Juan José Téllez. Director del Centro Andaluz de las Letras

"Queremos una ciudadanía lectora, no una ciudadanía adocenada"

  • El responsable del CAL hace balance de las últimas actividades desarrolladas y apunta algunas claves de los próximos proyectos que se pondrán en marcha desde la institución

-¿Qué fortalezas y debilidades señalaría en la industria editorial andaluza en la actualidad?

-A nivel creativo, la historia de la poesía española es prácticamente la historia de la poesía andaluza, pero ahora también empieza a darse esta tendencia en la narrativa. Los andaluces, y que me perdonen Fernán Caballero y Juan Valera, parecen haber perdido el miedo a narrar y empiezan a contar sus propias historias. El ensayo está atravesando también un momento interesante, e incluso la dramaturgia, con escritores para teatro verdaderamente importantes en un momento en que el teatro se está replanteando su razón de ser. Para colmo, tenemos una hornada de periodistas literarios formidables que vuelven a conciliar dos expresiones que en realidad siempre estuvieron unidas, la literatura y el periodismo. Desde el punto de vista industrial, tenemos una situación en la que todos tenemos que sumar esfuerzos, porque todas las industrias están en peligro. La industria cultural aporta ya más puestos de trabajo al Estado que la agricultura y la pesca, pero corre serios riesgos y no sólo por el IVA cultural, que también, sino por cuestiones burocráticas y de otra índole. Los editores han andaluces, que han logrado crear una red efectiva en la comunidad e incluso extenderla fuera de la misma hasta mercados tan prometedores como el de América, se ven seriamente perjudicados por factores como los nuevos formatos de lectura, por los que hay apostar en la medida en que la tecnología nos va a llevar a un nuevo ámbito aunque de forma no tan inmediata como algunos piensan; y también por la caída en la venta de libros, que no quiere decir de lectura, ya que al mismo tiempo crece el consumo en las bibliotecas. En estas circunstancias se produce un círculo casi mágico: las bibliotecas no sirven ya únicamente para encontrar cobijo intelectual; también, simplemente, cobijo. Muchas de las personas sin techo que viven en la calle y duermen al relente pasan el día en las bibliotecas para garantizarse un refugio.

-¿Con qué garantías cuentan las librerías andaluzas?

-Las librería se están encontrando con un problema de definición: en la medida en que crezca el mercado online de libros, tanto a través de ebooks como de los grandes portales, pueden verse afectadas. Creo que los libreros están actuando con inteligencia, agrupándose para crear sus propios portales online. Y al mismo tiempo se está redefiniendo el modelo de tienda: es cierto que unas cierran, pero también que abren otras. Y que la venta de algunos tipos de libros cae, pero otros como los libros infantiles y las novelas gráficas están creciendo. Hay nichos de mercado para seguir apostando por los libros como industria, no sólo artística, también económica.

-¿Qué balance hace de los nuevos programas puestos en marcha por el CAL, como Andalucía Negra?

-Los nuevos ciclos han funcionado bien, especialmente como marca, y vamos a seguir en esa línea. En otoño pondremos en marcha un ciclo de novela histórica, un género que atrae a muchos lectores, y estamos incorporando aproximaciones a la literatura desde otros sectores como el cine, la tauromaquia y el fútbol, con encuentros que vamos a celebrar en junio. Nuestro propósito es fidelizar a la población lectora, y queremos atraer a aquellos que piensan que la literatura es sólo una reserva espiritual para intelectuales progres. Como institución, lo que queremos es que la ciudadanía lea porque esa es la antesala para que la ciudadanía piense, y a ningún demócrata le puede interesar que la ciudadanía esté adocenada. Si no tenemos ciudadanos críticos, no tendremos ciudadanos. La crisis no es sólo económica, también es de valores. La cultura está en una encrucijada, no sólo asiste a recortes económicos, también de horizontes, y eso no nos lo podemos permitir.

-¿En qué medida ha reforzado la Ronda Andaluza del Libro a los clubes de lectura de las ocho provincias?

