La imagen comentada: plano de la llamada Banda del Río de Algeciras en 1736 (III)
El plano del siglo XVIII documenta la infraestructura viaria, hidráulica y agraria del entorno del río de la Miel y su conexión estratégica con la ciudad
La propuesta de Juan Simón Varela desencadena un conflicto administrativo y territorial que revela la complejidad urbanística y militar
La imagen comentada: plano de la llamada Banda del Río de Algeciras en 1736 (II)
Dentro de Observatorio de la Trocha abrimos recientemente esta serie La imagen comentada dentro de la cual iremos estudiando una serie de planos, grabados, cuadros, fotografías, etc., de especial relevancia para la ciudad, pues representan momentos históricos importantes para Algeciras o bien pueden aportar conocimientos sobre su historia y evolución urbana.
En nuestra entrega anterior explicábamos como en la Algeciras de 1736 un algecireño, Juan Simón Varela, había ofrecido a la corona la restauración del puente sobre el río de La Miel, que estaba en el lugar del mucho más tarde conocido como Puente del Matadero, a cambio de poder utilizar para la agricultura un espacio agrario conocido como El Realejo, comprendido entre la actual calle Alameda, la orilla del río, el camino entre la hoy desaparecida Puerta de Tarifa (Entrada a la plaza de Juan de Lima) y las ruinas del puente que se pretendía reconstruir. Pero había otros intereses a considerar en el asunto, lo cual motivó el interés oficial por conocer los detalles del ofrecimiento, generándose determinada documentación, a la cual corresponde el plano aquí estudiado, en esta entrega donde estudiamos algunos elementos.
Camino de Tarifa
Situado en el ángulo superior izquierdo del plano, era muy antiguo, seguía la traza actual de la avenida Gesto por la Paz y tras atravesar la estrecha llanura de ese punto, al llegar al piedemonte de la cuesta, en la actual calle Carteya, se dividía en dos ramales. Uno pasaba muy cerca de las murallas de la Villa Vieja para acceder a la depresión del Saladillo, la ensenada de Getares y Punta Carnero, mientras que el otro ramal, en una rampa más suave y alargada, subía hasta los altos de la Piñera y enfilaba el camino interior a Tarifa, siguiendo el trazado de la actual Avenida Gesto por la Paz. De ambos ramales salían caminos secundarios, según las necesidades de la explotación agraria, que en esta zona se centraba en los cultivos de secano y la ganadería siendo ambas producciones bastante importantes en la periferia más o menos cercana de la ciudad. En el plano, las letras J-K marcan un tramo del camino inmediato al puente y denominado Calzada menor, indudablemente en relación con nuestro apartado cuarto o camino empedrado, al otro lado del puente.
Puente grande
Este es el verdadero protagonista del plano, más importante aún que la zona de huerta llamada El Realejo. En el plano figura en el registro superior como KN Puente en perfil, en el registro central como 1-Ruinas de la Puente y dada su importancia, se le dedica el tercer registro o inferior, de este plano.
Para cumplir correctamente su función, los puentes no solo tenían que estar muy bien diseñados y construidos, sino que su lugar de asentamiento debía ser cuidadosamente elegido por dos motivos, siendo el primero la posición en el lugar más oportuno para canalizar los tránsitos y el segundo la idoneidad del terreno para establecer los cimientos. Ambas cosas se cumplen en este caso, pues aproximadamente a la misma distancia de las dos villas, sin demasiado rodeo, podía comunicarlas entre sí, y desde luego tanto favorecía la comunicación de la villa norte o grande con la zona de Tarifa, Medina Sidonia y Jerez, como el paso desde la villa sur o pequeña a la bahía, Ronda o Málaga. En cuanto a la cimentación, no es casual que el pequeño estuario fuera navegable para embarcaciones ligeras hasta pocos metros del puente, que al parecer estaba asentado en una especie de umbral sobre terreno más firme que el extendido aguas abajo de él. En todo caso, geólogos y arquitectos tienen la palabra y sería interesante revisar los estudios técnicos previos al puente que sustituyó en 1880 al antiguo, e incluso los del actual viaducto levantado en ese lugar.
