In memoriam

¿De qué hablamos, Ernesto?

La capilla ardiente de Ernesto Delgado en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Algeciras, en presencia de quienes han sido alcaldes de la ciudad en el último período democrático: José Ignacio Landaluce, Francisco Esteban, Diego Sánchez Rull, Juan Antonio Palacios y Tomás Herrera.

La capilla ardiente de Ernesto Delgado en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Algeciras, en presencia de quienes han sido alcaldes de la ciudad en el último período democrático: José Ignacio Landaluce, Francisco Esteban, Diego Sánchez Rull, Juan Antonio Palacios y Tomás Herrera. / Vanessa Pérez

Tengo una silla vacía frente a mí, esa silla que te esperaba para la reunión que teníamos pendiente y donde te iba a entregar mi última novela publicada y un retrato que te pinté. Un café, una copa, lo que fuera, eso era lo de menos, nos esperaba para comentar los más diversos temas.

¿De qué hablamos, Ernesto? De tus problemas con la visión, que pronto tendrían solución, y de que estabas animado y confiado en que todo saldría bien.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando nos conocíamos en Ceuta allá por los años sesenta del pasado siglo, cuando jugabas como central contundente y yo un mediocre extremo izquierda de la Unión África Ceutí, que a veces cruzábamos nuestras trayectorias en el viejo campo de fútbol del 54, donde cada semana dejábamos la piel en su áspero, árido y desigual terreno de juego.

¿De qué hablamos, Ernesto? De aquella constancia en conquistar a aquella jovencita estudiante de Magisterio, guapa, rubia de ojos azules, que años más tarde llevaste al altar y luego de te dio unos hijos maravillosos.

¿De qué hablamos, Ernesto? Cuando nos volvimos a encontrar algunos años más tarde en el ayuntamiento, sí, el ayuntamiento, pero no por razones políticas, sino porque fuimos a elegir colegio cuando llegamos en 1978 destinado a Algeciras. Y elegimos el mismo centro, Santa María Micaela en la Bajadilla, aquel curso con muchas particularidades que tú y yo sabemos, y que pude comprobar cómo cuarenta y seis años después, muchos de aquellos alumnos aún te recordaban con cariño. De ahí su presencia en el tanatorio. También sirvió para solidificara nuestra amistad, hasta el punto de que nos elegiste como padrinos de tu hijo.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando fui a buscarte, para embarcarte en el proyecto de fomentar un deporte, hasta entonces desconocido en Algeciras, como era la natación, del que fuiste su primer presidente y que solo la decisión de los ciudadanos al elegirte alcalde te obligó a apartarte, pero nunca a olvidarnos.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando íbamos a Sevilla cada fin de semana a hacer el curso de entrenador de natación, y que aprovechábamos para ver los partidos del Sevilla o el Betis.

¿De qué hablamos, Ernesto? De nuestros viajes familiares con montones de anécdotas que llevan la sonrisa a nuestros rostros al recordarlas, otras, no tantas. Como aquel día en Portugal, poco tiempo después de La revolución de los claveles tuvimos que salir por patas de un bar porque nos llamaban espanhois assassinos.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando te acompañé en el nacimiento de FETE-UGT y que trabajamos en bien de nuestros compañeros de la enseñanza y te abrió las puertas para aspirar a la Alcaldía de la ciudad que tanto querías.

¿De qué hablamos, Ernesto? Cuando tuvimos que sortear una grave crisis interna en el PSOE en el verano de 1986, tú como secretario general y yo como secretario de organización que con habilidad pudiste reconducir, pero que dejó tocado el comité local por algunos años.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando en tu segundo mandato como regidor me asignaste, como teniente alcalde, la responsabilidad de las delegaciones de Hacienda y Personal. De las largas deliberaciones, siempre asesorados por los sabios consejos de Andrés Cerrillo, para encontrar una refinanciación del pasivo municipal, que logramos, y ahorramos muchos millones de pesetas en intereses a los algecireños. De las prolongadas reuniones para conseguir un convenio colectivo para los empleados municipales y que hoy en su base sigue vigente.

Te contaría del cariño que han mostrado la gente en tu adiós en tu descanso eterno, donde una ciudad que creía te había olvidado, se ha volcado demostrándote el afecto que siempre te han dispensado y te merecías

¿De qué hablamos, Ernesto? De la cantidad de logros, obras y proyectos que comandaste, dando Algeciras un salto de calidad y que hoy, apenas quedan placas o rótulos que lo certifiquen. De que una semana antes del voto de censura, que privó a nuestra ciudad de una persona de tu valía, un grupo de funcionarios y amigos elaboramos y colocamos la placa que hay subiendo las escaleras del Polideportivo, porque si no lo hacíamos, con el paso del tiempo quedaría en el olvido, como otras tantas, ignorando al artífice de aquella ilusión que cuando se proyectaba parecía una utopía.

¿De qué hablamos, Ernesto? De que las intrigas y luchas internas que querían empañar tu gestión por ambiciones personales, que provocaron aquel voto de censura y dejaras la alcaldía después de ocho años y seis meses, más o menos, privando a la ciudad de un regidor moderno. Hablamos de tu estancia en Granada, yo le decía "destierro", algo que no te gustaba, pero que sirvió para que tus hijas terminaran sus carreras y dedicarle más tiempo a la familia.

¿De qué hablamos, Ernesto? De cuando permutábamos las plazas en los institutos, yo en el Ventura Morón -que nunca pisé- al estar en situación de servicios especiales, y tú en el Torrealmirante, que te pillaba algo alejado de tu domicilio.

¿De qué hablamos, Ernesto? Te contaría del cariño que han mostrado la gente en tu adiós en tu descanso eterno, donde una ciudad que creía te había olvidado, se ha volcado demostrándote el afecto que siempre te han dispensado y te merecías.

¿De qué hablamos, Ernesto? De tantas y tantas cosas que quedan en el tintero, y que un día cuando nos encontremos sigamos recordando.

¡Ah! No te enfades si te hago esperar.

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