-En el CAL tenemos registrados la friolera de 800 clubes de lectura en todas las provincias andaluzas. Luego hay algunos otros forajidos, que se valen de sus propios recursos, a los que aportamos libros y algunas actividades. Tenemos casi tantos clubes de lectura como autores censados en Andalucía. En nuestra Ronda Andaluza de Libros participan autores como Pablo García Baena y Juan Bonilla, que acuden a muchos municipios no sólo para leer sus obras, también para leer y compartir obras de autores clásicos, en su mayoría andaluces. Los clubes de lectura constituyen un fenómeno heroíco: hace poco estuve en el que protagonizó Rosa Regàs en Guaro y la escritora se asombraba al comprobar la vitalidad del proyecto, hasta el punto de admitir que no sabía sin Cataluña existían experiencias parecidas dado que nunca la habían invitado. Creo que eso es algo que tenemos que cuidar, con el apoyo puntual de las instituciones pero fundamentalmente a través de la propia iniciativa de los lectores. Es importante fomentar la sociedad civil en Andalucía más allá del paraguas tutelar de las instituciones. Y la cultura puede transformar la realidad y facilitar que el ciudadano tome conciencia de sí mismo más allá de su papel de contribuyente. La realidad actual no nos gusta a ninguno, pero si no la transformamos entre todos no va a cambiar nunca. Los clubes de lectura son una buena oportunidad no sólo para compartir libros, también ideas, pensamientos y reflexiones. No sólo el autor se retroalimenta de las lecturas de los participantes, sino que éstos intercambian opiniones y criterios distintos. En un tiempo en que parece que nos relacionamos sólo con gente que piensa como nosotros, estas iniciativas resultan fundamentales para la democracia.

-Buena parte de las Ferias del Libro de Andalucía, en las que participa el CAL de manera activa, han cerrado sus últimas ediciones con ligeros incrementos en el volumen de ventas. ¿Se está trabajando en la dirección adecuada?

-Cada feria del libro es un mundo. La mayoría empezaron a crearse en los años 70 y desde entonces han evolucionado de forma diferente, respondiendo a su entorno, y las ciudades son diferentes, tienen alma propia, y hay ciudades más lectoras que otras por pautas muy diversas. La feria del libro tiene un fuerte componente cultural y otro comercial: el primero se ha salvado de manera notable teniendo en cuenta la dureza de estos tiempos, que dificultan la llegada de determinados autores muy reconocidos; el segundo sigue dependiendo de los hábitos particulares de compra y lectura de la ciudadanía, en algunos casos ha repuntado y en otras no, pero cabe señalar el caso de la Feria del Libro de Jerez, donde hay una crisis especialmente dolorosa y en la que el certamen ha cerrado sin pérdidas. Las ferias son instrumentos válidos pero mejorables, hay que buscar las fórmulas necesarias para reinventar el futuro, no para volver al esplendor de los viejos tiempos, porque los viejos tiempos han muerto. Es necesario un consenso entre libreros, editores y el resto de agentes verdaderamente protagonistas: nuestra tarea consistirá en facilitarles lo que necesiten y en aportarles distintos recursos.

-¿Es el Premio Cervantes a Caballero Bonald otra confirmación de las letras andaluzas?

-Las letras andaluzas no necesitan confirmación. Llevan siglos de bautizo. El Cervantes reconoce el papel de la literatura andaluza en la española y en su conjunto. Lo que ocurre es que Caballero Bonald es mucho Caballero Bonald, un escritor raramente poliédrico, de esa estirpe que lo que hace lo hace cada vez mejor, con una coherencia absoluta desde su primer libro, Las adivinaciones (1952), con una voluntad de estilo a machamartillo. Su obra poética es tan diversa como unitaria, y eso le honra y nos honra a todos, por no hablar del barroquismo de su narrativa, no por una cuestión hermética sino por su empeño en encontrar siempre la palabra precisa.

-¿Es el talento el mejor valor de la literatura andaluza de cara al futuro?

-Si a escala general decimos que la generación de jóvenes españoles actual es la mejor formada de la historia, en lo literario no podemos decir lo contrario. Y teniendo formación literaria es difícil escribir mal. Tenemos una generación formidable de talentos, en el ámbito de la narrativa y la poesía y también en alternativas creativas. Hay gente que busca lo novedoso no por lo snob, sino por buscar una nueva piel para la vieja ceremonia, como decía Leonard Cohen. Tenemos gente joven que conoce la tradición literaria, que ha leído, que ha nutrido sus lecturas de la manera más amplia y diversa gracias al acceso en internet, que ya no tiene que esperar 20 años a que le influya un determinado movimiento. Existe un nuevo mester de juglaría no ya sólo en la canción de autor, que también, sino en el rap y otras expresiones urbanas. El cine y el teatro también tienen un elemento literario fundamental. Con ese equipaje el futuro estará garantizado siempre que las instituciones no lo estropeen. Nuestra disposición, desde luego, es justo la contraria.

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