Tribuna | Medalla de Andalucía de las Artes Pepe de Lucía, vivir y soñar...

  • La Medalla de Andalucía de las Artes que recibe este 28 de febrero corona una carrera cuya característica fundamental ha sido la construcción de un nuevo lenguaje para el flamenco actual

Pepe de Lucía.

Pepe de Lucía. / Daniel Rosell

Pepe de Lucía es uno de los eslabones más importantes en el hilo argumental de la transición del flamenco hacia la modernidad. Lo es más allá de ser hermano del músico más universal que ha dado el flamenco de todos los tiempos, Paco de Lucía.

La Medalla de Andalucía de las Artes que llega este 28 de febrero a sus manos corona una carrera cuya característica fundamental ha sido la construcción de un nuevo lenguaje para el flamenco de hoy. Un lenguaje sobre el que se han apoyado las nuevas generaciones de un arte que necesitaba una bocanada de aire fresco, acorde con los nuevos tiempos. No fue fácil abrir nuevos caminos. Sobre todo, cuando la ortodoxia más feroz aún padecía una galopante miopía que le impedía ver el alcance de la obra de ingeniería que estaban construyendo los Lucía para el flamenco. Ahora ya no hay dudas… Pero, a todas luces, Pepe, -al igual que hizo Paco- siempre se dejó guiar por su intuición, su sentido de la libertad y su inspiración. 

Profundo conocedor de las raíces del flamenco conocido hasta entonces, sabedor de todos los palos y del cante para bailar, Pepe de Lucía siempre ha mantenido intacto su espíritu creativo, libre de cadenas, incluso a veces salvaje (algo que no siempre le favoreció). Un artista capaz de cantarle a los electroduendes en el célebre programa televisivo de los ochenta La Bola de Cristal o de hallar la combinación perfecta de melodías y letras de esas que llegan a arañar el alma. “Al alba, te marchaste al alba, llenaste mi cuerpo con el fuego de tu amor y te fuiste al alba”, registrada como Sueño de amor.

La férrea formación que le otorgó su padre, Antonio Sánchez Pecino, así como la maestría de su hermano Ramón de Algeciras, fueron la piedra angular sobre la que construyó poco a poco ese espacio tridimensional en el que han coexistido a partes iguales el cantaor, el compositor y el promotor que habitan en él. “Luz del alma mía divina, que a mí me alumbra mi corazón, mi cuerpo alegre camina, porque de ti lleva la ilusión”. Limpia, directa, sencilla es su lírica; tal y como es la esencia del flamenco. Así, “como el agua clara que baja del monte” es el río inspirador de ese Pepe que borda sus letras, porque conoce bien los patrones del género que trabaja. El flamenco nace de lo más hondo de las entrañas, de la Tierra o del vientre de una madre; así de sencillo y de complicado. Las letras de Pepe en la voz de Camarón han hecho brotar ríos de miel para la historia del flamenco. Y como el eterno cantaor de la Isla, innumerables artistas han puesto voz a su sentir poético hecho cante. “Vivir y soñar, vivir y soñar, sólo voy buscando mi libertad”.

De su carrera como intérprete, me quedo con su papel en el sexteto, donde su plenitud es arrolladora en los directos… “Sólo quiero caminar, como corre la lluvia en el cristal, como camina el río hacia la mar” y aquel vertiginoso Buana Buana, Kin Kon, irrepetibles. Ahí se revela un Pepe de Lucía lleno de una flamencura plural, rica, diversa, de marcado aire cosmopolita. Pero, sobre todo, lleno de futuro, de verdades reveladas y de caminos abiertos ya para siempre, sin vuelta a atrás. Un artista que ha balanceado todas las Campanas del alba de esta Andalucía nuestra por el mundo.  Indómito, a veces hiriente y siempre dispuesto a disparar la flecha de su cante desde el corazón a la garganta, sin términos medios; a pecho descubierto, a cara o cruz, al todo o nada… Así lo sentí a mi lado, aquella noche memorable en la plaza de toros Las Palomas (Concierto gira Sirope. Alejandro Sanz. Algeciras. 1 de agosto 2015).

Incontables son los trabajos discográficos y los nuevos talentos que Pepe ha proyectado desde sus comienzos. Allí, en aquel pequeño laboratorio flamenco con vistas al mar que era la casa de los Lucía en pleno corazón de la playa del Rinconcillo, yo he visto juntos en el mismo patio a Antonio Sánchez (padre), Malú muy niña, un Alejandro Sanz adolescente, un Pepe de Lucía pletórico y una incipiente promesa llamada El Potito, todos juntos en torno al flamenco, un día cualquiera de verano. No digo más.

Pepe sigue mirando imparable al horizonte con Un nuevo universo en el que se parafrasea a sí mismo, a su esencia, a su estirpe. Es el universo personal de un andaluz, un algecireño, cuya alma sigue revoloteando libre como el viento. Su voz y su inspiración siguen bañándose con ojos de niño en las aguas de esta bahía, su bahía, en la que siempre se mira y se detiene para cantarle al mundo. Todo llega, Pepe. Y ha llegado, con todos los honores que bien merece quien contribuyó a cambiar el curso de la historia del flamenco, contra viento y marea. “Hacia la mar la vela…”. Larga vida, Pepe.

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