Condenado a 14 años tras ser detenido en Algeciras por abusar sexualmente de su hijastra y grabarla con cámaras espía

La Audiencia de Málaga impone prisión, inhabilitación y 12.000 euros de indemnización al arrestado, que le daba infusiones con sedantes a la menor

El TSJA ratifica cuatro años de cárcel para un hombre por abusar sexualmente de la hija de su pareja en Algeciras

Un policía nacional, a la entrada a la Audiencia  Provincial de  Málaga.
Un policía nacional, a la entrada a la Audiencia Provincial de Málaga. / EFE/Daniel Pérez

La Audiencia Provincial de Málaga ha dictado una condena ejemplar de 14 años de prisión contra un hombre que convirtió el hogar familiar en una trampa para la hija adolescente de su pareja. Durante años, el depredador abusó sistemáticamente de la menor utilizando un modus operandi tan elaborado como perturbador: le suministraba infusiones con sustancias sedantes para anular su voluntad, la grababa con cámaras ocultas y la sometía a tocamientos bajo la excusa de darle "masajes terapéuticos".

El caso, que ha conmocionado a la provincia andaluza, comenzó cuando la víctima tenía apenas once años y el acusado inició su convivencia con su madre en 2016.

Un arsenal de cámaras espía para vigilar a su víctima

La meticulosa planificación del agresor quedó al descubierto cuando el novio de la joven encontró por casualidad dos cámaras de grabación ocultas: una sujeta con bridas bajo el lavabo del baño, enfocando directamente hacia la zona del inodoro, y otra camuflada en un falso enchufe frente a la cama donde dormía la menor.

Pero eso era solo la punta del iceberg. La investigación policial posterior reveló un inquietante catálogo de dispositivos de espionaje diseminados por toda la vivienda: cámaras ocultas en un llavero, dentro de una bombilla e incluso en un peluche. El objetivo era siempre el mismo: obtener imágenes íntimas de la víctima sin su conocimiento ni consentimiento.

Masajes forzados y sedantes

Según recoge la sentencia de la Sección Primera de la Audiencia malagueña, el acusado empleaba distintas estrategias para consumar sus agresiones. En ocasiones, con la excusa de que la adolescente sufría dolores de espalda y cuello, insistía en darle masajes que derivaban en tocamientos, ignorando sus súplicas de que se detuviera.

Otras veces, ante la negativa de la menor, el hombre recurría a un método aún más siniestro: le preparaba infusiones en las que mezclaba sustancias ansiolíticas e hipnóticas. Una vez que la joven caía en un sueño profundo inducido por los fármacos, el agresor entraba en su habitación, la desnudaba y abusaba de ella mientras las cámaras ocultas documentaban la escena.

En una ocasión recogida en el fallo judicial, tras suministrarle una de estas infusiones narcotizadas, el hombre entró creyendo que ya estaba completamente dormida. Se acercó a la cama, comenzó a retirar las sábanas y la ropa de la menor, pero huyó precipitadamente cuando ella se movió.

Pornografía infantil

Cuando la joven finalmente reunió valor para denunciar junto a su madre, la investigación policial descubrió material que convertía el caso en aún más grave. En el domicilio se intervinieron CD y DVD con imágenes y vídeos de la menor desnuda y siendo víctima de tocamientos. Además, los investigadores hallaron archivos con pornografía infantil que mostraban a otros menores realizando actos sexuales.

Los análisis toxicológicos realizados a la víctima confirmaron la presencia en su organismo de las mismas sustancias sedantes que fueron encontradas en el domicilio del acusado, corroborando así su terrible relato.

Capturado intentando escapar a Tánger

Consciente de que su mundo estaba a punto de derrumbarse, el procesado intentó una huida desesperada. Fue detenido por las autoridades en el puesto fronterizo marítimo de Algeciras cuando se disponía a embarcar con destino a Tánger (Marruecos) en un intento de eludir la acción de la justicia española.

Durante su declaración judicial, el acusado reconoció expresamente toda la dinámica delictiva expuesta por las acusaciones, una confesión que el tribunal considera "por sí sola prueba de cargo suficiente", aunque existen múltiples evidencias adicionales que lo incriminan.

Proteger a la víctima

La Audiencia Provincial ha condenado al depredador por cuatro delitos: agresión sexual con prevalimiento y anulación de la voluntad mediante sustancias, delito contra la intimidad, utilización de menores para elaboración de material pornográfico y posesión de pornografía infantil.

Además de los 14 años de prisión, la sentencia impone prohibición de aproximación y comunicación con la víctima durante una década, libertad vigilada de diez años tras cumplir la condena, inhabilitación permanente para cualquier actividad relacionada con menores, y una indemnización de 12.000 euros por secuelas y daño moral.

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