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Las siete colinas de Lisboa y cómo alcanzar sus miradores

La capital portuguesa es, sin duda alguna, una de las ciudades más bellas y visitadas del viejo continente. No es de extrañar si pensamos que su popularidad arrancó con su mismo origen: una villa nacida entre siete colinas, semejanza con la creación de Roma que no es, desde luego, casual. La leyenda cuenta que estas elevaciones se deben a los golpes tremendos de la terrible Ofiusa, una criatura a camino entre mujer y serpiente, ofendida al ser rechazada por Ulises, quien sería fundador del municipio luso.

En la actualidad, sin rastro de los protagonistas mitológicos, son los turistas los que ascienden a dichas colinas con una motivación para nada furibunda. Y es que desde ellas es posible disfrutar de inolvidables vistas de la capital. En este sentido, a continuación, repasamos cada uno de estos siete enclaves.

Ahora bien, antes de iniciar nuestro itinerario, es recomendable disponer de una solución de transporte. Así, frente a los tranvías abarrotados o a los taxis costosos, arrendar una scooter se antoja una idea inteligente. Una manera sencilla de hacerlo es alquilar una moto en Lisboa con Cooltra, una compañía que cuenta con tiendas en la ciudad y que, además, permite gestionar la reserva a través de su portal online.

Un castillo, un monasterio y un retorno a la modernidad

En primer lugar, conduciremos hacia la cima de la colina de Sao Jorge. Esta elevación está coronada por una fortaleza homónima, una construcción que resistió a importantes batallas durante el siglo XII. Hoy en día, el área de Sao Jorge abarca los barrios de Mouraria, Castelo y parte de Alfama. Por otro lado, la colina de Sao Vicente recibe su denominación del monasterio que alberga. Desde su mirador más popular, el de Santa Luzia, contemplamos Alfama y el impresionante Panteón Nacional. Otro montículo con nombre de santo es Sao Roque, que se corresponde con el Barrio Alto. Allí nos topamos con el mirador de Sao Pedro de Alcántara (cuya estampa aúna el Tajo, la catedral, la Baixa y el Castelo), pero también con un ambiente más moderno: una red de callejuelas plagadas de animados restaurantes y bares.

Graça y unas vistas al río

Para asistir a uno de los más hermosos atardeceres de Lisboa basta con arrancar nuestra moto y ascender la colina de Santo André. Concretamente, en el barrio de Graça localizamos dos estupendos miradores: el de Graça y el de Nossa Senhora del Monte. Asimismo, si lo que perseguimos es atisbar los barcos que navegan el Tajo, lo más recomendable es desplazarnos hasta Santa Catarina, una elevación que se extiende entre la Calçada do Combro y Largo Camoes.

El rey de los ascensores y el centro de la ciudad

En la colina de Chagas se ubica la atracción lisboeta más famosa: el elevador de Santa Justa, que conecta la Baixa con el Barrio Alto. Del mismo modo, en Chagas nos topamos con la iglesia homónima, construida por marineros. Por último, Sant’Ana es la elevación central de Lisboa y está delimitada por la Plaza da Figueira y el Campo Mártires da Patria.