Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Un mundo nuevo (y terrorífico)
Quiero felicitar a los amantes de la Libertad por el nombramiento de Delcy Rodríguez en Venezuela; también a los del paraíso bolivariano, por la continuidad. Todo gracias al profeta Trump. Creo que pocas veces el neoconservadorismo ha hecho un ridículo peor por sus llamados principios; han quedado demostrados: ninguno, toda esa verborrea pseudolibertaria se resume en que cada cual coja su pedazo como sea, al precio que sea y el Estado como herramienta de extorsión.
Sobre la dictadura de Venezuela no he tenido dudas en ningún momento: lo que me lleva a estar contra Maduro es lo mismo que contra Trump, el autoritarismo y la subversión de la Ley... Precisamente porque soy anti-Maduro soy anti-Trump, ésta es la clave, qué coño la polarización: si usted no lo ve así es porque ya ha sido abducido. En esta lógica de la polarización tiene su caldo la extrema derecha, la violencia gratuita basada en símbolos (rellene a su gusto el hueco para las siglas), ¿cómo va a ser lo mismo defender el Derecho Internacional, la no intervención de Estados por la fuerza, el derecho de los acusados...?. Por eso no se debe permitir esta actuación como tampoco las de Putin y otros cientos de dictaduras. Ésta es la pelea digna, éste debe ser el compromiso. Yo soy un demócrata, no un demócrata de los míos...
Abierta la veda, Groenlandia... ¿por qué no? Con qué cara miramos a Rusia y a otras tantas tiranías pidiéndoles que atiendan a la Ley, a los derechos, que eviten las guerras, incluso a democracias como Israel si caen en manos de personajes indiferentes al asesinato y el genocidio en función de sus intereses... ¿qué le podemos decir?
La callada bajo las botas de Trump es antesala de un estado de guerra total y constante. Ya saben lo que le pasaba a Hitler cuando oía a Wagner. ¿Qué ocurrirá cuando legítimamente, sí, con legitimidad de verdad, un país o un conjunto de países quieran no rendirse, defenderse? ¿A dónde van llevar a la Humanidad éstos?
No es el eterno debate sobre el uso de la fuerza contra un dictador, porque se hace por petróleo y estrategia económica (no lo digo yo, lo ha dicho el propio agresor); se secuestra y lleva a juicio saltándose todas las garantías a un tipo que les estorbaba... En el mundo hay cientos de dictadores peores y más peligrosos que no están en el punto de mira. ¿Es esto acaso una guerra para acabar con el mal planetario? Hace falta sufrir una gran indigencia intelectual para sostener esta porquería.
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