La levantá

Hagamos crecer nuestra fe

Santo entierro. Santo entierro.

Santo entierro.

No tengo duda alguna de que cuando la sensatez y la responsabilidad social de todos nos hayan permitido vencer al coronavirus, los cofrades seguiremos infectados por otro virus que nos recorre las venas, el que nos hace cada día creer, sentir y vivir nuestra Semana Santa.

Una Semana Santa que, este año y “sólo este”, será especial. Especial porque no vamos a tener la Alegría de ese Domingo de Ramos en el que, siguiendo al refranero español, siempre estrenamos algo para que no se nos caigan las manos. Porque no vamos a poder disfrutar del Fin de sacar a la calle los primeros pasos. Porque, vernos entre las paredes de nuestra casa, nos provocará esas Lágrimas que no acabarán de recorrer nuestra mejilla sin que pensemos en la Esperanza de volver a ver nuestras cofradías en las calles. Porque, la de este año, será una Semana Santa en la que el Dolor será Mayor que cuando en ocasiones hemos tenido que sufrir la Amargura de quedarnos encerrados en el templo por la lluvia.

Una Semana Santa que nos permitirá profundizar en esa fe que mantenemos como la Estrella que guía nuestro día a día. Una Semana Santa que vivimos en una situación de Soledad que nos ha llevado a los cofrades a fomentar nuestra Caridad, nuestra solidaridad y nuestra entrega hacia los demás.

Pero no, no estamos solos. Ellos, nuestros sagrados Titulares, están ahí. Porque la Semana Santa no ha muerto con el coronavirus. Porque nada, ni siquiera este mensaje que nos ha enviado la naturaleza para que pisemos el freno de nuestra vida y nos detengamos a mirar un poquito a nuestro alrededor, ha podido y podrá con la Semana Santa. Porque el Jueves Santo, el Viernes, el Domingo…el Triduo Pascual, lo viviremos los cofrades con la misma, e incluso mayor, intensidad.

Aprovechemos para fortalecer, para hacer crecer nuestra fe. Es momento para pedir a Dios que nos ayude, pero también para darle todo lo que llevamos en nuestro interior. Y ahora no podemos achacar esa incomunicación, de la que muchas veces hacemos gala, a la falta de tiempo por nuestro estrés diario.

Aunque algunos, como los médicos, los policías, los militares o…los periodistas, no demos abasto. Al terminar de hacer nuestro trabajo, también junto al resto, tendremos ese momento para vivir este calvario global que padecemos, porque no podemos olvidar que esto pasará y volveremos a Resucitar como cofrades, con la misma ilusión del que se viste por primera vez de nazareno. Con la misma ilusión del que se pone un costal para sufrir bajo una trabajadera. Con la misma ilusión de todos y cada uno de los que tenemos fe en una vida mejor.