José Manuel Laza Valle | Periodista y pregonero de la feria taurina de Algeciras 2019 “De vez en cuando hay que dar un buen puyazo”

  • Viene disfrutando del pregón desde el mismo momento en que se lo encargaron

  • “El burladero es el mejor sitio para ver los toros”, afirma

José Manuel Laza, ante la plaza de Las Palomas, listo para la faena. José Manuel Laza, ante la plaza de Las Palomas, listo para la faena.

José Manuel Laza, ante la plaza de Las Palomas, listo para la faena. / Jorge del Águila

José Manuel Laza cumplirá hoy un sueño guardado celosamente en secreto desde hace años. El suyo, anticipa, será un pregón íntimo.

–No ha llegado al medio siglo de vida y le toca el pregón del 50 aniversario de la plaza. Ejerce usted de pregonero aventajado.

–Mejor que aventajado, me siento un hombre afortunado por pregonar mi feria taurina, pregonarle a la plaza en la que con apenas 8 años vi toros de la mano de mi abuelo Faustino y mi padre. Llevo más de 30 años viendo toros en Las Palomas, hablando de toros, discutiendo de toros. He vivido una etapa de una Algeciras taurina bonita y de transición con grandes faenas, tardes de gloria y tristeza, tardes de misterio y torería. Todas estas vivencias creo que son suficientes para poder pregonar una feria taurina tan importante como la de Algeciras y en un año tan especial como el del 50 aniversario de Las Palomas. La responsabilidad es máxima, pero es bonita la experiencia.

–Con su porte, seguro que soñó alguna vez con verse con el traje de luces ante el espejo.

–Todos los que somos aficionados siempre hemos querido ser toreros. Y me atrevo a decir que todos llevamos un torero dentro. De pequeño uno siempre tiene unos referentes y para mí los toreros son uno de ellos. Y lo siguen siendo, aunque en mi caso me haya faltado el valor de ponerse delante de un toro, como hacen ellos cada tarde. Ser aficionado es una forma de vida y el ser torero debe ser el no va más.

–En conclusión, lo suyo es toreo de salón.

–Pensemos que sí, pero no olvidemos que es más difícil de lo que se creen algunos. El torero cuando torea de salón en su intimidad debe imaginar el toro en su embestida y abstraerse como si estuviera en una plaza de toros. Es un entrenamiento mental y físico muy importante en su preparación.

–Vamos a su perfil de periodista: ¿montera o castoreño?

–Soy más de montera y de muleta. Es más estético componer una buena faena y pasear las dos orejas, aunque es verdad que de vez en cuando hay que ponerse el castoreño para dar un buen puyazo. Y así a algunos se les baja los humos o, en términos taurinos, se “atempera la embestida”.

José Manuel Laza. José Manuel Laza.

José Manuel Laza. / Jorge del Águila

–¿Cuántas veces se ha visto obligado a sacar el capote?

–En nuestro día a día y más en nuestra profesión como periodista el capote o la muleta es una herramienta fundamental. Y a esto le añadiría algo muy importante como es el temple. Esa es la clave, los grandes toreros han triunfado por su temple y con eso se nace.

–El burladero es también socorrido.

–Es verdad que es desde donde se ven mejor los toros. No pasas miedo y encima vives las emociones y sensaciones del que se pone delante. Y también es el lugar donde resguardarse cuando hay algún arreón del toro y te desarma. En nuestro día a día siempre es bueno tener un burladero donde taparse o guarecerse. Y en algunos casos, cuando te pegan un arreón fuerte y como se dice en el argot taurino, “tomar el olivo”.

–¿El lance más deseado?

–El natural es el pase más puro. Es el más meritorio en la faena de muleta. En él hay que avanzar la pierna contraria, dar el pecho al toro, adelantar la muleta y, finalmente, llevarle hasta detrás lo más despacio posible. Esa es la pureza del toreo. Y lo mejor es que ningún pase es igual al otro, ni una forma de meter la cara de un toro es igual a otra. El arte puede ser un inmenso natural. Y en la vida es mejor ser natural que forzar aquello que no eres.

–Cayetano le brindó un toro hace dos años en Las Palomas. ¿De dónde surge su amistad?

–Lo conocí en un tentadero en 2005, en La Palmosilla. A las pocas semanas vino a Algeciras a recoger un trofeo como triunfador de la feria y volvimos a vernos. Poco a poco hemos ido fraguando una bonita amistad de respeto mutuo y cariño. Y lo del brindis fue toda una sorpresa. Los toreros son muy reservados y más los días de corrida. Días más tarde, su mozo de espadas, mi gran amigo Ramiro, me confesaba que Cayetano nada más acabar el paseíllo le preguntó si a Laza le había brindado alguna vez un toro. Ramiro le dijo que no y Cayetano le dijo: “Este día podía ser bonito, en su plaza, con su gente”. Y ya no dijo nada más hasta que me llamó aparte y me brindó el toro. Fue un detalle muy bonito, no solo porque era la primera vez que me brindaban un toro, sino porque era un gran gesto de amistad.

"Mi hija se cría en un tendido y lo pasa en grande. Sabe estar y poco a poco entiende que aquello es un arte”

–Pi multiplicado por el radio al cuadrado da como resultado el área del círculo. ¿Nos sirve la fórmula para medir las dimensiones del coso de Las Palomas?

–La Feria de Algeciras y Las Palomas forman parte de las grandes fechas de la temporada. Las figuras del toreo cuando planifican a comienzos de año su temporada dejan libres los días de junio en los que se suele celebrar nuestra feria. Está como en el circuito de las ferias buenas. Hay que recordar que por Las Palomas desde su inauguración han pasado todas las figuras de la época, desde el maestro Miguelín, Ordóñez, Paquirri, hasta Espartaco, Litri, César Rincón, El Soro, Paco Ojeda, El Cordobés y Jesulín en los 90; hasta llegar a El Juli, El Cid, José Tomás, Joselito, y a las figuras más recientes como Morante, Talavante, Roca Rey, Manzanares. Es una plaza donde los toreros vienen a disfrutar del ambiente, saben que el público de Las Palomas es torerista y tiene la sensibilidad del buen aficionado. Al fin y al cabo es quien sustenta la Fiesta y quien le da la categoría a una plaza.

–¿Cómo le explica a su hija que el final de la fiesta es la muerte del toro?

–Lleva viendo toros desde que tenía un año. Para ella es algo normal ver una corrida de toros y que el toro muera. Mi hija, afortunadamente para ella, se cría en un tendido y se lo pasa en grande. Aprende, sabe estar y poco a poco entiende que aquello es un arte. Igual que se le ha explicado que el toro se cría como un rey en el campo para luego salir a la plaza a morir; también se le explica que la carne que comemos de pollo o ternera proviene de un animal que estaba vivo y que lo matan para nuestra supervivencia. Lo que no podemos es educar a nuestros hijos como si la vida fuera Disney. Luego llegan a la realidad y se dan cuenta de que la vida no funciona así. A ella, sin duda alguna, irá dedicado mi pregón.

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