Análisis

Joaquín Aurioles

La economía europea en el mundo

El PIB nominal europeo (Europa occidental) alcanzará 21,6 billones de euros en 2024. El mundial será de 109,5 billones, lo que significa que el peso de la economía europea en el mundo está próximo al 20%. En 2000 era el 26,3% y en 1980 el 34,3%. Son datos del Fondo Monetario Internacional (estimados para 2024) muy elocuentes del diferente ritmo al que se mueven las economías de las distintas regiones del mundo y para constatar que no estamos entre las más dinámicas de las últimas décadas. Otras, como el sudeste asiático, se han puesto las pilas y en el caso concreto de China han pasado de 2,7% en 1980 al 3,5% en 2000 y al 16,9% en 2024, con el consiguiente desbarajuste en las proporciones.

En Japón ha ocurrido algo parecido a Europa, pero la fortaleza del crecimiento en las economías emergentes no parece haber afectado de la misma manera a los Estados Unidos. Entre 1980 y 2000 el peso de la economía norteamericana en el mundo ascendió desde el 25,5 al 30%, aunque posteriormente se redujo, según estimación de FMI, hasta el 26,3% en 2024. El PIB nominal no refleja adecuadamente el nivel de vida relativo en diferentes lugares debido a que los precios medios también son muy distintos. La valoración en términos de paridad de poder adquisitivo permite corregir el problema e informa de que el peso de la economía europea es aún más bajo que en términos nominales y que se habría reducido del 28% en 1980 al 14,5% en 2024. El caso norteamericano es todavía más llamativo porque no solamente reduce su participación del 21,3 al 15,5 % entre 1980 y 2024, sino también que en paridad de poder adquisitivo será ampliamente sobrepasado por China en 2024 (del 2,6 al 19% en el mismo periodo).

El avance de China en términos de paridad de poder adquisitivo refleja el efecto de la diferencia en los precios medios (con el mismo volumen de ingresos en dólares, el consumidor chino puede adquirir una mayor cantidad de bienes y servicios en China que el norteamericano en Estados Unidos y el europeo en Europa) y del tamaño de su población. Las tres pierden peso demográfico, aunque de forma bastante más acusada en Europa y China (9,1 a 5,4% y 24,6 a 17,7%, respectivamente, entre 1980 y 2024) que en Estados Unidos (5,7 a 4,3%). La relación entre el comportamiento de la economía y la población se refleja en el PIB per cápita, que en términos nominales ha pasado en Europa de ser 11,9 veces superior al mundial en 1980 a 7,5 veces en 2024. La diferencia en precios medios determina que en paridad de poder adquisitivo el cambio haya sido más suave. En concreto, de 6,4 veces superior al promedio mundial a 3,9.

La conclusión es que Europa ha perdido peso económico y poblacional a lo largo de las últimas cuatro décadas. Si uno de los grandes objetivos de la Unión Europea surgida del acuerdo de Maastricht era un mayor protagonismo internacional, incluido el aspecto económico, el resultado no apunta en la dirección esperada. El reto para el nuevo parlamento en materia de posición internacional es descomunal en asuntos complejos como la seguridad, la inteligencia artificial, la crisis del clima y energía, los grandes bloques regionales o el proteccionismo económico.

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