Cultura

El nómada en las ciudades

  • El Centro Pompidou Málaga inaugurará el día 11 'El viajero sin brújula', su exposición dedicada a Jean Dubufett, el patafísico que inventó el 'Art Brut'

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El nómada en las ciudades

Que un artista como Jean Dubuffet (El Havre, 1901 - París, 1985) sea reclamado hoy en las programaciones de los museos más variopintos da para un debate bien largo respecto a la razón de ser de las tendencias y, más aún, de los propios museos. Pero sí, hablamos de un creador reverenciado y ampliamente citado en lo que llevamos de siglo, aunque tal vez no siempre bien comprendido. El Museo del Elíseo de Lausana inauguró el pasado mayo The photographic tool, una muestra con parte del archivo fotográfico de la Fundación Dubuffet que revela en qué medida echó mano el artista de la imagen fija para sus procesos creativos y que podrá verse hasta el 23 de septiembre; y el Centro Pompidou Málaga (que, curiosamente, despidió hace unos días una muestra temporal dedicada a Brancusi con un planteamiento similar) inaugurará el próximo día 11 El viajero sin brújula, una propuesta que permitirá disfrutar de parte de los fondos de Dubuffet que conserva el Centre Pompidou de París. La exposición, comisariada por Sophie Duplaix, podrá verse hasta el 14 de octubre y prolongará en este plazo la atención prestada desde el presente a un artista que llevó la reivindicación de la libertad expresiva hasta cimas sorprendentes y aún reveladoras.

Aunque culminó su formación artística en París en 1918, Dubuffet fue un pintor de inspiración tardía: no realizó sus primeras obras reconocidas como tales hasta 1942, con los cuarenta bien cumplidos, y tampoco hasta entonces tuvo su primera exposición individual. Y es que el francés pasó la mitad de su vida dedicado al negocio de vinos familiar, sin ningún interés en el mundillo artístico y cultural que con tanto fulgor había latido en el París de las vanguardias: cuando al fin decidió meter la nariz en el asunto, justo cuando la otrora capital del mundo se desangraba en plena Segunda Guerra Mundial, Dubuffet ya se había garantizado su condición de extravagante, de outsider, de vecino condenado a tener siempre un pie fuera. Por eso se apresuró en 1945 a inventar el término Art Brut, categoría con la que hacía referencia a la producción artística de personas ajenas al ámbito cultural, concretamente enfermos mentales, miembros de comunidades primitivas y niños. Dubuffet reivindicó su posición aquí, fuera de aquel mainstream, y quiso pintar como todos ellos hasta lograrlo, a ratos grotesco, a ratos algo naïf, siempre juguetón. Vinculado a menudo con el surrealismo, la verdadera escuela del artista fue la Patafísica de Alfred Jarry: un orden en el que las leyes de la naturaleza no tienen por qué respetarse siempre al dedillo y que hace del caos materia prima. Tal y como apunta Sophie Duplaix, "el proyecto de Dubuffet consistía en operar en la mente del pintor un descondicionamiento, con la intención de provocar un cambio de perspectiva y de mirada sobre las cosas y el mundo. El artista debía renunciar a todo orden estético, de ahí que en las primeras obras reivindicadas por Dubuffet predominen rasgos como la frontalidad y la torpeza del dibujo".

A partir de 1950, guiado por este mismo empeño, Dubuffet renunció a la pintura para volcarse en investigaciones sobre la materia. Sus obras adquirieron entonces "el aspecto de visiones a ras de suelo, concebido éste como un tejido continuo y vibrante", premisa que nutrió proyectos como la serie de litografías Fenómenos (1958-1963) y muy especialmente las Materiologías que se prolongaron durante décadas y que centrarán buena parte de la exposición malagueña. Su título, El viajero sin brújula, responde a la obra homónima de 1952 y presenta a Jean Dubuffet como un nómada que precisamente vagabundea libre en las ciudades en plena reconstrucción. Eterno jugador de una pieza.

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