Artículo de opinión

Coronavirus: agricultores, los héroes del campo

Presentación de Fruit Attraction 2020. Presentación de Fruit Attraction 2020.

Presentación de Fruit Attraction 2020.

Luis Planas. Luis Planas.

Luis Planas.

El Anuario de Agricultura del 2020 va a tener una especial significación debido a los acontecimientos históricos que estamos afrontando y que son totalmente inéditos para nuestra generación. Me complace volver a tomar parte en esta cita anual con la agricultura que nos brinda el Grupo Joly, sobre todo en un año tan particular para el sector, cuyo papel, siempre protagonista en nuestras vidas, ha tenido la repercusión y visibilidad que merece.

Hacía mucho tiempo que la agricultura no estaba tan presente en la vida económica y social de nuestro país. La relevancia que adquirieron las justas reivindicaciones de los agricultores en los primeros meses del año tuvo su continuación en un comportamiento ejemplar y extraordinario, como sector esencial, durante las peores semanas de la pandemia provocada por el Coronavirus. Son dos caras de la misma moneda. Porque, tanto las peticiones de precios justos como el abastecimiento de alimentos a la población, confinada por razones sanitarias, son dos maneras de mostrar el prestigio y la consideración que debemos otorgar, siempre, al sistema agroalimentario en su conjunto. Dicho de otra manera, la pandemia ha venido a dar la razón al sector en sus peticiones de precios justos y ha encumbrado su importante función social, a la altura de la del personal sanitario. Nadie quiere imaginar qué hubiera ocurrido si, al peor periodo epidémico, se le hubiera sumado una situación de escasez de alimentos.

La confianza y seguridad que ha disfrutado la población, en todo momento, sobre el suministro de alimentos y bebidas gracias a la labor de toda la cadena -desde agricultores, ganaderos, pescadores hasta reponedores o cajeros, pasando por cooperativistas, industrias alimentarias, transportistas, distribuidores y minoristas- es la materialización más palpable del valor estratégico del sistema agroalimentario de nuestro país. A pesar de las dificultades, el sector ha logrado atender la gran demanda y los consumidores han disfrutado de un acceso estable y constante a los alimentos en todo el territorio.

Además, nuestro sistema agroalimentario también ha sido capaz no sólo de mantener las exportaciones, sino de incrementarlas. Mientras que el saldo comercial nacional se redujo un 8,9%, en el año móvil de julio 2020, el sector agroalimentario, pesquero y forestal lo incrementó un 18% gracias al aumento de exportaciones, principalmente a países no comunitarios. Todo ello ha sido posible por la colaboración activa de todos los eslabones que conforman la cadena alimentaria y por la gran capacidad y diversidad productiva de nuestro país.

Por todo ello y como ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, quiero manifestar mi orgullo de esta actuación ejemplar de todo el sistema agroalimentario. La irrupción de la pandemia y el consiguiente decreto de alarma nos han exigido un trabajo extraordinario que hemos desarrollado en estrecha colaboración y contacto con las comunidades autónomas, organizaciones agrarias y representantes del sector. Nuestro objetivo primordial ha estado orientado a facilitar y asegurar, en todo momento, que la actividad agroalimentaria en su conjunto siguiera su curso con el menor perjuicio posible.

Entre las actuaciones trasversales, tuvimos que habilitar iniciativas para mantener la movilidad y el transporte, tanto de trabajadores como de animales y mercancías; adoptamos medidas económicas y sociales, como la aprobación de la línea ICO para asegurar la liquidez de las explotaciones, las prestaciones extraordinarias para autónomos, las ampliaciones de amortización de créditos o los aplazamientos de deudas tributarias, a la Seguridad Social o de alquileres…; e impulsamos la normativa necesaria para garantizar la mano de obra en el campo y para asegurar que no quedara ninguna cosecha sin recoger.

