flamenco

El día grande del cante 'jondo'

  • Hace 95 años, en pleno Corpus, Granada celebraba el primer concurso de canto primitivo andaluz del país

  • El Archivo Manuel de Falla le dedica un espacio en su exposición permanente

Caricatura del Concurso de Cante Jondo con Lorca, Falla, la 'Niña de los Peines' y Hermenegildo Lanz, entre otras grandes figuras artísticas del momento. Caricatura del Concurso de Cante Jondo con Lorca, Falla, la 'Niña de los Peines' y Hermenegildo Lanz, entre otras grandes figuras artísticas del momento.

Caricatura del Concurso de Cante Jondo con Lorca, Falla, la 'Niña de los Peines' y Hermenegildo Lanz, entre otras grandes figuras artísticas del momento. / Antonio López sancho

"Ya sabrás lo del concurso de cante jondo. Es una idea nuestra que me parece admirable por la importancia enorme que tiene dentro del terreno artístico y dentro del popular. ¡Yo estoy entusiasmado", le contaba Federico García Lorca al crítico musical Adolfo Salazar en enero de 1922. El poeta hacía alusión al que sería uno de los mayores hitos en la historia del flamenco de este país, el día grande del cante jondo, capitaneado por Manuel de Falla, Miguel Cerón y el popio Lorca. Hablamos del I Concurso de canto primitivo andaluz del país, que se celebró las noches del 13 y 14 de junio de 1922, en pleno Corpus. Hace exactamente 95 años. Con motivo de la efemérides, la Fundación Archivo Manuel de Falla le dedica al importantísimo certamen un espacio en su exposición permanente Universo Manuel de Falla hasta el 23 de julio, de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00, y una hora antes de los conciertos.

"El flamenco es una de las creaciones más gigantescas del pueblo español", reconocería más tarde el genio de la Generación del 27 en otra carta a su amigo musicólogo. El objetivo de la organización de aquel concurso era muy noble: dignificar, por amor, un arte que estaba arrinconado en tabernas y mancebías. "El certamen de 1922 es capital, no sólo por ser el primero -de ámbito nacional-, sino porque es el hecho que da nacimiento al espíritu del flamenco, a su conciencia histórica, con todas las consecuencias que ello comporta", explica el autor del ensayo Granada y el flamenco. La historia que contar, José María Bonachera. La iniciativa del Centro Artístico, avalada con entusiasmado por prestigiosos intelectuales y artistas como Hermenegildo Lanz, Santiago Rusiñol, Ignacio de Zuloaga y José Ruiz Almodóvar, entre otros, fue un toque de atención en defensa del milenario canto popular de Andalucía.

A "la fiesta con luna y lluvia" acudieron maestros del flamenco como Pastora Pavón, alias la Niña de los Peines, y Ramón Montoya, además de un Manolo Caracol marcado por la pubertad. Ésta se celebró en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra en lugar de la placeta de San Nicolás del Albayzín, el espacio en el que se pensó al principio, por si se quedaba "pequeño", bajo la luna llena y con algo de lluvia. Así lo acredita la caricatura, "la más famosa hasta la fecha sobre el acto", en palabras de la gerente del Archivo Manuel de Falla, Elena García de Paredes, que hizo el dibujante granadino Antonio López Sancho, cedida por el Centro Artístico de Granada para su expresa exhibición en la muestra, con Diego Bermúdez El Tenazas de Morón al frente.

Entre la ristra de anécdotas, el intelectual e hispanista francés Maurice Legendre contaba en un artículo publicado en el Noticiero granadino el 13 de agosto de 1922: "Un momento particularmente bello fue cuando avanzó en el tablado Diego Bermúdez de Morón. Este viejo, al tener noticia del concurso, vino de Puente Genial (a 120 kilómetros de Granada), a pie en tres días. Bermúdez tiene 70 años y uno de sus pulmones fue atravesado en una pendencia no sé si por una cuchillada o por un tiro. Apasionado del cante jondo, habiendo conocido en su juventud a algunos de los grandes maestro de este arte, se había resignado poco a poco a verlo desaparecer entre la indiferencia general; desde hacía 20 años no cantaba. De repente, la genial inicitiva de Falla habíale restituido a su juventud".

Entre las bases del concurso, que se pueden ver en el boletín de inscripción exhibido en la muestra junto con el diseño original del cartel para el pasquín, se decía que podían tomar parte "todos los cantaores de ambos sexos, con exclusión de los profesionales que sean mayores de 21 años". "Los profesionales podrán enviar a sus discípulos y en la adjudicación de los premios que obtengan se insertará el nombre del maestro. Se entenderán por profesionales a estos efectos personas que canten públicamente, contratados y pagados por empesas de espectáculos o particulares", advertían. Los participantes podían inscribirse en calidad de cantaor o tocaor y tenían derecho a presentarse en las siguientes secciones: seguiriyas gitanas; serranas, polos cañas y soleares; y marinetes-carceleras, tonás, livianas y saetas viejas.

Bonachera pone de relieve en su libro "el papel decisivo que desempeñaron el Concurso de Cante Jondo de 1922 y la propia ciudad de Granada, que ayudaron en el proceso de metamorfosis del fenómeno flamenco y en la percepción actual de artistas como Antonio Chacón, Diego el Tenazas o Enrique Morente". Entre los objetos de gran valor exhibidos se encuentra una guitarra que perteneció a uno de los organizadores, Miguel Cerón Rubio, y testimonios sonoros de aquel certamen, que se pueden escuchar cuando uno pasea por la exposición. "Estos vinilos no se conservan completos como colección en muchos lugares. Es de las pocas colecciones, la del Archivo Manuel de Falla. Cuando terminó el concurso, el compositor si encargó de que los ganadores fueran a la casa Odeón en Barcelona y registraran sus cantes", explica García, que adelanta: "Hay un proyecto en colaboración con el Patronato de la Alhambra para editar esta música en un disco, como ya hicimos hace años".

"Todas las personas, llegado un momento, definimos nuestra personalidad. Falla la define en dos momentos clave: uno es el tipo de músico que quiere ser, que lo define cuando se va a París, dice que no quiere ser músico de zarzuela; el otro gesto definitivo define el tipo de creador que quiere ser, que es cuando se instala a Granada, en una casa muy poco típica de la burguesía, con sillas de enea. Él mezcla lo tradicional con la más absoluta modernidad. Falla sabe que los cantes se están perdiendo y es muy importante para él recuperarlos. Por eso organiza todo esto", resume García. El concurso es, a la postre, la culminación de una época en la que tanto Falla como Lorca mostraron un casi febril interés por el flamenco. Esto de manifiesta en sus trabajos como la Fantasía Bética para piano de 1919 y el pregón de de El Retablo de Maese Pedro que, "con su estructura modal está basado sobre las tres primeras frases de uno de los estilos menos frecuentes de la saeta andaluza". Por parte del granadino, el Poema del Cante Jondo. Goyas musicales y literarias inspiradas por el noble arte del cante jondo.

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