El pinsapar
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La muñeca rusa
Van a ser cuatro años de la repentina muerte de quien fue un corazón juvenil y un maestro de físicos, Luis Rull, apreciado por muchos que de la ciencia natural y madre poco o nada sabíamos; sí de su bonhomía y sabiduría. Lo recuerdo con frecuencia al rellenar las casillas del sudoku en el papel de este periódico. Un juego de lógica ajeno a la aritmética, que consiste en rellenar 81 casillas con números del 1 al 9, con una única solución que nunca podrá repetir en la misma fila ni columna, ni en sus 9 bloques de 3x3, un mismo número (podrían ser, en vez de guarismos, nueve letras de la A a la I, o dibujos de nueve animales). El añorado catedrático Rull se reía de mi fantasía al creer que había números que eran más esquivos que otros: una cábala barata, más bien juguetona.
Entre la lógica inexorable y el esoterismo hay la misma infinita distancia que entre la ciencia y la superstición, o entre la verdad y la mentira. Si pones un número mal, por arriesgar y por salir de tu duda, has firmado tu sentencia hasta el día siguiente. Tarde o temprano, deberás tachar frustración todo el recuadro, para refugiarte en el crucigrama y allí encontrar una paz sucedánea. Sugiero ejercitar la mente haciendo sudokus. Los hay para todos los públicos. Ninguno es demasiado fácil, todos son excitantes. E inexorables. Sólo tienen una solución.
En el vivir cotidiano, en los planes de las criaturas, en el amor y en la llevanza de organizaciones no hay casi nada asemejado a un sudoku. La contingencia y el azar no tienen reglas. El juego del ajedrez –al que llegué tarde– sí reproduce en modo menor las tácticas y estrategias de la vida; al menos, hay un contrincante y múltiples cursos de acción. La natural competencia, pero, sobre ella, su excrecencia, la guerra, contienen mucha mayor complejidad. En el juego de ganar y perder son incontables las variables. Que atañen a las habilidades, el clima, los vicios humanos de individuos o grupos: la adaptación, la casualidad, la codicia, la ira, la crueldad, el resentimiento, la posesión del demasiado poder y sus conciliábulos, el capricho, la locura visionaria, el arrumbamiento de la compasión. Poco que ver con lógica alguna; al menos, la que ofrece una solución perfecta y única. Hay más de sudoku en la selva animal que en los hechos de los hombres. Se echan en falta doctores como Luis Rull. Personas de buena lógica y mejor saber.
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