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El 23F no se vio en directo y otros falsos mitos televisivos del golpe de Tejero

TVE se quedó paralizada con la llegada de una unidad militar y por motivos de seguridad no se desvelaron hasta el día siguiente las imágenes de la toma del Congreso

Señoras y señores disculpen esta interrupción...

Esos años en que parecía que llegaba el fin del mundo

Antonio Tejero ante el presidente del Congreso, Landelino Lavilla, una foto emblemática del 23F coloreada / EFE
Francisco Andrés Gallardo

23 de febrero 2026 - 12:45

Cuando se cumplen 45 años de aquella jornada del 23F (del 81) y para erradicar tópicos , conviene recordarlo: no, el golpe no se vio en directo. Las imágenes de Antonio Tejero entrando en el hemiciclo, los disparos y la angustia no se emitieron hasta la sobremesa del día siguiente, precisamente con la conducción de Matías Prats, quien había narrado la marcha de los guardias civiles del Congreso. Hasta que no estuvieron liberados todos los diputados, TVE optó por mantener a buen recaudo el “quieto todo el mundo”. Al filo de las dos de la tarde.

Pero España se había paralizado en la tarde de lunes anterior mientras se desarrollaba la investidura como presidente de Leopoldo Calvo Sotelo. La intentona se oyó por la radio (la SER fue el cordón umbilical nocturno, con José María García en las proximidades del hemiciclo), pero fue invisible en la televisión pública, que ni siquiera emitía la votación de aquella tarde. En la Primera Cadena, en el instante preciso de los tiros, lo que aparecía en pantalla era la carta de ajuste.

A las seis y media de aquella jornada la programación la arrancó un resumen de la competición de la Universiada de invierno Jaca. Sin más mención de lo que había ocurrido en el Cogreso, a las siete prosiguió la programación infantil con el programa La mansión de los Plaff y la serie perruna Aquí está Boomer, para dar paso al espacio cultural Las cuatro esquinas. Del golpe se hablaba con alarma creciente en las calles, pero en la pantalla de casa no había absolutamente nada. Imaginen en el 2026 de las interacciones instantáneas no saber realmente qué estaba pasando y no encontrar nada en el televisor. Y mientras, la radio, hablando de unos tanques por las calles de Valencia.

La información llegó tarde y con cuentagotas. A las 19.45, Joaquín Arozamena aludía a lo sucedido en la Segunda Cadena (lo llamábamos UHF) en Redacción de Noche, sin aportar más detalles. En esos instantes, una unidad del ejército ya había entrado en Prado del Rey. El golpe solo lo habían visto un puñado de redactores del equipo de Informativos de Prado del Rey, que dirigía desde hacía solo unos meses Iñaki Gabilondo. Mientras, el director general de TVE, Fernando Castedo, se guardaba la cinta grabada debajo de su asiento mientras en Radio Nacional empezaban a sonar marchas castrenses. Las cámaras en el Congreso habían sido inutilizadas mediante culatazos por aviso de un topo dentro de la televisión, advirtiendo que se estaba grabando todo. El inmovilismo estaba especialmente enraizado en la tele aún.

Los militares abandonaron las instalaciones de televisión sobre las diez de la noche, cuando el público ya estaba alarmado por la supresión del Telediario 2. En su lugar, a las nueve, se había adelantado el musical 300 Millones, lo que añadió más desasosiego a la espera, seguido de la emisión de Ambición ciega, una miniserie sobre el Watergate que resultaba casi premonitoria. De nuevo, imaginemos que hoy pasa algo y solo tenemos programación enlatada. Así, en la inopia inquieta estaba toda la población española hace 45 años.

Tras un avance mínimo y tranquilizador a las 22:30, no fue hasta la una y media de la madrugada cuando se inició, por fin, el informativo especial. Lo presentaba un Gabilondo que debutaba ante las cámaras, acompañado por el relato de Victoria Prego y Rosa María Mateo. Fue entonces cuando se programó el discurso del Rey que neutralizaba el golpe. La histórica comparecencia se había grabado a medianoche en la Zarzuela por el equipo de Pedro Erquicia y se envió a Prado del Rey en dos motos por rutas distintas para asegurar su llegada. A la 01.45 el Rey apareció en pantalla y solo entonces el país recobró la respiración.

Pero hasta entonces, casi a las dos de la madrugada, con un país que habitualmente se marchaba a dormir a las doce cuando acababan las emisiones de TVE, había sido un trasnoche angustioso y donde la radio, precisamente, fue el medio más ágil y que lo revalorizó tal como pasó con el apagón del año pasado. La prensa escrita en su mayoría también llegó a los quioscos.

La espera de la madrugada, mientras se resolvia lo que acaecía en el Congreso (sin saber si había víctimas mortales), TVE estuvo toda la noche con películas de relleno (como La princesa y el pirata, con Bob Hope, que solo revolvían en el fondo con más inquietud. Con dibujos animados y la película de Danny Kaye El asombro de Brooklyn, TVE (que hasta cinco años después no inauguraría la programación matinal) alargó la espera hasta que pasado el peligro pudo informarse desde fuera del Congreso mientras Tejero era captado aguardando su disolución. Y, decíamos, fue entonces, sobre las dos de la tarde, cuando casi 24 horas después de lo sucedido se pudo ver lo que realmente había pasado, con esa entereza de Gutiérrez Mellado que fue simbólica mientras casi todos sus compañeros se habían tirado al suelo.

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