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Tiempo de Cuaresma y reflexión. Examinamos nuestra conciencia y entramos los católicos en la Semana Santa. Pasión y muerte de Jesucristo. Estas fechas suponen para los que comulgan con el catolicismo una época de introspección y acercamiento a la fe que se procesa con la celebración de los ya poco comunes ejercicios espirituales. Las personas agnósticas o ateas o de otra religión viven ajenas a este contenido de matiz religioso, que se extiende socialmente en nuestra cultura peninsular. Procesiones, vírgenes y crucificados, penitentes, capirotes, bandas de música, incienso, azucenas, claveles y el olor del azahar toman la palabra en las setas y hacen realidad un sentimiento de fe, cuando no de expectación y respeto para los no creyentes que son espectadores de todo lo que acontece entre el silencio y el gentío.
La Semana Santa se celebra una vez al año como exaltación de una fecha religiosa que relata el sacrificio de Jesucristo por salvar a la humanidad.
Esta fecha también se ha convertido en un reclamo turístico. La gente viaja para poder ver las procesiones que se celebran en todos los rincones de España, pues en cada lugar tiene su propia característica. Los Empalaos de Valverde de la Vera en Extremadura, Los Salzillos de Murcia, las procesiones de las esculturas de Gregorio Fernández en Valladolid, los pasos de Sevilla con su riqueza y los de Málaga con su grandiosidad. No hay pueblo de España que no saque a sus imágenes para su veneración. Cualquier agnóstico diría que una vez al año no hace daño y así se pueden contemplar a pie de calle las esculturas y los mantos, los palitos y los candelabros, la fe popular que sabe de tradiciones y se mueve al pulso de los hombres de trono o de los costaleros. La Iglesia se vuelve contemplativa y las cofradías toman la palabra del pueblo en nombre de la tradición, que por los años 70 y 80 permanecía dormida, cuando los pasos eran conducidos por tractores.
Historia de una cultura que pone la religión como estandarte, que da puestos de trabajo y que cada primavera reza al Jesús del madero para reconciliarse consigo misma, da signos de una identidad propia y que después guarda sus prendas y accesorios hasta el año siguiente.
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