Sanidad: un toque de atención a la Junta

El próximo jueves, las calles de Algeciras acogerán una manifestación de carácter comarcal en protesta por el deterioro progresivo que experimentan los servicios sanitarios públicos, una convocatoria que se sumará a las habidas el pasado domingo en las ciudades de Granada, Huelva y Málaga con la asistencia de miles de personas en demanda de una "sanidad digna" y contra la fusión de determinados servicios en una serie de hospitales y su desaparición de otros, iniciativa que busca una mayor racionalización y abaratamiento de costes de la gestión.

Apenas se puede esconder que existe un profundo malestar entre los profesionales de la sanidad andaluza y los usuarios de un sistema que ha sido calificado por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, como "la joya de la corona". En efecto, es indudable que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha desarrollado durante muchos años una labor notable que ha mejorado la asistencia sanitaria de la población gracias a unos profesionales altamente cualificados y a una apuesta política reflejada en los presupuestos, aunque también es cierto que los recortes ocasionados por la crisis y una gestión muy mejorable han ocasionado un retroceso en los avances cosechados.

Concluir, como hizo el domingo la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, que dichas manifestaciones son producto de una manipulación política por parte del PP y Podemos es, además de falso, una manera de minusvalorar la madurez de los andaluces, que aparecen según este razonamiento como personas sin criterio propio.

La realidad de nuestro sistema sanitario apenas se le escapa a cualquier ciudadano: largas listas de espera, caos en urgencias, falta de camas, prioridades absurdas motivadas más por el intento de construir una imagen política que por la verdadera necesidad sanitaria... No es sólo una cuestión de dinero, ya que aunque es cierto es que Andalucía está en la cola de gasto sanitario por habitante (1.000 euros por habitante y año, frente a los 1.500 euros del País Vasco), también lo es que destinamos más del 40% de nuestros recursos al mismo. En 2016, de hecho, se ha llegado a un presupuesto sanitario de 8.807 millones de euros (404 millones más que en 2015), aunque todavía no se ha llegado a las cantidades de las épocas previas a la crisis.

La ausencia de diálogo con los profesionales y de respuesta a las demandas de los ciudadanos son la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de muchos. Hacer oídos sordos a todo ello es un error de bulto que agrava la situación.

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