Campo Chico De allá y de más acá de la verja (I)

  • El cierre de la verja de Gibraltar fue la culminación de un período de casi cinco años de conflictos y bloqueo por parte española

Una ciclista en el paso entre La Línea y Gibraltar Una ciclista en el paso entre La Línea y Gibraltar

Una ciclista en el paso entre La Línea y Gibraltar / Erasmo Fenoy

Tantos años nos han acostumbrado, como en una enfermedad crónica, a convivir con esa anormalidad, con ese anacronismo, que es Gibraltar. Tenemos aquí, entre nosotros, una base militar extranjera que puede asumir cuantos riesgos quiera sin tener que darnos cuenta de nada ni pagarnos por ello; está ahí y funciona con la mayor indiferencia hacia una población civil que lo tolera encantada. Pero no parece que importe, ni a nosotros como pueblo ni, mucho menos, al Gobierno de España. Por razones a las que me he referido demasiadas veces ya, la izquierda política española –no tanto, creo yo, la sociológica– prefiere ponerse de perfil para no tener que reconocer la enfermedad y bien sabido es que no hay cura para un mal que no se reconoce. Esa convivencia ha permitido que la enfermedad crezca como le ha parecido bien hacerlo. Las circunstancias le han permitido crear unas estructuras alimentadas por un capitalismo tan salvaje que no sólo escapa a la óptica de los socialistas más conspicuos, sino que hasta les sirve para hacer política.

La verja británica fue ideada, diseñada y construida por el Reino Unido a principios del pasado siglo. Se trataba de hacerse notar y de evitar, en la medida de lo posible, mezclarse con una población de inferior extracción en la escala de la fortuna. Luego, esos aledaños al norte se constituirían en un criadero de mano de obra barata, secuestrada, sin servidumbres que obligaran a prestarle atención alguna. La guerra española de los años treinta provocó el advenimiento de un régimen mal visto por las democracias occidentales, aliadas del comunismo soviético y vencedoras del nazismo y del fascismo. En España se pasó mal durante mucho tiempo y se sufrió el consecuente aislamiento derivado de la naturaleza política del nuevo régimen. Pero aquello fue pasando de moda y aun a pesar de esa naturaleza, se le hizo un sitio en las Naciones Unidas y se le otorgó un reconocimiento diplomático que habría sido impensable un par de décadas antes.

En los años sesenta el régimen fue adaptándose a las economías de libre mercado hasta el punto de situarse entre la docena de países más desarrollados. Las maniobras orquestadas desde la colonia con la tolerancia de la potencia colonial, amenazaron peligrosamente las aspiraciones españolas; los poderosos bufetes de Gibraltar constituidos en clase política abordarían una estrategia dirigida hacia la autodeterminación y la independencia. El Gobierno español cerró la verja, en un acto acorde con lo previsto en el Tratado de Utrecht, que imponía la incomunicación por tierra, y acompañándose de unas afortunadas gestiones diplomáticas, impidió el progreso del proyecto de la oligarquía jurídica colonial capitaneada por Salvador (Joshua Abraham) Hassan.

Amanecer en el Campo de Gibraltar. Amanecer en el Campo de Gibraltar.

Amanecer en el Campo de Gibraltar. / Alberto Pérez de Vargas

Sin embargo, ese desarrollo que culminó en los últimos años del régimen anterior, apenas si había llegado al Campo de Gibraltar cuando, en 1969, se cerró la verja. El cierre fue la culminación de un período de casi cinco años –desde octubre de 1964– de bloqueo por parte española. Entonces, la economía de la colonia se limitaba al turismo, las necesidades de la población, los servicios derivados de su condición de base naval y el alto nivel de consumo de productos que como las bebidas alcohólicas y el tabaco no estaban tan gravados por impuestos como en España y otros países del área geopolítica de Gibraltar. Su dependencia de mano de obra exterior era grande. Puede estimarse que alrededor de nueve mil trabajadores, los dos tercios de la población ocupada, eran españoles y atravesaban diariamente la verja. Muchos de ellos empleados del comercio o del servicio doméstico, pero la mayoría en los astilleros de la base naval o en la construcción.

