The Man in the High Castle

19 de enero 2026 - 03:06

El hombre en el castillo es el título de una serie de tv emitida por Amazon Prime Vídeo que en estos últimos días, al pensar en lo que está sucediendo desde que Trump accedió a ocupar por segunda vez la Casa Blanca, me ha venido a la memoria. La serie está basada en la novela homónima de Philip K. Dick, publicada en 1962, y nos plantea, a través de una realidad distópica y alternativa, qué es lo que habría pasado si en lugar de los Aliados hubieran sido las potencias del Eje las ganadoras de la II Guerra Mundial.

La acción se sitúa en EEUU, aunque no como el país que hoy es, sino como un territorio que estaría bajo dominio del III Reich y Japón. La democracia ha desaparecido y sobre la estatua de la Libertad ondea la bandera de la cruz gamada. Las ciudades están tomadas por fuerzas militares y paramilitares y al frente del gobierno de la nación está un fantoche nombrado desde Berlín por el sucesor de Hitler. En tanto que la verdad de lo que pasó después de 1945, con la victoria aliada sobre los alemanes y los japoneses, esto es, la realidad histórica, sólo es conocida por unos pocos, a través de un libro en la novela y de unas cintas de películas en la serie, que custodia un misterioso individuo refugiado en una casa de las Montañas Rocosas.

No es que algo así esté sucediendo en Estados Unidos ahora, pero sí hay detalles de lo que allá ocurre, y de sus repercusiones a nivel internacional, que recuerdan a las circunstancias que favorecieron el auge del fascismo en la Europa de entreguerras. El propio Trump, grotesco tanto en su discurso como en su actuación, se asemeja, y no poco, a los dictadorzuelos que proliferaron entonces y no creo que sea preciso reproducir aquí toda su lista de méritos.

Los indicios de supremacismo blanco en el seno de la administración que lidera, el rechazo a los colectivos LGTBI, la presencia de los agentes de inmigración campando a sus anchas en las calles y actuando como si fueran las SS o la Gestapo, las apelaciones a “hacer grande América de nuevo”, las invocaciones a la doctrina Monroe, readaptada a capricho, y las proclamas expansionistas son señales más que preocupantes. Lo malo es que, a diferencia de lo que pasa en la ficción, esta es la única realidad existente.

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