La escasez de fuentes históricas, referencias, constancia gráfica o evidencias materiales de carácter arqueológico dificultan la adscripción crono-cultural de este elemento. Desde luego, conociendo el cuidado que pusieron los romanos en cuanto a comunicaciones sería raro que no cuidaran el paso sobre el río de La miel, en un área de tanto interés económico como la bahía y las costas cercanas, con su rosario de factorías de salazón.
Según los especialistas en puentes romanos, el tablero o paso superior se resolvía habitualmente con un plano horizontal y no hay trazas que puedan afirmar esto en la documentación gráfica. No obstante, en algunos puentes romanos, la parte aérea o vanos sobre la corriente se resolvía en base a estructuras no pétreas, sino de madera, de las cuales, lógicamente no queda nada tras el paso de los siglos.
En este puente lo que se ve en los testimonios gráficos como más antiguo, pudiera ser medieval y no romano, tratándose de los machones o pilares, representados en el plano con planta cuadrada o casi rectangular, de caras planas, sin tajamares o defensas, tanto delanteras como traseras, ante la corriente, lo cual tampoco es habitual en la construcción romana de puentes.
Acopio de materiales
Figura en el registro o banda central del plano como 2 Materiales que hai agregados para la hobra y establezimiento (hemos respetado la ortografía de la época). Es un tipo de representación nada frecuente, ya que los edificios se representan siempre en proyecto o ya construidos por lo que es insólita esta imagen. Lo más parecido en la comarca es la extraordinaria planimetría histórica generada al construir en el siglo XVIII la Línea de Contravalación ante Gibraltar, que llega a reflejar incluso los alojamientos efímeros de los constructores. En el caso que nos ocupa, la piedra reunida podía haber sido extraída del cauce del río, en especial de las mismas ruinas del puente primitivo, sin descartar las ruinosas murallas de la ciudad, cuyo expolio tanto contribuyó a su reconstrucción en la tercera década de aquel siglo.
Camino empedrado
Figura como 3 Arrecife que se demuestra antiguo que siguió a la Puerta de Tarifa. Ya referimos que esta denominación era sinónimo de camino empedrado, que allí había sido imprescindible siglos antes para comunicar de forma cómoda y segura la puerta de Tarifa con la otra orilla del río, dado que esa zona estaba sujeta a las recurrentes inundaciones propias del resto de la vega, lo que ocasionaba barrizales y suelo inestable. Es muy interesante el que un importante vestigio de estos “arrecifes” apareció rodeado de terreno pantanoso, en una excavación arqueológica realizada hace décadas en la esquina de la calle Santacana con la de Tarifa. Sobre este tema, en relación con las fases de crecimiento de la ciudad medieval ya hablaremos en su momento.
Huerta y cortijo al norte del Realejo
Figura como 4. Huerta por donde pasa el arrecife y viene a ser una pequeña muestra de los muchos establecimientos agrícolas de regadío en que se dividía la fértil vega de Algeciras, por donde se hizo venir el ferrocarril a fines del siglo XIX.
La huerta que aquí vemos tenía un diseño bastante ordenado, dividido en parcelas, secciones o zonas de cultivo rectangulares, de los cuales son visibles 21, con planta rectangular y caminos anchos entre ellas, de orientación NO-SE, unidos por otros más estrechos y en sentido SO-NE.
Esta disposición aparentemente está condicionada por el camino de las huertas, actual avenida de Agustín Bálsamo y el autor del plano puso especial cuidado en representar convencionalmente diferentes tipos de cultivo dentro de cada parcela, lo cual nos habla de un sistema rotacional, o de alternancia cíclica de diferentes plantas, siendo sinónimo de prácticas agrícolas correctas.
Aparece la cortijada base de esta explotación, representada en dos de los registros del plano, tanto en planta como en perspectiva caballera, apreciándose dos edificios de diferente tamaño, formando calle entre ellos, con una planta a modo de torre en el mayor y con cinco árboles al lado. En el edificio principal la fachada mayor da al arrecife y la menor al citado camino de las huertas.
