Andar y contar
Alejandro Tobalina
Widmark y el desorden
El luchador por la libertad de Venezuela consolida a la bolivariana Delcy Rodríguez y abandona a la Nobel de la Paz... qué manera de cagarse encima. Trump lo tiene claro: le importa todo una mierda, incluida una guerra mundial, mientras le sirvan bien el desayuno. Ni religión, ni economía, ni política, ni familia, ni derechos, ni patria, él quiere su lacón de siempre bien frito y bien servido. Los demás le comemos los huevos y eso le hace sentirse en la cima de sus muertos.
Como todo gran dictador, carece de pensamiento. Son quienes buscan la violencia en su preconsciente más feroz los que construyen sus ideas (inexistentes) cambiantes al albur de la veleidosidad más baja del líder, el miedo infantil más simple convertido en anti-ideología. Apoyar a este tío es justificar la guerra total, el exterminio, la violencia suprema e irracional, y él sabe espolear a la masa... Oh Canetti; Ortega lo vio pero mal, la masa que cuando pierde su discurso se suma a la brutalidad sin razón, sin contenido, la que se alegra por la deposición de Maduro y calla con la elevación de Delcy.
Transitamos de la era del compromiso a la del solipsismo más ramplón. Conforme usted deja de pensar críticamente, el nivel de violencia sube exponencial. Alegrarse por la voladura del intento (nunca conseguido) de respeto por el Derecho Internacional es plegarse a los dictadores, pero de los que te meten en fosas, no esas pamplinadas que circulan por internet señalando la Moncloa como siguiente objetivo...
Hablan algunos del lado correcto de la Historia: el único es el de la justicia, el respeto a los tratados y el derecho internacionales, la redistribución económica, la Educación y la Sanidad Públicas, el Estado de Derecho, la separación de poderes, el sufragio universal, la evitación del daño siempre que es posible y máxime de la ciudadanía inerme, que basa toda su esperanza de vida en delegar el uso de la violencia en instituciones públicas limpias... No se puede ser más abyecto.
Es la misma basura que llenó Europa de carbonilla judía, España de fosas todavía calientes, el reino de los enfosadores, quienes se entregan a la molicie del pensamiento y terminan regando de fosares y huesos su paraíso de la “libertad”. Estas expresiones de alegría por la intervención de Trump ocultan, o no, la alegría que algunos sentirían ejerciendo la misma crueldad, la misma violencia, la misma indiferencia a los derechos contra quienes no pensamos igual.
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