Cultura

La estrella brillante de una voz prodigiosa

  • La sevillana Pastora Soler cautiva en Algeciras con un torrente vocal y una presencia escénica acertada para desgranar 'La calma', su último trabajo

La artista Pastora Soler, anoche durante su actuación en el Parque María Cristina de Algeciras. La artista Pastora Soler, anoche durante su actuación en el Parque María Cristina de Algeciras.

La artista Pastora Soler, anoche durante su actuación en el Parque María Cristina de Algeciras. / erasmo fenoy

Luz, calor, entrega, pasión... todo lo contrario a la calma. Pastora derrochó energía y vitalidad, y nos hizo levantar del asiento en más de una ocasión con la idea de convertir el Parque María Cristina en una sala de baile multitudinaria. Al principio reconoció "sentir el honor y el orgullo de estar en esta tierra". No se recuerda un equipo de sonido y luces con el nivel del de ayer. Como siempre, impecable. Pastora recurrió, en gran parte, al repertorio de su último trabajo en el mercado, titulado La calma, en relación a esa etapa ya superada en la que tuvo que apartarse de los escenarios debido al ritmo de trabajo tan elevado que soportaba durante las dos décadas de profesión en los escenarios. Empero, pronto hizo un popurrí con sus grandes éxitos, un acierto para meterse al público en el bolsillo. Olvidemos de una vez esa innombrable época que ha servido a la sevillana de mucho, pues la madurez adquirida tras ese varapalo ha sido causa del trabajo del que ayer disfrutamos sobremanera en Algeciras, "una tierra que siempre me ha querido de una forma especial". A todos los efectos, hemos de valorar la cercanía que la cantante mostró con el público que aplaudió sin cesar a lo largo de la noche. Comienza con Desnudando el alma, santo y seña de su persona y que fue la canción con la que inició el tour de este espectáculo.

Tiene un arma fundamental, aparte de la voz. Su sonrisa comunica la nobleza y la humildad que nace desde las alcobas de su pueblo de Coria del Río. Llegó a cantar debajo del escenario, entre el público. No hay mejor manera que volver a la vida que reforzada y sin miedos con el objetivo de crecer, evolucionar y seguir aportando caudal de sensaciones a quienes te siguen. Ese mensaje parece haber calado hondo en Pastora Soler, y valga la expresión, se comió el escenario.

La artista hace guiños a su carácter coplero con temas como 'Me embrujaste'

En este disco aparecen once títulos que muestran la variedad de registros de la cantante, pues nos resulta realmente complicado catalogarla como representante absoluta de un género musical. Claramente su alma es coplera, por lo que no faltó la canción española a pesar de no entrar dentro del repertorio del compacto, pero su público no podía marcharse sin escuchar Qué no daría yo y un popurrí de otros éxitos como Y sin embargo, te quiero o Me embrujaste. No le hizo falta ni el abanico, ni el mantón, ni la bata de cola para llenar el escenario en una faceta imprescindible para entender la esencia de su obra.

La tormenta siempre pasa, y para eso están los besos y los abrazos. El amor que todo lo puede, que diría aquel. Esas son sus letras. Por ese terreno camina sus canciones cargadas de magia y fuerza. Su garganta, metal precioso, se esfuerza en darlo todo y por eso es capaz de enmudecer a la noche, a los propios pájaros de la arboleda.

Es la seguridad principal arma para la defensa de las prisas del momento histórico que nos toca vivir. Relativiza en el título Ni una más para asegurar que "todo acaba aquí, esta vez la vi venir" porque no está la cosa para perder el tiempo. Cada letra tiene un sentido, tiene un fin, un mensaje que define a la perfección su actual estado de ánimo frente a la vida. Arriesgar, querer tener decisión propia, ser valiente... volver a empezar.

No huye del romanticismo de una noche de verano sabiendo valorar el abrazo del amor. No le guarda rencor a la vida, porque miedo no tiene habitación, no cabe en ningún rincón de este enorme corazón. Tal como reniega del engaño, es consciente en ocasiones hay que dejarse llevar por la piel erizada. Pastora va acumulando el cariño del respetable porque cada melódica reflexión cala en la profundidad del ser. Nada sería igual sin la magnífica banda que la acompaña que consiguen el todo perfecto.

La verdad mueve y conmueve, porque no se permite a sí mismo el engaño ni la mentira. En busca de la felicidad camina desde el respeto a los valores, desde la generosidad en sentimientos y desde la paz interior, o sea, el equilibrio sensato entre la necesidad de dar y la alegría de recoger ese querer. Es por ello que Pastora se muestra invencible al saber que, conscientemente, es capaz de tomar las decisiones más favorables para ella y su alrededor. Eso sí, siempre en la brecha de la propia vida. Ahora se siente capaz de todo, con la fuerza de una luchadora que ha conocido un límite del que alejarse para seguir alzando la cabeza junto a la mirada limpia que refleja su alma.

Para eso está esa Estrella que la ilumina, una luz que nació de su ser tras nueve meses de cuidados. La niña que siempre soñó, quien alumbra su camino y a quien se "lo debo" y por quien está "dispuesta a dejarme el corazón".

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