Cultura

El flamenco llora la muerte del cantaor Canela de San Roque

  • El Palacio de los Gobernadores acoge la capilla ardiente y será enterrado esta mañana Se va una gran figura del género, una auténtica referencia artística del Campo de Gibraltar

El cantaor sanroqueño Alejandro Segovia, popularmente conocido como Canela de San Roque, falleció en la mañana de ayer a los 68 años de edad. El féretro con los restos mortales se trasladó sobre las 13.00 horas hasta el Palacio de los Gobernadores, donde se instaló su capilla ardiente para que sus familiares, amigos y seguidores tuvieran la oportunidad de darle su último adiós. Hoy tendrá lugar la misa en la parroquia de Santa María La Coronada, tras lo que se procederá a su entierro en el cementerio de San Miguel a las 11.00 horas.

Alejandro Segovia Camacho, nacido en San Roque en 1947 y perteneciente a la familia de Perico Montoya y los Jarrito, de hondas raíces flamencas, tuvo una intensa trayectoria artística que le permitió llevar el nombre de San Roque y del Campo de Gibraltar por toda España y en el extranjero. Dominó todos los palos y en su madurez artística ya era considerado un reconocido maestro de la soleá.

El cantaor era de una raza cantaora de pura sangre, con una larga trayectoria a sus espaldas, entre la que destacan los primeros premios en Mairena, Anglada, Loja, San Fernando, Morón, Melón de Oro o Palma de Plata.

Su escuela se inclinó sobre todo por la de Antonio Mairena, aunque su personalidad flamenca era de un gran poderío, fiel a su propia entereza a las raíces del puro cante andaluz. Hacía transmitir con verdadera emoción los cantes, desgarrando toda su entereza. Se le ha considerado cantaor de una nueva era y generación única para el flamenco actual.

Realizó grabaciones como la que hizo en directo en la sala Juglar de Lavapiés, acompañado a la guitarra por Curro de Jerez. La más importante fue, posiblemente, la de Puro y Jondo de TV. Asimismo siempre estuvo muy solicitado en peñas flamencas, donde actuó por toda la geografía española, y también en otros países.

Grabó su primer disco a mediados de los 80, al que siguieron otros y una imparable carrera flamenca, acompañada siempre del reconocimiento de los aficionados más exigentes. Recientemente vivió como uno de sus mayores colofones la Bienal de Sevilla.

El cantaor, según contaron fuentes cercanas a la familia, pidió a sus hijos que le hicieran compás, cantando una soleá, un fandango y una seguiriya, los que fueron sus últimos cantes. De esta forma regaló por última vez el compás de su cante y su voz a sus más queridos como su mejor y más sentida despedida.

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