Una caracola con suerte

23 de enero 2026 - 03:06

Cuando Fernando Garrido Rodríguez diseñó el plano de la Escuela de Arte de Algeciras, igual era consciente de que estaba proyectando una construcción con baraka, una especie de suerte favorable que la RAE asocia a la fortuna.

El arquitecto tenía 37 años cuando recibió un encargo de la Dirección General de Bellas Artes para construir un nuevo edificio en la ciudad, ya que las viejas dependencias educativas de la calle de San Antonio habían quedado obsoletas. Tuvo que enfrentarse al reto del espacio propuesto: la antigua huerta del Mirador, una parcela amplia, pero con un marcado desnivel desde las cotas más elevadas hasta su flanco noreste, que se abría a ras de mar frente a la columna triunfal de la Palma, un solitario pilar desde donde la patrona miraba hacia la playa de los Ladrillos, frente a la carretera que llevaba hasta el cementerio y poco más. La pronunciada pendiente del solar y su atmósfera salobre pudieron impeler al arquitecto a diseñar un edificio con forma de caracola reclinada: un nueve gigante que se retuerce sobre sí mismo en una original exaltación de curvas, ángulos y elipses. Con este diseño obtuvo el primer Premio de Arquitectura en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1968 y su construcción azuzó a una ciudad poco acostumbrada a proyectos arquitectónicos de este calibre. El centro fue inaugurado el 18 de junio de 1971, viernes previo a la coronación y la cabalgata inaugural de la feria de aquel año. Al acto acudió el Ministro de Educación y Ciencia y una cohorte de políticos y periodistas que reseñaron la calidad de un inmueble catalogado unánimemente como emblema.

Con los años, aquella singular caracola varada fue envejeciendo, vio cómo el mar se alejaba, el soterramiento de la vecina playa de los Ladrillos y la construcción sobre ella de una amplia vía de dos carriles que se convirtió en la principal entrada de la ciudad, flanqueada por un centro comercial que propició el basculamiento del eje urbano hasta esos pagos.

Oportunamente reconstruida, la Escuela de Arte se encuentra ahora en un revalorado espacio donde se rehabilita un entorno de bajas emisiones, como la calle Fray Tomás del Valle, hermosamente flanqueada de arces y magnolios. Últimamente se ha efectuado el derribo de las viviendas militares que ha despejado su flanco este, en cuyo solar una proyectada zona verde debería poner en valor el muy fotogénico edificio. Desconocemos el futuro diseño de este espacio, pero la Escuela de Arte es una caracola con suerte.

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