CLXXV ANIVERSARIO DE LA CARTILLA DEL GUARDIA CIVIL (1845-2020)

La Guardia Civil en San Roque (XIX)

  • El coronel Jesús Núñez repasa la historia de la Benemérita en el Campo de Gibraltar

  • Esta entrega se dedica a la décima parte de la semblanza del Brigadier Miguel Guzmán Cumplido (1819-1895)

Resumen de noticias publicado en el periodico "La España" el 1º de agosto de 1857. Resumen de noticias publicado en el periodico "La España" el 1º de agosto de 1857.

Resumen de noticias publicado en el periodico "La España" el 1º de agosto de 1857.

Miguel Guzmán Cumplido ostentaba en 1862 el empleo de segundo comandante de la Guardia Civil y se encontraba al frente de la Comandancia de Málaga. Su impresionante hoja de servicios era ya entonces más que acreedora a una de las más extensas biografías que pudiera tener un guardia civil del siglo XIX.

De más que acreditado valor se trataba de un hombre de acción, haciendo grande una de las principales premisas de la vida militar que es la de ocupar siempre los puestos de mayor riesgo y fatiga.

Mientras tanto, continuaba cosechando nuevos éxitos profesionales en nuestra vecina provincia de Málaga, un escenario que al igual que nuestra comarca, era entonces tremendamente complejo y complicado.

Por un lado estaban las peligrosas y violentas bandas de contrabandistas, cuyo género procedía de la colonia británica de Gibraltar. Si bien ello era objeto principal del Cuerpo de Carabineros del Reino, eran muy habituales también los enfrentamientos con la Guardia Civil, pues por mucho que se intentase enmascarar, el contrabandista era un delincuente, que en cuadrilla y armado, no estaba dispuesto a dejarse aprehender.

Y por otro lado, estaban los que entonces eran los principales enemigos de los abnegados miembros del benemérito Instituto, formados en el catecismo del duque de Ahumada, que no era otro que la denominada “Cartilla del Guardia Civil”, que el próximo 20 de diciembre cumplirá 175 años. Se trataban de las partidas de bandoleros que asolaban caminos, viviendas y honras en una España entonces eminentemente rural.

La Guardia Civil llevaba ya casi dos décadas luchando exitósamente contra dicho mal, aún a pesar de la conflictividad e inestabilidad política y social de la época. Un ejemplo más de aquello, entre los que figuran anotados en su hoja de servicios, es la felicitación recibida por real orden de 6 de mayo de 1862. El motivo era haber dirigido la persecución y captura de cinco bandoleros que en la noche del 16 de abril anterior habían asaltado la diligencia de Málaga a Granada.

Hay que significar que la lucha incansable contra el crimen iba intercalada con la actuación benemérita de la Guardia Civil, tal y como se recogió también en la hoja de servicio de nuestro protagonista. Por real orden de 19 de julio de 1860, Miguel Guzmán recibió las gracias del teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, director general del Cuerpo, por los servicios prestados en la ciudad de Málaga durante la enfermedad del cólera morbo.

Según la tesis doctoral “Enfermedad y Sociedad en Málaga. El Cólera morbo asiático (1833-1885)”, de David Alberto Delante Segura (Málaga 2003), donde se cita la actuación de los guardias civiles, la epidemia de 1860 causó 454 muertos en la ciudad. Tuvo su origen en el desembarco de heridos y enfermos procedentes de la campaña africana, una vez firmado el Tratado de Paz de Wad-Ras en abril de dicho año.

Por otra real orden de 30 de enero de 1863 Guzmán fue destinado a mandar la Comandancia de Sevilla, perteneciente al 4º Tercio, cesando a fin de febrero siguiente en el mando de la de Málaga, correspondiente al 8º Tercio.

Ascendido al empleo de primer comandante el 5 de marzo siguiente, apenas estuvo ocho meses al frente de la Comandancia hispalense ya que por real orden de 26 de septiembre volvió a ser destinado al mando de la Comandancia de Málaga, incorporándose el 1º de noviembre.

Entre las felicitaciones que continuó recibiendo, destacaba la dictada por real orden de 17 de abril de 1865, relativa a un brillante servicio que había prestado con motivo de la persecución y captura de los autores de un rapto que se había perpetrado en la provincia de Málaga ocho años antes.

Dicho suceso había tenido gran repercusión a nivel nacional en la prensa de la época. Gracias a la detallada crónica publicada el 23 de julio de 1857 en “El Correo de Andalucía” y reproducida cinco días después en el periódico monárquico madrileño “La Esperanza”, se puede completar lo que no relata la hoja de servicios de Miguel Guzmán.

El suceso había acaecido en la noche del 19 de ese mismo mes, en la “Hacienda de Zapatero”, sita a unas dos leguas de Málaga. Antonio Campos, “dueño de ella y acaudalado capitalista de esta ciudad”, se encontraba en la misma junto a su esposa y su único hijo de unos doce años, así como algunos jornaleros y operarios.

Llegaron a la puerta principal cuatro hombres, dos vestidos con uniformes de la Guardia Civil, otro con el de la guardia municipal rural y el último asegurando que era el alcalde pedáneo. Manifestaron que iban buscando a unos desertores del Ejército y que por lo tanto era preciso encerrar a todos los trabajadores para ir reconociéndolos uno a uno.

Una vez introducidos en una habitación y echada la llave subieron a los aposentos familiares, dejando ya claro que “no eran otra cosa que cuatro miserables bandidos”, intimidándoles para que les entregaran doce mil duros. Como no tenían esa cantidad en la vivienda terminaron por llevarse cautivo al niño, huyendo a continuación.

Avisado el puesto de la Guardia Civil, en cuyo auxilio acudieron fuerzas de los limítrofes, fue inútil pues los bandoleros habían desaparecido con el niño. Hacía poco de más de dos meses que se había hecho cargo del mando de la provincia de Málaga el primer capitán Miguel Guzmán, dirigiendo, vigilando e impulsando personalmente el servicio. Días después los padres recibieron una carta del hijo diciendo que se encontraba bien y reclamando el pago de su rescate.

Fruto de su tenacidad y del esfuerzo incansable de sus hombres, el periódico madrileño “La España”, en su edición de 1º de agosto siguiente, informaba de que el 25 de julio había sido ya capturado por la Guardia Civil uno de los sospechosos del secuestro. Se llamaba Felipe Sánchez Mira, natural y vecino de Colmenar, que trabajaba como guarda de campo cerca de Málaga. Se le había intervenido un uniforme viejo de la Guardia Civil y tres escopetas.

“El Clamor Público”, periódico del Partido Liberal en Madrid, correspondiente al 2 de agosto, reproducía que “El Avisador Malagueño” había publicado el 29 anterior, que el niño tras ocho días de cautiverio había regresado sano y salvo al domicilio familiar.

Nuevamente era “La España” quien el 16 de agosto informaba a sus lectores que varios sospechosos de estar relacionados con dicho secuestro serían juzgados próximamente en consejo de guerra.

“La Discusión” del 5 de noviembre daba cuenta de que el 31 anterior, fuerzas de la Guardia Rural habían dado muerte en una emboscada a otro de los sospechosos de participar en el secuestro, llamado Manuel Díaz. Se trataba de un peligroso delincuente, autor de un asesinato y otro secuestro, que llevaba dos años fugado de la cárcel de Málaga, después de sentenciado a 20 años de condena por sus crímenes.

Casi ocho años después de aquello la Guardia Civil de Málaga, con Miguel Guzmán al frente, terminaba de capturar a los últimos sospechosos del secuestro que quedaban en libertad.

(Continuará).

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