¿Truhán o señor?

18 de enero 2026 - 03:08

El presunto acoso sexual y abuso de poder de Julio Iglesias, el más internacional de los artistas españoles, sobre algunas de sus empleadas en su lujosa residencia caribeña de Santo Domingo ha sido una noticia que ha disputado la portada de periódicos y la apertura de informativos a acontecimientos tan transcendentes como la captura de Maduro, las ínfulas conquistadoras de Trump en Groenlandia o la revuelta iraní que amenaza con hacer explotar el polvorín de Oriente Medio. Casi con la pericia del forense, los reporteros han diseccionado unos sucesos acaecidos hace años que las –supuestas– agraviadas han decidido ahora sacar a la luz.

Conocida es la pulsión libidinosa de este romántico cantante y no les ha sido difícil a los informadores rescatar imágenes que lo corroboran. Así vemos a Julio intentando besar a una presentadora argentina que se disponía a entrevistarle. La chica, una voluptuosa belleza rubia, creyó que con unos protocolarios besos de mejilla será suficiente pero el entrevistado, subyugado por la vistosidad de su partenaire, quería más… Un beso en la boca que, a pesar de la férrea resistencia de la periodista, logró por fin estamparle. Estos ejemplos han servido para inclinar la balanza periodística en favor de las denunciantes sin esperar un veredicto de las autoridades judiciales. En estas cuestiones, es elemento esencial la posición de poder del presunto abusador y resulta obvio que tal superioridad hace que el cantante se jacte públicamente de la (astronómica) cantidad de mujeres que han compartido su cama.

El sometimiento es conducta antigua, basta recordar el “derecho de pernada” (ius primae noctis) que otorgaba a los señores feudales la potestad de mantener relaciones sexuales con cualquier doncella de su feudo que fuese a contraer matrimonio. Y aunque en general son hombres los “afectados” por esta suerte de promiscuidad compulsiva, solo se justifica por la menor presencia de mujeres en posiciones de poder. Cleopatra, María Antonieta, Luisa Isabel de Orleans, Catalina la Grande de Rusia o Isabel II (la reina española que casaron con su desangelado primo Francisco Asís de Borbón, al que todos conocían como La Paquita), disfrutaron sobradamente de su desenfrenada pasión por el fornicio. Sea truhán o señor, el comportamiento de Julio es moneda corriente entre quienes más lo censuran.

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