De la guerra y las mujeres

10 de marzo 2026 - 03:08

Hoy domingo, recibo numerosas felicitaciones de amigas y algunos amigos. Es el 8 de marzo, día de la Mujer. Mientras abro correos y WhatsApp, leo noticias de periódicos y escucho la radio, con su murmullo que me permite seguir leyendo e incluso escribir, sólo me detengo cuando mi cerebro recibe un estímulo novedoso sobre esta nueva y terrible guerra, que algunos se han empeñado en llamarla “La no guerra”, aunque sean ya en una y otras regiones donde se desarrolla centenares y centenares de muertos.

Las primeras víctimas, las de un centro escolar, cercanas al centenar, muertas por las armas sofisticadas de las dos grandes potencias mundiales; una armamentística, EEUU, y la otra con el espionaje más efectivo del mundo, Israel. Y ¡Oh casualidad! Ni Israel sabía que iba a caer en un colegio, aunque el mismo día mató al presidente iraní, Alí Jameneí, brutal teócrata tirano, y a sus colaboradores más estrechos. Localizaron sus rasgos en los semáforos y de ahí el envío del misil que destruyó el palacio. Y los estadounidenses que se jactaban de la precisión de sus bombas en la guerra de Iraq, dónde al parecer todas caían en el mismo agujero, ahora yerran y caen en un hospital o en la sede de La Luna Roja. Pero esto te lo dice el sátrapa norteamericano, buscando la paz, o el mismo día reconoce que busca el control del petróleo.

No hay guerra justa ni honrada, como ya nos recordaba Eduardo Galeano, pero como ha actualizado Vincenzo de Luca, filósofo, expresidente de la región de Calabria y diputado por el Partido Demócrata italiano, esta es una guerra hecha por quienes muestran tres características tremendas. Ignorancia de la Geografía y la Historia, de la cultura de los pueblos; las payasadas, sobre todo del líder americano y el actuar como en el Far West, al margen de cualquier ley del derecho internacional. De estas tres premisas surge una política que sólo puede ser reconocida como puro bandidismo.

No soy capaz de prever qué pasos se han de andar. No hay reglas. Sé quiénes lo van a pagar caro, esos pobres que no tienen nada; esos niños temblorosos y amputados, que nunca llegarán a adultos o si lo hacen como tristes marionetas rotas, a los que mis ojos ya ni siquiera pueden mirar porque la vergüenza de pertenecer al Primer Mundo que no hace nada efectivo, me lo impide. Y esas mujeres a las que hoy se dedica el día, seguirán niñas o adultas siendo las parias de la Tierra. Violadas o muertas serán el tributo a pagar a los Señores de la Guerra.

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