En los años 60, la familia Lozano, con el apoyo del diario Pueblo, creó en la plaza madrileña de Vista Alegre un ciclo de novilladas que denominaron La Oportunidad. Rápidamente maletillas de toda España se desplazaron a Madrid para participar en el ciclo y tener una oportunidad. Fue todo un éxito de público, que llenó la plaza del madrileño barrio de Carabanchel día tras día. De ese ciclo salieron muchos toreros, destacando sobre todo Palomo Linares, después figura del toreo.

Me acordaba de La Oportunidad cuando iba para la plaza de toros y veía el gran ambiente, sobre todo de chavales, en los alrededores de la plaza. Y después hay un ministro, ignorante él, que dice que los toros son un espectáculo minoritario. Ha sido todo un acierto de la Fundación Toro de Lidia, con el apoyo de todo el sector, la creación de estos ciclos de novilladas, con forma de campeonato. Dan oportunidades, hoy tan escasas, a los chavales que quieren ser toreros; les permite conocer y tratar a ganaderos o figuras ya consagradas –que apadrinan el ciclo– y, la forma de campeonato, incentiva la rivalidad y el interés de los aficionados.

La novillada de Fermín Bohórquez defraudó. Bien presentada y bonita de hechuras, noble y sin poner en aprieto a los novilleros, con excepción del buen tercero, blandeó desde salida acabando en general parada. Estos novillos sin fuerza alguna pero muy nobles requieren torearlos con mucha suavidad, algo que, en general, y es lógico, les faltó a los tres novilleros.

Hemos de destacar, en primer lugar, la disposición de los novilleros. Así se viene a Sevilla, con hambre y rabia, como se decía antiguamente. El Mella estuvo valiente toda la tarde, destacó sobre todo con el capote en su segundo, al que recibió dándole varias largas y afarolados de rodilla para después llevar al toro, galleando, con el capote por detrás de manera muy torera. Con la muleta, intentó torear con verdad, cruzándose al pitón contrario, citando adelante e intentando rematar atrás. Le noté, no sé si por la presión, muy envarado y acelerado, sufriendo muchos enganchones. Mato mal. Javier Zulueta es el novillero de moda en Sevilla y eso se nota. Goza del cariño del público y la expectación del aficionado Sevillano. Tuvo un mal lote, quizás el peor de la novillada. Pese a ello, se le ve que tiene personalidad y, sobre todo, naturalidad y temple, gracias a lo que dio algunos pases estimables acompasados con la cintura al marmolillo quinto tanto con el capote como con la muleta que fueron de lo mejor de la tarde. Mató, igual que su compañero, mal. Dejó las espadas en alto para su próxima corrida en Sevilla en el día del Corpus, antaño prestigiosa corrida de toros y hoy despachada con una novillada.

El triunfador numérico, que se llevó también, hay que decirlo, el mejor novillo, fue Mariscal. En su segunda comparecencia volvió a demostrar que es valiente, tiene facilidad con las banderillas y busca un toreo vertical, de quietud y manos bajas, si bien, como el día anterior, le faltó sosiego, temple y mando, dejándose muchas veces el novillo encima. Mató muy bien, valiéndole su acierto con la tizona auparse con el triunfo del ciclo.

Estaba en un burladero D. Carlos Urquijo, gran persona, aficionado y ganadero, que seguro viendo la corrida se estaría acordando de los toros que él y su familia criaron en la mítica finca de Juan Gómez y que tantas tardes de gloria dieron a la fiesta y a esta plaza de Sevilla, si bien los novillos de ayer, descendientes de aquellos, parece que no se acordaron de serlo.

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