Obituario Francisco Soto: Por lo vivido

La sede de la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar, obra de Francisco Soto. La sede de la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar, obra de Francisco Soto.

La sede de la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar, obra de Francisco Soto.

Francisco, leo en las crónicas. Paco, pienso y digo. Paco Soto, arquitecto y presidente de la asociación AlCultura deja un camino profesional, cultural y personal hecho con humildad, con tesón, con mucho cariño, rico en resultados. “Era un hombre tranquilo”, dice Juan Manuel Dicenta, hombre y voz de radio, cargado de razón. “Era un gran hombre dentro de un cuerpo frágil y delicado, entusiasta y comprometido”, señala con acierto Luis Modet, compañero arquitecto y amigo.

Paco Soto era también un caballero, una persona culta que sabía escuchar, que tenía un punto bohemio, sensible, que buscaba la estética, que ayudaba a trenzar una organización humana dedicada a la promoción de la cultura, y esto último tiene tanto o más mérito que cualquiera de sus virtudes. Paco sabía escuchar, sí, y expresaba su opinión, claro que sí, pero antes escuchaba los argumentos de su interlocutor.

No, no contribuía al ruido social repleto de embustes que tanto daño nos está haciendo, y en el que las redes sociales tienen un papel muy influyente. Le he oído en la radio, en una grabación de diciembre, llamar “cacharro” a Facebook. Ahí tenemos toda un calificativo definitorio, pronunciado por un humanista y pensador que nos ha dejado con una familia estupenda compuesta por Magda, María y Miguel. ¡Qué ganas tengo de abrazarlas y abrazarlo cuando esta pandemia que nos envuelve lo permita!

Francisco Soto en la inauguración de AlCultura. Francisco Soto en la inauguración de AlCultura.

Francisco Soto en la inauguración de AlCultura.

La asociación AlCultura puede que sea uno de sus legados más preciados. Si, todo proyecto tiene que tener un rostro, pero todo proyecto no es nada si no tiene obreros que pongan ladrillos todos los días, y Paco siempre ha estado en la sala de máquinas. En su despacho de la Plaza de Andalucía se fraguó esta entidad impulsada por personas, hombres y mujeres, amantes de la cultura y de Algeciras, de izquierdas, derechas y centro. Allí nos reunimos algunos para empezar a estructurar una gran idea en forma de comisiones de cine, de literatura, de arquitectura, que tuvo sede gracias a la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras que presidía Manuel Morón en lo que todos conocemos hoy como “contenedores rojos” de la dársena del Saladillo.

Recuerdo brillar los ojos de Paco cuando inauguramos en otoño de 2011 las instalaciones de lo que había albergado la exposición sobre los cien años de relación puerto y ciudad y, entonces, convertidas en lugar de encuentro para la música, los libros, el cine, la palabra. Esos ojos brillaron en muchas otras ocasiones, conmovidos a la hora de comprobar el sentido de la amistad, la delicadeza de escritoras y escritores, de jóvenes y no tan jóvenes talentos de la fotografía, de la escultura. También vi su sonrisa abierta y franca en muchas ocasiones, y su ilusión cuando asistimos a la exhibición de los primeros trabajos de cineastas campogibraltareños. Y tantos momentos deliciosos, construidos por la coincidencia del interés mutuo en generar y disfrutar cultura.

Paco era arquitecto y a ese titulo incluía el de urbanista. Este último lo definía mucho más porque pensaba y le dolía la ciudad, la ciudad de Algeciras aunque era natural de Úbeda. De ahí también que AlCultura acogiera reflexiones sobre el urbanismo transfomador.

Todo se entiende si concluimos que Paco Soto Cubero construía y diseñaba en cada paso que daba como buen arquitecto, urbanista, amigo, padre, marido. Tener en vida a personas como él siempre es un regalo, una gran oportunidad, que tenemos que saber agradecer. “Como vigilante no me descuido un momento, ni vacilo ni me oculto ante riesgo alguno”, dejó escrito en su libro Microrrelatos, poemas y ripios.

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