Flamenco

Luis Moneo hace brillar el cante de Jerez en el castillo de Castellar

  • Éxito artístico y de público de la XXVI Luna Flamenca en la fortaleza medieval

Luis Moneo, durante su actuación. Luis Moneo, durante su actuación.

Luis Moneo, durante su actuación.

Hay señas claras de respeto y compromiso por el flamenco a la hora de confeccionar el cartel para un festival y de eso volvió a demostrar que sabe la peña El Duende del castillo de Castellar de la Frontera. Para la primera noche de su XXVI Luna Flamenca trajo hasta el escenario de la fortaleza medieval a Luis Moneo (Jerez, 1960) lo que ya dice mucho en favor de los impulsores de una cita marcada inexcusablemente en rojo en el calendario jondo veraniego del Campo de Gibraltar.

No debió ser fácil la decisión de este artista jerezano de pasar de cantar para bailar a hacerlo alante. Luis, hermano de Juan Moneo El Torta y del recientemente desaparecido Manuel Moneo, pertenece a una dinastía flamenca irrepetible y cuya trayectoria está inscrita con letras mayúsculas en la historia del flamenco. Como ahora está de moda decir: responsabilidad no, lo siguiente.

Él, como volvió a demostrar en la noche del viernes en Castellar viejo, es un más que digno continuador de una casa memorable. Suena a Juan y a Manuel, pero no es ninguno de los dos. Es él mismo de forma muy marcada. Hizo bien todos los cantes y brilló especialmente en la soleá por bulería en un recital en el que pudo expresar la riqueza, personalidad y potencia de su voz. Muy bien acompañado a la guitarra por su hijo Juan Manuel, llenó las tablas con su compás innato y su musicalidad. Es el claro ejemplo de cantaor en indiscutible progresión y en una madurez esplendorosa que le toca disfrutar a él y a quienes tienen el privilegio de escucharlo.

El primer recital de esta XXVI Luna Flamenca tuvo tres partes bien diferenciadas y Luis Moneo no sólo sobresalió en la central sino que, en el final por bulerías, bailó junto a sobrina Gema en los últimos instantes de una noche para el recuerdo. Si a esto unimos que fue un notabilísimo tocaor no será difícil concluir que estamos ante un verdadero todo terreno de una música en la que nació, por la que vive y que es la principal seña de identidad cultural de Andalucía.

Una cita única

La plaza del Salvador del castillo, que acoge a unas doscientas personas en su coquetería de piedra, estuvo repleta como desde que fraguó -hace más de dos décadas- esta romántica y original idea de que el flamenco tenga su festival dentro de una fortaleza dos o tres noches de cada verano. Siempre hay un público heterogéneo: extranjeros y españoles residentes en las propias casas o en el hotel de este monumento y enamorados de este arte, aficionados clásicos de la comarca a la búsqueda de cante en vivo y, también, muchos veraneantes que dejan por unas horas sus residencias en Sotogrande o la Costa del Sol para vivir esta experiencia única. Esta cita la presentó de forma austera y acertada -como mandan los cánones- el periodista algecireño Juan León Moriche. Larga vida a la Luna Flamenca de Castellar.

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