Paco Guerrero
De cicatrices
El sol aprieta a estas horas y desde esta atalaya que me da la perspectiva de una playa llena de luz me llega el olor a salitre que todo lo llena y que me une a nuestro antiguo Estrecho. Miro a través del visor de mi cámara y, mientras fotografío, me olvido por unos instantes de que me recupero de otra intervención, y ya van dieciséis.
Ahora más que nunca sigo viendo la vida sin reloj y hablando con el levante de secretos con esa música antigua siempre presente y me siento enormemente afortunado de disfrutar de estos pequeños placeres de la vida junto a familia, compañeros y amigos; qué lujo el de seguir respirando y poder estar de pie después de 60 vueltas al astro rey. Por lo cual, y fiel a mis principios y credo, a seguir luchando, porque los que se rinden nunca ganan.
Como le decía Clint Eastwood en su personaje apodado El Rubio al Tuco en la película El bueno, el feo y el malo: “El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan, y tú cavas”. Visto lo visto, prefiero tener la pistola en mi mano: cuestión de principios y supervivencia.
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