En paralelo, nos pusimos inmediatamente en contacto con la Unión Europea para que activara medidas favorables a los intereses agrícolas y ganaderos españoles en una situación excepcional como la provocada por la pandemia. Así, nuestras solicitudes se tradujeron en la flexibilización de los requisitos para percibir las ayudas de la PAC: se prorrogó el plazo de solicitud única y se articularon anticipos de hasta el 70% de los pagos directos y del 85% en ayudas de desarrollo rural. La Comisión Europea presentó también un paquete legislativo para los sectores más afectados, como el ganadero, vino, frutas y hortalizas, patata procesada y flor cortada y planta ornamental, que incluían tanto medidas de mercado como de flexibilización de la normativa que rige las ayudas sectoriales.

Asimismo, el Ministerio ha realizado un esfuerzo intenso para respaldar a nuestro sector primario en los segmentos más afectados por la crisis, en especial los que comercializan sus producciones a través del canal horeca de hostelería y restauración. Hemos tramitado reales decretos con medidas excepcionales para el sector vitivinícola (91 millones de euros), para el porcino ibérico (10M€), para el ovino y caprino (10M€) y para la flor cortada (10,4M€), y hemos flexibilizado los programas de desarrollo rural para poder destinar hasta el 2% de cantidades no comprometidas a ayudas a sectores en crisis.

Ley de la cadena alimentaria

Mención aparte merece la modificación de la Ley 12/2013, de 2 de agosto, de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria, que ya habíamos iniciado antes de la irrupción de la pandemia y que, en estos momentos, continúa su tramitación legislativa, junto a la incorporación a nuestro sistema legislativo de la Directiva europea 2019/633, de 17 de abril de 2019, sobre prácticas comerciales desleales. En el Real Decreto-ley 5/2020, de 25 de febrero, de medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación, ya introdujimos medidas urgentes sobre la obligatoriedad de contratos escritos, de la fijación de precios nunca por debajo del coste de producción o de la prohibición de banalizar los productos a través de promociones con el fin de reforzar la posición de agricultores y ganaderos en sus negociaciones comerciales. Por su parte, la Directiva también tiene como objetivo central el combate contra las prácticas que se apartan de las buenas conductas comerciales y que se aprovechan de la posición de fuerza de una de las partes para imponerse sobre la otra. Se trata de un importante compendio legislativo orientado a favorecer al eslabón más débil de la cadena, que, en estos momentos, es el agricultor y el ganadero.

Todas estas actuaciones son, sin duda, la mejor expresión de agradecimiento que podemos hacer, desde el Ministerio, a un sector que ha demostrado, repetidamente, gozar de una gran capacidad de respuesta y resistencia ante las adversidades. Hay que recordar que el sistema agroalimentario español tiene una importante contribución a la nuestra actividad económica, puesto que aporta el 11% del PIB y genera 2,6 millones de puestos de trabajo. Además, cabe destacar su significativa y, muchas veces exclusiva, aportación a otros valores más difíciles de cuantificar, pero igualmente importantes. Me refiero, por ejemplo, a su función estelar en la vertebración del territorio nacional, dada su capacidad para fijar la población en zonas rurales, así como a su contribución en la conservación del medio natural, del paisaje e, incluso, de un medio rural vivo y dinámico.

Revalorización y prestigio

La crisis sanitaria ha actuado como revelador de lo que dábamos por sentado. El sector agroalimentario nos suministra de alimentos sanos, nutritivos, asequibles y de calidad todos los días, haya o no haya pandemia. Todos los trabajos relacionados con el abastecimiento de alimentos a la población han vuelto a salir revalorizados y prestigiados de esta crisis. Su indiscutible necesidad convierte a los sectores agrario y pesquero en estratégicos y esenciales. Y, por tanto, están situados en un lugar preponderante de cara al plan para la recuperación económica y social de nuestro país.

