Arte | Sylvain Marc Lo que el mármol eterniza

  • Las obras de Sylvain Marc, francés afincado en La Línea, encierran toda la historia de la escultura

Sylvain Marc trabaja en una de sus obras. Sylvain Marc trabaja en una de sus obras.

Sylvain Marc trabaja en una de sus obras.

La escultura ha sido una de las tendencias de mayor nobleza de las Bellas Artes. La historia lo demuestra. Sin embargo, hoy, no goza de buena salud. Aquella vieja y augusta modalidad artística que tanta trascendencia concedió a la creación de todos los tiempos y, sobre todo, cuando los griegos y los romanos le otorgaron la suma potestad dentro del gran arte clásico para abrir los caminos de una estética que se hizo más y más grande, está sumida en una manifiesta postración de la que, mucho me temo, va a costar hacerla revivir. Muy escasa dimensión alcanza, escondida como está viendo como otros planteamientos ocupan el espacio importante que tanto tuvo. No son buenos tiempos porque los escultores han abandonado su posición de artistas en ejercicio, porque la realidad del mercado artístico es otra –salvo esa pequeña isla ocupada por los encargos de las instituciones religiosas, cofradías y hermandades, sobre todo, que siguen demandando piezas aunque, no obstante, la calidad de la mayoría sea más que dudosa–, y porque los artistas han dado un paso atrás al encontrarse con una especialidad compleja, exigente y cara. Todo esto ha dado como resultado una modalidad en claras vías de dudosa perdurabilidad.

Uno de los mejores escultores modernos que, todavía hoy, ejercen su función lo tenemos en la provincia de Cádiz. Es francés de nacimiento –del pueblo norteño de Commercy, en la comarca de Lorena– aunque si no fuera por ese acento de guiri sempiterno todos los conocemos como artista grande de La Línea. Y si se habla de La Línea tiene que salir, a la fuerza, el nombre de Manolo Alés, pues Sylvain fue artista de Manolo –uno más de los muchos que hizo trascender y le hizo ver las adecuadas rutas para avanzar con solvencia–. Sylvain, a pesar de todo, sigue dejando constancia de que la gran escultura todavía oferta su rigor creativo y su fortaleza plástica. Algo que no es frecuente, entre otras muchas cosas porque hoy ya casi nadie sabe dotar de suficiente trascendencia artística a una modalidad plástica muy poco frecuentada; los nuevos hacedores prefieren acceder a otros estamentos menos exigentes y con más facilidad para encubrir sus múltiples carencias.

Sylvain Marc es un escultor en el más estricto sentido de la palabra. Su interés artístico manifiesta sólo y exclusivamente la voluntad de manipular la materia plástica, de organizar un entramado formal en torno a los elementos matéricos o de conseguir un estamento que generen los ambiguos postulados de la forma. Desde un principio, su presencia ha sido un hecho en los principales parámetros del arte gaditano donde ocupa una amplia parcela de buen hacer artístico. Su obra deja bien claro cuáles han sido los esquemas que han dominado la gran escultura contemporánea: la volumetría da carácter a la forma plástica, el registro evocador impone su potestad sobre una representación que permanece en el nivel íntimo de la emoción y la gramática de la forma plástica permite conjugar los exactos verbos del acto material. Y todo mediante una concepción artística y estética llena de sentido donde lo material ejerce su aplastante función y abre, de par en par, las exclusas de la más absoluta emoción.

Sylvain Marc es un escultor profundo, sabio y dominador. En sus obras se encierra toda la historia de la escultura. Nos retrotraen a las piezas íberas, incluso a lo arcaico, pasa de puntillas por los felices planteamientos clásicos y se detiene en las grandes teorías del siglo XX, allí donde Brancusi, Moore y Arp, principalmente, dejan implantados los eternos postulados de una escultura a la que Sylvain Marc insufla aires de personal artisticidad. Sylvain Marc es uno de los mejores escultores en el tratamiento de la materia. 

Conoce el oficio, sabe esculpir, cómo tratar a la forma plástica y cómo dotarla del entusiasmo creativo suficiente para que ella ofrezca sus máximos desarrollos y sus mejores desenlaces. Además dispone de un lenguaje abstracto puro, esencial, lleno de entidad y trascendencia; sabiendo conseguir que la materia manifiesta su poder evocador y las fórmulas básicas de una realidad referencial de gran sentido plástico.

El sabio Fernando Martín Martín, que lo conoce bien, afirma que estamos ante una auténtica referencia de la escultura contemporánea. Dicho de una forma más clara, la obra de Sylvain es el libro abierto de la gran escultura del siglo XX. La escultura de Sylvain es la yuxtaposición de la gran escultura de siempre, esa que transforma los complejos misterios de la forma, que extrae todo el poder sugeridor a la materia y que postula los sistemas esenciales de la representación. Además la obra de este artista es la conjunción perfecta de distintos presupuestos formales –aquí la exacta configuración del elemento material juega un papel decisivo como arquitectura de la propia realidad escultórica– que buscan un desenlace adecuado y que consigue, definitivamente, adentrarse por los caminos de la más absoluta emoción. Sus obras de pequeño formato son pellizcos de emoción, dulces testimonios en piedra donde la esencia de la realidad encuentra su cara más afortunada, la feliz materialización de una idea que se manifiesta en gestos sublimes. Al mismo tiempo, cuando la materia se estructura en grandes composiciones, la monumentalidad sigue manteniendo el espíritu de lo sutil, al tiempo que engendra los poderosos esquemas de lo que es ímpetu expresivo aderezado con felices pinceladas de inquietantes sugerencias.

Termino lo mismo que hice en una ocasión que escribí para un catálogo suyo: las esculturas de Sylvain son bellos pensamientos eternizados en mármol; sutil metáfora que reposa en un bello gesto de piedra.

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