Diario de una gran hazaña | Capítulo 27 (9 de septiembre de 1520) El nuevo confinamiento pone a prueba la paciencia de la flota

  • La frustración se apodera de la expedición que comanda Magallanes al no poder volver a navegar las cuatro naos debido a los fuertes vientos reinantes

  • Un carpintero vasco fallece en un accidente y eleva a 17 las víctimas mortales contabilizadas hasta ahora

Zona de costa cercana a Puerto Santa Cruz, donde la flota de Magallanes tuvo que buscar refugio de manera apresurada el pasado 26 de agosto. Zona de costa cercana a Puerto Santa Cruz, donde la flota de Magallanes tuvo que buscar refugio de manera apresurada el pasado 26 de agosto.

Zona de costa cercana a Puerto Santa Cruz, donde la flota de Magallanes tuvo que buscar refugio de manera apresurada el pasado 26 de agosto. / D.C.

Otra vez confinados. Si ya fue duro lo que padeció la flota de las especias en Puerto San Julián, donde tuvo que permanecer amarrada prácticamente cinco meses debido al mal tiempo, ahora la expedición que comanda Fernando Magallanes suma dos semanas paradas en Puerto Santa Cruz, un enclave ubicado en una bahía cercana de esta zona de la Patagonia.

Los fuertes vientos existentes en esta zona tan al sur del continente americano impidieron que la flota pudiera seguir navegando en dirección sur-suroeste en busca del paso interoceánico. Zarparon de San Julián el 24 de agosto con la ilusión por bandera y apenas 48 horas después se llevaron un chasco de grandes dimensiones al verse obligados a echar de nuevo el ancla. La moral de la tropa, al igual que la paciencia del propio Magallanes, se han visto seriamente afectadas.

Pero lo peor no es solamente este segundo confinamiento sino que parece que la cosa va a ir para largo. Y es que, aunque es verdad que parece que el invierno austral va desapareciendo poco a poco porque las temperaturas siguen aumentando de manera paulatina y cada vez hay más luz solar, lo cierto es que en este punto tan alejado del planeta, prácticamente junto al paralelo de los 50 grados de latitud sur, los vientos tienen aún tanta fuerza que salir a la mar supondría poner en claro peligro la integridad de las cuatro naves supervivientes.

Así las cosas, y mientras continúa la invernada interminable a la espera que la climatología siga mejorando, Magallanes ha ordenado a sus hombres que realicen varias batidas por la zona tanto de vigilancia como de caza y de pesca. Una de ellas, sin embargo, ha acabado en tragedia. Un carpintero vasco de nombre Martín y que estaba enrolado en la nao Victoria, perdió la vida el pasado 31 de agosto tras sufrir un accidente cuando se dirigía a pie al mismo lugar en el que la nave Santiago embarrancó y se hundió.

La pérdida de la más pequeña de las cinco embarcaciones con las que la flota zarpó de Sanlúcar el año pasado tuvo lugar el 22 de mayo en un lugar de la costa muy cercano a Puerto Santa Cruz. Y durante mucho tiempo la marea fue devolviendo a la playa muchos de los enseres que iban a bordo. En previsión de que aún quedara algo de la Santiago por aquella zona, Magallanes ordenó una batida por la zona que ha terminado siendo trágica. Con esta pérdida la flota de las especias contabiliza ya 17 víctimas mortales, con lo que la expedición queda conformada actualmente por 230 marinos.

Con este suceso ya son dos las muertes habidas en Puerto Santa Cruz en apenas dos semanas, después de la pérdida de otro marino por enfermedad el mismo día en que se tocó tierra.

Mientras continúa la invernada interminable con este segundo confinamiento, Magallanes no para de hacer cálculos. Por un lado tiene claro que, según lo establecido en el Tratado de Tordesillas, el lugar en el que está pertenece a España y no a Portugal. Y también insiste en que el paso al otro océano debe estar muy cerca y que no cejará en su empeño de encontrarlo. Pero eso será cuando el tiempo lo permita.

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