Cultura

Morante deja detalles de su toreo de arte en la plaza de Bilbao

  • Ponce, vuelta al ruedo en una encastada corrida de Joselito. El Cid se marcha de vacío

Algunos, fundamentalmente los que la torearon, la pondrán a parir. Pero para el aficionado, el público, y hasta el ganadero, la tarde en Bilbao llevó el nombre de Joselito. Con matices, que de todo hubo, la corrida de Joselito mantuvo la emoción del primero al último, fue un torrente de casta, de emoción, de motor y en muchos casos de fondo bravo. También de asperezas y de exigencia, porque no fue nada fácil aguantarla y poderla.

A El Cid le costó asentarse y sujetar las zapatillas, que fueron a ritmo distinto al de las muñecas. Se quiso poner pero no aguantaba. Pero se atascó la cosa y El Cid no terminó de echar la moneda nunca. Y un toro así, una situación así, y una plaza así.El sexto fue ese toro de inmensa cuerna. De acojonar nada más ponerse delante. Pero salió bueno, fue de los dos templados. El Cid tiró de raza y estuvo mejor que con ninguno de los otros en Bilbao.

El primero de Ponce no tuvo clase. Tras matar al cuarto se pegó una vuelta al ruedo en compensación por lo de ayer. Pero ayer no fue el Ponce más Ponce. Tocó versión de paseos, adornos, molinetes, desplantes y abaniqueos. Y cuando hubo que torear, de nuevo en línea, media altura y por fuera.

El toreo de la tarde llevó la firma de Morante, que no quiso complicarse con su primero. Y la bronca se escuchó hasta en Vitoria. Cambiaron las cosas con el quinto, el toro de más temple de la corrida. Morante lo bordó a la verónica en dosis contadas. Mecidas, cadenciosas, con mimo. Acariciando casi, aunque en los dos turnos acabase enganchada la cosa. El inicio de faena fue bueno y prometió mucho, y para la tarde y la feria queda una serie sobre la mano diestra por abajo, pasándoselo muy cerca, a compás y con seguridad.

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