre de Algeciras, pero la realidad es que la primitiva y verdadera Isla Verde, origen del nombre de la ciudad, estaba en otro lugar, y de ello hablaremos en breve.
Regresando a nuestro tema, en el referido plano del museo naval, se dibuja en la Isla Verde la planta esquemática de un “Cuartel proyectado para las cuerdas de presidiarios que pasan a Ceuta”, muy alargado y estrecho, fuera del recinto del fuerte y demasiado cerca de la orilla, por lo que no es difícil imaginar las condiciones de insalubridad que iban a soportar los desdichados allí encerrados, aunque fuera por pocos días.
Posiblemente, se había buscado en un principio un emplazamiento en la isla, para dificultar las fugas, pero si unimos que ello obligaba en el fondeadero de Algeciras a dos operaciones de transbordo, reducidas a una si el cuartel estaba en tierra firme, no nos extrañará que se desistiera de esa primera idea y 33 días más tarde, haya referencia a otro proyecto de cuartel, de emplazamiento más saludable y en el ámbito del barrio castrense que se había ido formando al norte de Algeciras.
Nos referimos, claro está, a nuestro comentado plano del 30 de octubre de 1799, representando un sector del Calvario. Allí, el objetivo principal es un edificio muy alargado, de planta rectangular, que signado con la letra S y coloreado en amarillo, se denomina “Cuartel para las cuerdas de presidiarios para Ceuta”. Además, el emplazamiento estaba también fuera de la población. No sabemos si el proyectado edificio se llegó a construir, y agradecemos a los tiempos actuales el que aquellos usos hayan desaparecido en pro de un tratamiento más humano para la población penal.
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