Especial interés tiene el que la finca estaba cuidadosamente cercada, aspecto ineludible en una huerta tan cercana a una población y en la confluencia de tres concurridos caminos: el de Tarifa, o el ya citado de las huertas, además de la ronda del Secano, paralela a las murallas. Tal como hemos observado en otros planos de Algeciras, la representación de la cerca refleja una tupida línea de las populares pitas (Agave americana), que cuando cierran bien el espacio entre sí con dos hileras muy juntas, son disuasorias ante el intento de paso.
Hay que tener en cuenta que aún faltaban exactamente 138 años para que el actual alambre de espinos fuera inventado, patentado y difundido en Estados Unidos, concretamente fue en 1874 cuando apareció este práctico protector de la propiedad privada, que puso orden en la agricultura y el control del ganado. Además, las pitas tienen unas finas raíces, duras y largas (con ellas se trenzaban las mejores cuerdas) que sostienen admirablemente el subsuelo en los terraplenes, o como en este caso en un inestable terreno de aluvión, amenazado estacionalmente por las crecidas del río de La Miel.
Esta cerca tenía (en el plano) una entrada o puerta oficial que daba al camino de las huertas y coincidente con la calle entre los dos edificios del cortijo. Pero en esta finca, cuyo nombre desgraciadamente desconocemos, el arrecife era lógicamente un estorbo para la agricultura, pese a lo cual las parcelas o divisiones de los cultivos se trazaron sin tener en cuenta sus restos, o sea, atravesándolos cuando convenía. Pero el arrecife también fue un obstáculo para la cerca, pues sobre aquel empedrado no se podían sembrar pitas, lo cual creaba dos puntos conflictivos, uno junto al puente y otro dando al camino de las huertas, este último inmediato a la entrada oficial a la finca. Como esto era un problema ante la defensa del cultivo contra los hurtos, debía existir otro tipo de cierre en los dos puntos citados y como de ello no hay muestra en el plano, tal vez el paso por el arrecife quedó expedito, pero cerrando el paso a los cultivos con una empalizada.
Posible cañada
Aparece en el plano un espacio libre entre la finca descrita y la de El Realejo, que al tener en un extremo los restos del puente con la posible zona de vadeo, y al otro la entrada a la calle Tarifa, era un indudable lugar de paso, más antiguo y funcional que el arrecife. Pensamos que correspondía al camino tradicional que partía de la confluencia de la actual calle Emilio Santacana con la de Tarifa y que al levantarse el último y exterior recinto de Algeciras, en la baja Edad Media, debido a ser inundable y pantanoso, fue cerrado por la muralla y desviado intramuros hacia la nueva Puerta de Tarifa y el arrecife hacia el puente. Tanto la ruina de la puerta como la de la muralla hizo recuperar el paso antiguo entre el camino-calle de Tarifa y el puente. Ese espacio libre o paso es denominado así en el plano: 10. Terreno fangoso e intratable (intransitable) en tiempo de lluvias e invierno. Pero no sería lo mismo en el resto del año.
La morfología de este espacio de paso es muy peculiar y recuerda a las típicas cañadas o vías pecuarias, muy anchas, para que el ganado pudiera pasar con facilidad e incluso pastar en sus bordes. Tiene en su centro un ensanchamiento, que podría ser uno de los típicos descansaderos que aún jalonan estas peculiares vías. Está probada documentalmente la riqueza ganadera de los campos al sur de las ruinas de Algeciras, en especial los de la zona de Getares y es lógico que este fuera uno de los pasos del río, que una vez atravesado, enlazaba con el camino real atravesando las ruinas hacia el norte.
Una posibilidad es el embarque de las reses en algún punto de la banda del río, entonces navegable para embarcaciones de poco fondo y ello justificaría el gran espacio ante las murallas. Según la documentación esta franja la quiso cultivar el famoso Juan Simón Varela, provocando la protesta del estamento militar al estorbar el paso de las fuerzas de caballería basadas en el Cuartel del Pozo del Rey, que luego se convirtió en la sede del Gobierno Militar que hemos conocido.
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