El hombre lobo

02 de enero 2026 - 03:04

El problema de la vivienda simboliza muy bien la situación política actual, dos derechos que colisionan, el de la propiedad y el de tener un hogar; áquel se impone brutalmente, hasta el extremo de que elimina a éste, y si la ciudadanía reclama algo tan legítimo como tener derecho a esa vivienda y lo que implica de intimidad, proyecto de vida, familia... entonces aquellos se sienten legitimados para despreciar y hasta defenderse de los atacantes de su “libertad”.

Yo veo la Historia de la Humanidad como el intento constante de atemperar a la bestia que somos. En realidad los cambios históricos hunden su raíz en personas que conscientes del dolor se oponen a quienes lo infligen. Aquellos son el lobo, somos el lobo para el hombre, es lo que nos constituye, pero los derechos articulan ese ejercicio violento para que sea menos dañino.

La utopía es el contrapunto de la distopía eterna en que habitamos. La muerte es la jueza que determina lo estúpido de nuestros afanes, y para eso existe Dios: para justificar el engaño del bestialismo, haciendo pensar que la Parca no es límite sino puerta. No hay poder sin religión, no tendría sentido. Todos nuestros vindicadores de derechos niegan la trascendencia, sin olvidar a los moralistas fabulosos que buscan el bien... para salvar nuestra alma, que también ayudan.

Hay épocas de prevalencia pacífica. Normalmente, tras borracheras de violencia exacerbada viene el descanso, la convalecencia, esa resaca que llaman paz. La Europa del siglo XX ha conocido lo peor pero también la elevación de los Estados de Derecho como formas menos malas de convivir. Pero la paz, como la riqueza, engendra indolencia, como la generación que sólo ha conocido la abundancia cree que ésta se da sola, sin esfuerzos. Da la impresión de que nuestras sociedades han abandonado el trabajo necesario para mantener los derechos en vigor. La clase política, gestora, ha dejado a un lado el sustento de la paz social y eso ha hecho aflorar al animal otra vez: guerra, especulación, explotación, autoritarismo... estupidez modélica.

Es curioso lo fácil que se pierde el Humanismo. Bastan dos generaciones de gente pisoteada para que peleemos por el pitraco, por el mendrugo del pan de todos que algunos nos arrojan mientras devoran enloquecidos la parte mejor. Una vuelta por una calle de cualquier ciudad nos enseña la basura, cada cual atarazando y desgarrando el trozo que lleva en la boca, lobos entre lobos.

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