Para ello, vamos a contar con importantes recursos financieros y reglamentarios europeos, cuya negociación y tramitación también están siendo, a lo largo de este año 2020, grandes protagonistas de nuestro sector agroalimentario. La Unión Europea (UE) ha respondido con un Marco Financiero Plurianual de 1.8243 billones de euros al desafío histórico que supone hacer frente a la crisis sanitaria del Coronavirus –tan relacionada con la alimentación y el deterioro de la biodiversidad-, sin renunciar a los retos de sostenibilidad económica, social y medioambiental que ya se había fijado y que, ahora, se han confirmado como urgentes y necesarios.

Gracias a su demostración como sector esencial y estratégico para la suficiencia alimentaria de la UE, la actividad agraria va a ser una de las grandes beneficiadas de ese cuantioso presupuesto para el periodo 2021-2027. En consonancia con países como Francia y Alemania, España ha salido satisfecha de los fondos destinados a la Política Agraria Común (PAC) por haberse mantenido a la altura de los del periodo anterior, en un contexto extremadamente complejo por el Brexit -que conlleva un recorte del 13% de las aportaciones al presupuesto comunitario- y por los grandes compromisos y necesidades debidas a la pandemia.

Por eso, en un momento de tanta incertidumbre y volatilidad, contar con un presupuesto tan importante como son 47.724 millones de euros es un factor que debe transferir al sector agrario confianza y decisión a la hora de encarar su futuro. Es una cantidad que, unida a la financiación estatal y autonómica, va a suponer 7.500 millones de euros anuales de respaldo para el sector. Ningún otro segmento de la actividad económica de nuestro país tiene una ayuda asegurada de esa magnitud.

Por otra parte, la reforma de la PAC también está en su recta final. Bajo el paraguas de las grandes líneas que marcan el Pacto Verde europeo y, dentro de él, las estrategias de ‘Biodiversidad’ y ‘De la granja a la mesa’, más directamente relacionadas con el sector agroalimentario, la propuesta de reforma de la Política Agrícola Común, cuyos debates se cerrarán en el último tramo de este año, introduce cambios profundos en el anhelo de cumplir con su aspiración hacia un modelo más sostenible y competitivo.

Nuestro país apoya decididamente este avance. Tras más de dos años de deliberaciones, ha llegado el momento de contar con las propuestas definitivas de los reglamentos de la nueva PAC, a partir de los cuales tendremos nuestro modelo de aplicación para España y la vía libre para la tramitación del Plan Estratégico Nacional a lo largo de 2021. Nunca se ha acometido una reforma de la PAC con una documentación tan sólida como la actual y hacía décadas que no se hacía un análisis tan profundo como el que hemos llevado a cabo para elaborar nuestro Plan Estratégico. Han sido cerca de 70 reuniones presenciales con las comunidades autónomas, organizaciones profesionales agrarias y organizaciones no gubernamentales y más de 50 encuentros de trabajo con diferentes unidades del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Todo ello nos faculta para seguir haciendo evolucionar nuestra actividad agrícola y ganadera de mano de la PAC. Es una de las políticas europeas por excelencia y ha sabido renovarse, en cada momento histórico, para dar respuesta a las necesidades de los consumidores de la Unión. Primero, cumplió con el objetivo de proveer de alimentos a todos. Luego, se volcó en conseguir que esos alimentos fueran nutricionalmente equilibrados y seguros desde el punto de vista sanitario. Gracias a la PAC, hoy, la Unión Europea es el lugar más seguro del mundo para alimentarse. Y, ahora, es el momento de dar un paso más y emprender el camino hacia la sostenibilidad económica, social y medioambiental. La nueva PAC quiere que su capacidad para abastecer de alimentos sanos, nutritivos y de calidad a su población sea a través de sistemas productivos también sanos y seguros para el territorio y para la vida natural. La transición ecológica llama con fuerza a nuestras puertas y, para abrirlas, contamos con las llaves de la modernización, innovación y digitalización. Vamos a contar con medios, tiempo y flexibilidad para adaptarnos, vamos a salir mejores y vamos a seguir avanzando hacia la vanguardia de los modelos de producción agrícola del mundo como tarea determinante de la próxima década en el campo español.

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