Al norte el estraperlo, el paro, el caciquismo, la economía sumergida, el latifundismo y el paso ligero

En el clásico de Juan Velarde, Gibraltar y su Campo (Ariel, 1970) [JV], se cita un trabajo de Fuster Lareu en el que se estima que el 32% de los turistas que llegaban esos años a la Costa del Sol, visitaban Gibraltar. La colonia no suponía de por sí un atractivo turístico, pero la publicidad generada en España por las agencias de viaje, el permanente contencioso con el Reino Unido, que mantenía y mantiene a Gibraltar en la actualidad periodística, y la singularidad de darse una cosa así en Europa convertían a la roca en un foco de atracción de primer orden para el turismo, con todo lo que ello supone para el comercio interior. Al norte de la verja, por el contario, el estraperlo, el paro, el caciquismo, la economía sumergida, el latifundismo y el paso ligero de los visitantes que se dirigen a la colonia, a Ceuta o a Marruecos, campaban por sus fueros imprimiendo un carácter de tolerancia delictiva y marginación a toda la comarca, en la que el empleo público, militar y civil, era el recurso laboral por excelencia.

En dos trabajos, del 20 y 27 de noviembre de 2017, en Europa Sur, referidos al puerto de Algeciras, Antonio Torremocha nos da una valiosa información acerca del rápido crecimiento en recursos e importancia del puerto de Algeciras, indudable referencia en la actividad comercial e industrial de la comarca. El título ya nos señala por dónde empezaron a cambiar las cosas, de las que es asunto inseparable el cierre de la verja de 1969. Es de mucho interés para lo que me propongo poner en conocimiento del lector, el contenido de los primeros párrafos de la primera entrega (la del día 20) de El Puerto y los planes de desarrollo del Campo de Gibraltar (1965-1977).

Recorte de prensa sobre la construcción de la refinería de San Roque tras el cierre de la verja. Recorte de prensa sobre la construcción de la refinería de San Roque tras el cierre de la verja.

Recorte de prensa sobre la construcción de la refinería de San Roque tras el cierre de la verja.

Dice así, al principio de la introducción: “El decreto 1.325 de 28 de mayo de 1966 declaró la comarca como Zona de Preferente Localización Industrial, lo que atrajo a empresas atraídas por las ventajas fiscales y la localización. El Plan de Estabilización aprobado por Decreto Ley de 21 de julio de 1959, que supuso una ruptura con la política autárquica, impregnada de fuerte nacionalismo, seguida por el régimen de Franco hasta esa fecha y la liberalización de la economía nacional, hay que relacionarlo con el cambio de gobierno realizado en 1957 y con la entrada en él de ministros y técnicos superiores vinculados con el Opus Dei y de reconocida solvencia en el campo de la economía. Las medidas propuestas en el citado Plan se concretaron, a partir del año 1964, en los Planes de Desarrollo Económico y Social que, en esencia, consistían en una serie de medidas económicas basadas en la planificación, la búsqueda del equilibrio de la balanza comercial y en un ambicioso proyecto de industrialización, apoyado en los Polos de Desarrollo, que se pusieron en marcha a partir de 1964”.

Hubo algecireños que estuvieron en primera línea de aquel proceso que, por primera y última vez en la historia cercana, había sido pensado para la liberación de la comarca del pesado fardo que suponía y supone la convivencia con el estatus de la colonia. Es de justicia, si nos esforzamos en limitarnos a un nombre, mencionar el de Manuel Natera García, que desempeñaría misiones de alta responsabilidad; como la de gerente del Plan de Desarrollo, entre otros; que serían decisivos para el futuro del Campo de Gibraltar.

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