Desde mi pupitre
Ángel J. Sáez
Groenlandia en el Estrecho
Trump exige Groenlandia porque geográficamente es una isla americana, porque lo considera una cuestión de seguridad nacional y porque el cambio climático, que según él es una falacia, está abriendo cada vez más la brecha GIUK, un paso marítimo entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido que conecta el Atlántico y el Ártico. Y no por los minerales, según declaró el mes pasado, para quien quiera creérselo. El nuevo orden mundial que está impulsando el imprevisible y megalómano dirigente republicano se basa en ese tipo de premisas:
La primera, en el plano puramente geoestratégico, consiste en desempolvar la doctrina Monroe, lo que, extrapolado a otras zonas del planeta, justifica la invasión de Ucrania por Rusia, a la que seguirá la de Moldavia y ya veremos si las de Estonia, Letonia y Lituania si la OTAN se desintegra, a la par que volvería perfectamente lícita la anexión china del Tíbet de 1951 y la previsible de Taiwán.
La segunda, la cuestión de seguridad nacional, es perfectamente aplicable a cualquiera de las ocurrencias trumpistas: criminalizar a las minorías que no encajen en su modelo excluyente de cristianos, blancos y muy conservadores, cazar su ICE a inmigrantes indocumentados como presuntos criminales, cuestionar cualquier elección que no ganen él y sus chicos MAGA o declarar estados de excepción en territorios demócratas.
La tercera, su negacionismo climático, forma parte del ambicioso Project 2025, el plan ultraconservador de la Heritage Foundation dedicado a desregular el sector energético, abandonar el Acuerdo de París, eliminar restricciones a la extracción de hidrocarburos y liquidar la Agencia de Protección Ambiental.
Apliquemos, ahora, las mismas premisas a España. La primera, Ceuta, Melilla, los peñones de soberanía española y Canarias son, geográficamente, africanos. Segunda, para la seguridad nacional yanqui sería preferible deshacerse del incómodo aliado que es el Reino de España y sustituirlo por el de Marruecos: autocracia más fiable/manejable, traslado de la base de utilización conjunta de Rota a Tánger, cambio de orilla de los destructores de la clase Arleigh Burke. Y tercera, lo del negacionismo, que, para este caso, lo mismo da.
A ver si no se le ocurre cualquier mañana de esas suyas de levantarse con el pie izquierdo.
También te puede interesar
Desde mi pupitre
Ángel J. Sáez
Groenlandia en el Estrecho
Desde el exilio
Enrique Mesa
¿Quién pide perdón?
Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Plus Ultra
Cambio de sentido
Carmen Camacho
Duelo