La ciudad y los días
Carlos Colón
Sánchez representa la civilización
Ocurrió hace sólo unos días, antes de que implosionaran Netanyahu y Trump sobre Irán y sus gentes, y que Jamenei alcanzara alguno de los paraísos reservados para los santos, disfrutando de la eterna bienaventuranza, rodeado de bellas huríes. Justo cuando nuestro particular mundo giraba en torno a los papeles del 23 F, ya se podía presentir que nada importante iba a salir de esa documentación, celosamente guardada durante 45 años. La esperanza, por ejemplo, de conocer el contenido y los términos de los apoyos políticos o internacionales, eso que se ha llamado el golpe blando, se desvaneció de inmediato. Sobre todo cuando los medios, en los que el amarillo ya es tendencia de fondo de armario, se decantaron por informar a la población sobre las conversaciones telefónicas en las que la mujer de Tejero cobró un inusitado protagonismo, aportando datos al más puro estilo de radio patio.
Al final, desentrañar la trama del intento de golpe de estado se quedó en una especie de pasillo de comedias, en el que existen ausencias de otros audios y de otros vídeos. En general, no se sabe qué ha pasado con todos esos testimonios que quizá no contribuían a reforzar la imagen de Juan Carlos I. Sólo han quedado pequeños deslices, como en el que reconoce su: “rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”. A lo que, curiosamente añade: “Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”, como dando a entender que antes de expresarse en esos términos, sí pudo haber tenido otra opción.
El juancarlismo ha vivió unos días de verdadera euforia. Sus más fieles seguidores han clamado por la vuelta del exmonarca, quien –motu proprio–eligió ausentarse del país para evitar a la Hacienda Pública y poder disponer de sus fortunas, sin que ni ley ni moral le afectaran. Ha sido, por tanto, un enésimo rescate de la dinastía –aunque Felipe VI haga encaje de bolillos para alejarse del modelo paterno– desde aquel momento en el que el Deseado Fernando VII fuera recuperado para el trono, una vez expulsadas las tropas napoleónicas. Una aclamada llegada a la que el monarca, trastatarabuelo de nuestro capitán bribón, respondió aboliendo la Constitución de Cádiz y reponiendo el Antiguo Régimen. “¡Vivan las cadenas!”, gritaban entonces desde las filas del absolutismo.
Idéntico servilismo ha arropado el bombardeo, el asalto y la próxima intervención de Irán, por parte de quienes aplauden este tipo de crímenes de Estado, cometidos fuera de los más básicos acuerdos entre naciones. Una guerra imperialista y depredadora. Los siglos pasan, supuestamente las tecnologías mejoran las vidas de la gente, pero el servilismo y la sumisión al poderoso, permanecen en la especie.
También te puede interesar
La ciudad y los días
Carlos Colón
Sánchez representa la civilización
Brindis al sol
Alberto González Troyano
Malos tiempos para la Política
Estrechamente
Margarita García Díaz
Servilismo
Monticello
Víctor J. Vázquez
La religión oculta
Lo último