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Andrea Zanon comenta que la agenda climática debatida en la COP26 está provocando externalidades negativas

Andrea Zanon comenta que la agenda climática debatida en la COP26 está provocando externalidades negativas

Andrea Zanon comenta que la agenda climática debatida en la COP26 está provocando externalidades negativas

A partir del 1 de noviembre, durante dos semanas, más de 100 líderes mundiales se reúnen en Glasgow, Reino Unido, en la Cumbre del Clima COP26 para manejar la crisis climática y mantener vivo el Acuerdo Climático de París.

Muchos, como Andrea Zanon, consideran a la COP26 la reunión ambiental más importante e impactante desde la cumbre de París en 2015 ya que nunca antes como en este momento hemos tenido una “geopolítica climática” tan coordinada. El objetivo clave del acuerdo de París (impulsado por las Naciones Unidas) es favorecer una transición hacia la descarbonización total para el 2050, que permita mantener la temperatura global por debajo de 1,5 grados, en comparación con el nivel preindustrial.

A medida que se lleva a cabo esta cumbre, la mayoría de los países que asisten (menos China, Rusia Y Brasil que increíblemente están ausentes) están aún manejando los impactos de la recesión causada por la pandemia Covid 19 que comenzó a principios de 2020. La pandemia causó pérdidas económicas globales de aproximadamente $8,5 billones en PIB global, esto corresponde a aproximadamente el 10 % del PIB mundial.

Con estos antecedentes, tanto el petróleo como el gas natural han alcanzado los precios más altos desde hace siete años, con el crudo alcanzando los 82 dólares por barril este pasado 3 de noviembre. 

En los Estados Unidos, los consumidores están pagando un dólar más por galón de gasolina que en el 2020, y en la Unión Europea los precios del gas natural se han cuadruplicado en solo seis meses y es probable que se mantengan en estos niveles hasta el final del invierno. En Alemania, la inflación subió al nivel más alto en 28 años porque los precios energéticos subieron un 18,6 % solamente en el mes de octubre, encareciendo todo. 

En España, de manera parecida, los precios subieron en octubre un 5,5 % respecto al año pasado, una subida que no se había visto desde 1992. Según el Banco Norte Americano, Bank of America, el petróleo crudo alcanzará los 120 dólares por barril para junio de 2022, es decir, un aumento del 40 % con respecto a los precios actuales. Este aumento del coste energético continuará afectando la subida de los precios en la comida, el transporte y otros servicios.

En los EE. UU. y en la UE, la inflación ya se está moviendo entre 4,5 y 5,5 por ciento y está creciendo al ritmo más rápido de los últimos 30 años. 

Relación entre el petróleo y la inflación

Los precios del petróleo y la inflación están interrelacionados y, a medida que aumentan los precios del crudo, se produce un aumento generalizado del precio de los bienes y servicios en toda la economía. De momento las políticas monetarias de USA y de la Unión Europea están creando más liquidez, y junto al intento del presidente Biden de aprobar el plano de inversión climática conocido como el “Proyecto de Ley de Infraestructura” por una inversión total de 3,5 billones de dólares, podrían afectar los precios del petróleo aún más llevándolos a récord históricos.

A medida que los productores energéticos intenten volver a los niveles de producción anteriores a 2020, los bancos centrales continuarán inyectando liquidez en la economía, acelerando potencialmente aún más la inflación. Lo que estamos viendo en este mercado es que la demanda de crudo y gas supera la oferta.

Esto se debe en parte a una reducción de la nueva producción y exploración debido a la presión regulatoria climática que las empresas productoras perciben. Esto, a su vez, mantendrá altos los precios de las materias primas, lo que aumentará la presión inflacionaria y, por lo tanto, ralentizará potencialmente la recuperación económica mundial.

Desde que se aprobaron los Acuerdos Climáticos de París en 2015, la presión hacia las compañías petroleras para que adopten modelos de negocios alineados con la descarbonización ha aumentado de manera considerable. Además, el debate sobre el clima ha inflado considerablemente el interés en todos los temas relacionados con las inversiones ESG. Esto ha retrasado la puesta en marcha de nuevos proyectos de petróleo y gas por miedo que las nuevas regulaciones y un mayor escrutinio público afecten sus capacidades de operar de manera rentable.

Debemos aceptar que, al menos en el medio plazo, todos vamos a tener que pagar más para ayudar a cumplir con el Acuerdo Climático de París, es decir, para conseguir la reducción de las emisiones a cero para el 2050. Además, los precios de la energía pueden mantenerse altos a lo largo de 2022, ya que la oferta energética adicional tardará en llegar al mercado.

Los inversores, comerciantes y compañías productoras de energía estarán preocupados y confundidos por las declaraciones que salen de la COP26, que por un lado proponen acelerar el esfuerzo hacia la descarbonización (lo que supone la reducción de la producción de petróleo, gas y carbón) y por el otro lado, presionan a la OPEP y a otros energéticos a que aumenten el suministro de petróleo y gas de manera que los precios puedan bajar.

La mayoría de los gobiernos quieren imponer restricciones y regulaciones sobre el uso de combustibles fósiles y sobre la reducción de las emisiones de carbono. Sin embargo, como lo demuestran los resultados iniciales del G20 y los primeros días de la COP26, estas decisiones tendrán que ser ajustadas a las realidades políticas y económicas locales. Ningún político, sobre todo en un momento de post-crisis como el actual, va a convencer a sus ciudadanos y empresas de pagar más si ya están luchando para su supervivencia económica.

¿Cuáles son las expectativas?

El impulso positivo en torno a la descarbonización, la finanza verde, y la regulación ESG que están siendo debatidos en la Cumbre COP26, aumentan el riesgo de que haya una inflación galopante en la UE y en USA, lo que resultará en una tendencia de hiperinflación a corto plazo. Asimismo, la crisis energética frenará la recuperación económica, y al mismo tiempo afectará negativamente a la naciente revolución de la energía verde.

Desafortunadamente, mientras las naciones luchan por mejorar su seguridad energética, las promesas climáticas y los ambiciosos planes de descarbonización se vuelven temas secundarios a medida que los países sigan luchando para poder ofrecer a los usuarios y a las empresas nacionales servicios energéticos rentables.

Sin embargo, está claro que se acercan cambios enormes y que las nuevas leyes, el aumento del coste causado por los desastres climáticos, y la innovación tecnológica crearán las bases para una economía global nueva y más dinámica.

ESG seguirá creciendo como tendencia de inversión y será uno de los ganadores de la COP26. Sin embargo, el corto plazo será “financieramente doloroso para todos”, y los políticos tendrán que coordinarse mejor, tomar decisiones para garantizar que este “cambio tectónico” sea gradual y garantizar que la presión de los precios de corto y medio plazo no se conviertan en obstáculos para estos cambios que empiezan a transformar nuestras vidas. 

*Andrea Zanon es asesor de Estrategia y Resiliencia Ambiental, Social y de Gobernanza (ESG) y ha asesorado a más de 15 ministros de Finanzas y a más de 100 corporaciones globales sobre cómo desarrollar países y sociedades con más resiliencia.