Crítica de Cine

El regreso a Ítaca según Yimou: bella y emocionante historia de amor

regreso a casa

Drama, China, 2014, 111 min. Director: Zhang Yimou. Guión: Zhou Jingzhi (novela: Yan Geling). Intérpretes: Gong Li, Chen Daoming, Zhang Huiwen, Guo Tao, Yan Ni, Li Chun, Zhang Jiayi, Liu Peiqi, Ding Jiali, Xin Baiqing, Zu Feng, Chen Xiaoyi.

Nos hemos acostumbrado al talento inmenso de Zhang Yimou, el cineasta que en los años 80 dio a conocer el cine chino al mundo como en los años 50 Kurosawa, Mizoguchi y Ozu dieron a conocer el japonés. Queda lejano ya aquel 1988 en el que Sorgo rojo deslumbró en el festival de Berlín, descubriendo a la llamada Quinta Generación de cineastas en la que Yimou se integra junto a Chen Kaige y otros menos conocidos pero no menos interesantes. Al decir que nos hemos acostumbrado a su talento inmenso quiero significar que hay quienes lo consideran ya sabido, es decir, anticuado, superado o académico. Conformista, vaya, por utilizar un calificativo muy querido por la intelectualidad que en su día aplaudió la barbarie asesina de la Revolución Cultural que precisamente Yimou denuncia en esta hermosa, humana, emocionante y elaboradamente sencilla película.

Que a sus 65 años y con una rotunda filmografía abundante en títulos extraordinarios Yimou es un clásico vivo, es cierto. Pero que por serlo haya bajado la guardia creativa adoptando posturas acomodaticias, no lo es. Lo demuestra esta gran película en la que el maestro chino escoge el tono contenido, próximo y antirretórico de Qiu Ju, una mujer china, Vivir, Ni uno menos, El camino a casa o Amor bajo el espino blanco. Si esta última era una tragedia a lo Romeo y Julieta en la Revolución Cultural, con los traidores a la revolución como Capuletos y los comunistas como Montescos, Regreso a casa es otra tragedia, en este caso de tono homérico, también ambientada en ese terrible período.

Porque en el fondo de lo que se trata es de un Ulises que al regresar a Ítaca se encuentra con una Penélope que no lo reconoce. Durante la Revolución Cultural un profesor es condenado a trabajos forzados. Su mujer, también profesora, guardará su memoria como un tesoro mientras que su hija, tras el oportuno lavado de cerebro, crecerá aborreciéndolo. Cuando tras el final de la larga pesadilla, transcurridas dos décadas, regresa a casa su mujer no le reconoce -e incluso le confunde con uno de sus verdugos- porque sus sufrimientos le han provocado amnesia. En este punto arranca en realidad la película, que trata de las amorosas estrategias que el pobre hombre inventa para poder estar cerca del amor de su vida y ayudarla en su desamparada situación.

Con sobriedad, seria emoción que llega al punto de provocar lágrimas no sensibleras, una reconfortante solidaridad humana con sus personajes y unas verdaderamente conmovedoras interpretaciones de Chen Daoming (el padre), Zhang Huiwen (la hija) y muy especialmente de la grandísima Gong Li (la madre), actriz predilecta de Yimou desde los lejanos tiempos de Sorgo rojo, el gran director chino realiza otra de sus humanas, sensibles y necesarias películas de denuncia en la que las víctimas tienen nombre propio y rostro identificable, lo que provoca una intensa y muy pedagógica participación emocional. La belleza propia de todas sus obras, aquí miniaturizada en lo cotidiano, y el gusto por el detalle le dan una extraordinaria dimensión estética preñada de significado.

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