Tribuna

Manuel Rodríguez Monserrat

Profesor de Derecho Penal de la Universidad de Málaga

¿Todo por la patria?

El principio de autoridad brilla por su ausencia por mucho que la inopia de algunos nos pretenda convencer de lo contrario

Leonardo Marcos, director general de la Guardia Civil.

Leonardo Marcos, director general de la Guardia Civil. / D.S.

Ha llamado poderosamente la atención las palabras del máximo responsable de la Guardia Civil, en la entrevista publicada por Europa Sur y el resto de diarios del Grupo Joly. A la pregunta de qué falló aquella noche del 9 de febrero en Barbate, el señor Leonardo Marcos responde que "la operación fue correcta". "Lo que no preveíamos, porque esto no había ocurrido nunca", añade a continuación, "es que la respuesta de los delincuentes fuera atacar directamente a los guardias. En nuestro mundo hay un gran respeto a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. No es normal, ni previsible, esa reacción homicida contra los guardias” (…)".

¿Qué es lo que no había ocurrido nunca? ¿Un ataque? De las citadas palabras puede interpretarse que, tanto los mandos, como el máximo responsable, desconocen y desconocían que dos agentes del SVA resultaron gravemente heridos tras ser apedreados en La Línea cuando su embarcación quedó varada o que dos agentes de la Policía Nacional fueron embestidos en Algeciras a 170 km/h por un vehículo, quedando uno de ellos con un 60% de discapacidad.

En este contexto, en una respuesta parlamentaria al grupo popular en el año 2021, se contabilizaron más de 200 agresiones, de distinta gravedad, a miembros de seguridad en el Campo de Gibraltar. El principio de autoridad brilla por su ausencia por mucho que la inopia de algunos nos pretenda convencer de lo contrario. Las agresiones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son un hecho y son absolutamente previsibles. No se puede calificar lo sucedido en Barbate lo que en inteligencia se denomina “teoría del cisne negro”.

"No les requirió el deber, pero lo acataron; como valientes se expusieron al peligro y como héroes murieron"

En el sentido de lo anterior, ¿creyeron los mandos que se iban a entregar los pilotos pacíficamente apareciendo las fuerzas del orden en escena con esas lanchas de juguete cuando el simple hecho de poseer una narcolancha es delito desde 2018? ¿Desconocen los mandos el elevado valor de las embarcaciones prohibidas y constitutivas de delito como para que se entreguen sin oponer resistencia? ¿Acaso se lo ponen fácil en las persecuciones en el Estrecho de Gibraltar? La misión era imposible y las declaraciones se sostienen porque el papel lo aguanta todo.

No los demandó el honor, pero obedecieron bajo el pretexto injustificado del todo por la patria. No les requirió el deber, pero lo acataron; como valientes se expusieron al peligro y como héroes murieron. Los demandó una orden insensata por ejecutarse con medios insuficientes, que los ató de manos y los dejaron a los pies de los caballos (o de las hélices), constituyendo sus muertes un sacrificio absolutamente innecesario que hoy se reproduce en los medios de comunicación sin que nada haya cambiado.

Por otro lado, también resulta llamativa otra afirmación: “Se hizo lo que se podía hacer con los medios disponibles y en las circunstancias meteorológicas de ese 9 de febrero”.

Cerro Muriano

Debe ponerse de ejemplo el diferente tratamiento que se ha dado hasta la presentación de la denuncia de la AUGC a dos tragedias muy similares, el ahogamiento de los soldados en Cerro Muriano y la tragedia de Barbate, en la que se hizo lo que se podía con los medios disponibles.

Mientras que en el suceso de Córdoba las miradas se han centrado desde el principio sobre la cadena de mando, en Barbate, el romanticismo de las narcolanchas y el perfil de El Cabra eclipsó el análisis sobre la orden recibida por los guardias civiles. La publicación de los vídeos, con el jaleo de fondo del aldeanismo tribal, permite apreciar la evidente inferioridad de las fuerzas del orden que no dudaron en cumplir con su deber.

España se escandalizó por los medios militares empleados para cruzar el lago de Cerro Muriano, poniendo en la picota a distintos mandos. Sin embargo, no se mostró interés en preguntarse a quién se le ocurrió mandar a esos agentes con esos medios.

Está tan asumida y normalizada la falta de medios policiales y la obligación de cumplir cualquier orden bajo el pretexto de todo por la patria que el ejercicio de funciones sin  protección es inherente a la actuación policial y no se valora como variable en las actuaciones policiales.

"Nadie asume la responsabilidad política de no dotar a los agentes del orden de medios policiales adecuados a sus riesgos"

Sin embargo, se trata de una circunstancia aplicable exclusivamente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Que a ningún empresario se le ocurra emplear trabajadores infringiendo las normas de prevención de riesgos laborales no facilitando los medios necesarios (cascos o arneses), de forma que pongan en peligro grave su vida o su integridad física, pues el Código Penal permite imponer pena de prisión de 6 meses a 3 años y multa de 6 a 12 meses.

¿En ambas tragedias los mandos buscaron el resultado de muerte? Lo más probable es que no fuese su finalidad. En el caso de Cerro Muriano se analiza la idoneidad del ejercicio, la previsibilidad de los riesgos y peligros y la concurrencia de medios. En el caso de Barbate, gracias a la denuncia de la AUGC, se podrá investigar la idoneidad de mandar a un grupo de agentes en la embarcación que fue embestida y si era previsible una respuesta hostil.

En ambas tragedias, todo empieza con una orden y continúa con una falta de medios conocida y aceptada por los máximos responsables que podría equipararse a la propia acción. En Córdoba se dirimen responsabilidades, pero en Cádiz nadie asume la responsabilidad política de no dotar a los agentes del orden de medios policiales adecuados a sus riesgos, ya que “desde el punto de vista técnico, tras investigarlo profundamente, la operación fue correcta”.

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